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¿Qué esperábamos?

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Lo que están viviendo en Jardines de Morelos, Ecatepec, sobrepasa cualquier guion cinematográfico del tipo gore; Juan Carlos “N”, se ha ganado a pulso el mote del “Monstruo de Ecatepec”.

Entre sus “linduras”, el asesinato de por lo menos 20 mujeres, y mucho me temo que eso es sólo la punta del iceberg; conforme avancen las investigaciones, seguramente encontraremos muchas más cosas de miedo.

Como suele suceder con nuestro sistema de justicia (ya que), se “filtró” un interrogatorio que le hacen, y lo que deriva de él, resulta Dantesco: “lo que hago está bien, patrón, porque estoy limpiando el mundo nada más de porquería”, “Prefiero que mis perritos se coman su carne a que me sigan robando mi oxígeno o sigan caminando en las calles”, “si libro ésta, seguiré matando mujeres”.

Pero las que deben hacernos reflexionar más son aquellas en las que refiere a su madre, “de niño, tenía yo como 10 años, mi mamá me encargaba con una mujer para poder irse de puta”, refiere, “y yo viendo todo. Pero dije: Ni una pinche vieja me va a traer cortito, jamás”.

¿De verdad no somos conscientes del daño que podemos causar a los hijos?, es claro que en este caso se conjuntan una serie de desatinos que acabaron con este perfil: antisocial, resentido, con una mente pervertida por una interpretación del mundo equivocada.

Hoy día, muchas “madres” siguen encargando a sus hijos con quien pueden, y no siempre por cuestiones laborales.  Damitas que no entienden su rol y no equilibran su vida social con su vida familiar; vuelvo a insistir en que un menor sin atención, sin cariño, sin guía, sin rumbo, corre un riesgo muy alto de acabar mal.  Algunos simplemente fallan escolarmente (que es doloroso), pero otros terminan en la cárcel o en algún cementerio.  Peor aún, lastiman a terceros por el puro placer de hacerlo.

Esto no mengua que seguramente hay una patología en este criminal, pues eso de deriva del resto del interrogatorio, el “Monstruo” tiene alguna problemática de orden psicológico o neurológico que nunca fue detectada.  Sé que él hubiera no existe, pero ¿eso no habría modificado la historia de vida del sujeto?

Seguimos sin encontrar un equilibrio social que fomente el bien hacer como sistema de interacción entre los seres humanos; las generaciones actuales de padres de familia (honrosas excepciones) asumen que “dejando ser”, sin límites, sin ejemplo, sin estar, las cosas se acomodan solas.

Y no solo es pagar o comprar; es atender y apoyar; no sólo es proveer, también es acompañar.

Con directrices así, relajadas, ¿Qué esperábamos? Al final del camino cada quién acaba por tener lo que merece.

Como sociedad, eso es lo que hemos construido y solapado. ¿Hasta cuándo tomaremos conciencia?

Bueno, eso pienso yo.