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Prescripción ignorante

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Vivir la era de la información resulta positivo, pues tenemos la posibilidad de acercarnos al mundo de manera instantánea, lo cual significa para quien lo hace una forma de incrementar su capital cultural.

Sin embargo, también hay riesgos que si no contemplamos, nos harán caer en contradicciones y equivocaciones tan serias que, en casos extremos, pueden costar la vida.

Encontramos en Facebook, YouTube y otras redes sociales, una cantidad de información alarmante sobre supuestos “beneficios” para la salud.  Que si el agüita de limón con chía, que si el limón con bicarbonato en ayunas por las mañanas, que si la raíz del árbol del tule, que si la combinación de árnica con uña de gato, y demás recetas maravillosas para curarse de cualquier mal, casi como por arte de magia.

Nunca debemos tomar como verdad absoluta cualquier sugerencia o remedio que encontremos en redes; si bien nuestro país tiene una vasta variedad de hierbas medicinales (herencia de una tradición herbolaria ancestral) también lo es que se requiere de un conocimiento preciso para su prescripción efectiva.

El uso de remedios naturales es sumamente efectivo cuando existe un análisis y estudio preciso de la condición de salud de un paciente determinado, no obstante, siempre será mejor acudir a una consulta médica para evaluar el tipo de tratamiento a la que una persona debe someterse.

Quiero dejar en claro que no es que me oponga al uso de estos remedios, por el contrario, me parece que lo natural siempre ofrecerá menos daños colaterales que la medicina alópata; el punto es la terrible ignorancia con la que muchas personas que reciben por accidente un correo, un whats o un video, estén convencidos de que eso resulta una panacea para curar incluso en cáncer.

Información es poder, versa el adagio; luego entonces, se trata de investigar o preguntar con el especialista si aquello que hemos leído o visto es cierto.

A cuantas personas conocemos que nos dan consejos sobre tal o cual menjurje, con la absoluta convicción de que eso es ley, que por un lado nos dicen que hacer, pero en la realidad no gozan de una salud plena.  Ahí uno se debe preguntar, si eso que recomiendan es tan maravilloso, ¿por qué no está sano o sana?  Por mis rumbos a eso se le llama incongruencia.

Además, si uno se atreve a disentir o cuestionar el dicho, se nos tacha de necios (sic) o imprudentes (doble sic).   ¿No es eso un absurdo?

¿En dónde quedan los años de estudio de médicos, médicos homeópatas, enfermeras, profesionales de la salud, que se han quemado pestañas para salvaguardar la salud de la raza humana?

Es un asunto de educación y formación, hay que tener evidencia concreta de que esos remedios funcionan, caso contrario, ¿para qué arriesgarse?

Bueno, eso pienso yo.