PRIMERO YO

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Mucho se habla de la necesidad de estar con los hijos para asegurar cierto grado
de supervisión que aminore los riesgos que se corren en un país como el nuestro,
en el cual cada vez más escuchamos y leemos sobre las consecuencias de niños
y jóvenes con mala o nula dirección.
El esfuerzo de algunas instituciones educativas por tratar de involucrar, un poco
más, a los padres en las tareas cotidianas, queda opacado por las conductas de
éstos, que lejos de generar lazos firmes, acaban por simular que son los padres
ejemplares que la sociedad quiere ver, mientras que en los hechos llegan al
abandono de sus responsabilidades mínimas, por diversas causas.
Esto a colación porque en un restaurante, testimonié, con incredulidad, que en una
mesa cercana, un joven matrimonio con dos hijos pequeños, estaba preparándose
para ordenar, pero con una peculiaridad; ambos adultos estaban metidos de lleno
en sus celulares, sin siquiera hablar entre ellos. Ambos progenitores con los ojos
clavados al cien por ciento en sus interesantes conversaciones electrónicas.
¿Le ponemos algo de dramatismo al asunto?, el más grande de los pequeños
(unos tres años) jugaba a un costado de la mesa, y tras algunos minutos, acabó
por darse tremendo golpe en la cabeza. La madre, lejos de verificar cómo estaba
su hijo, le pegó tremendo grito con un contundente ¡Por qué no te fijas! El padre,
simplemente observó la escena, sin decir una sola palabra para continuar en su
importante teléfono.
El otro asunto que vi, una madre y dos hijos más grandes que los anteriores que,
probablemente por el implacable calor que hacía, pidieron una jarra de agua de
sabor para paliar la sed. La sorpresa viene porque cuando dicho líquido llegó, la
primera en servirse y succionar cual aspiradora el vaso, fue la dama, sin tener un
poco de consideración con sus propios hijos. ¿No se supone que primero deben
ser los hijos?
Aclaro, es evidente que también tiene el derecho o necesidad de beber, lo que me
parece turbador es que no haya existido la conciencia de, por lo menos, servir un
vaso a cada uno antes de arrasar con el propio. Al final del camino, se sirvió un
par de veces más antes de compartir con sus herederos.

Horrores Educativos (David Alejandro Díaz Méndez) 296 (Abril 25, 2019)
De ese tamaño es nuestra irracionalidad y egoísmo; algunas posturas modernas
hablan de dar libertad a los hijos, lo cual me parece pertinente, pero esta debe ir
acompañada del cuidado y compromiso para dar una directriz positiva.
Luego nos quejamos porque esos mismos seres humanos, cuando crecen, no se
comprometen con nadie. Citando a los clásicos, ¿de dónde sacan otro patrón?
Muchos adultos seguimos en la postura del primero yo, luego yo y al final, por
supuesto yo.
Así, no esperemos ver frutos positivos en el futuro.

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