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¿Quedar bien?

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A cuantas personas conocemos que, pase lo que pase, hacen un esfuerzo supremo por mostrar al mundo que son “excelentes” en todos los ámbitos de su vida: como padres, como colaboradores, como profesionales, como lo que usted guste y mande.

Para ello, es común verles utilizar sus redes sociales con comentarios “pertinentes” que dan cuenta de su “compromiso” con todo y todos, quienes no les conocen a plenitud supondrían que se trata de seres humanos cuyo compromiso es excelso y más. Tristemente, en muchos casos descubriremos que, detrás de esos mensajes, se esconden muchas cosas que se contraponen a la imagen que quieren vender.

La necesidad de aprobación de los demás equivale a decir: “Lo que tú piensas de mi es más importante que la opinión que tengo de mí mismo”. Como bien afirma la psicología, la persona que quiere quedar bien con todos y que se niega a ser ella misma lo hace por falta de autoestima.

Un alto porcentaje de estas personas utiliza esta careta para esconder sus propias fallas personales, una de las más comunes vinculada directamente a la congruencia.  Dicen que son extraordinarios profesionales pero faltan, llegan tarde o no cumplen con sus tareas; aseguran que son personas solidarias, pero en su casa ni siquiera lavan los trastes que utilizan; presumen de su alto sentido social, pero jamás dicen gracias cuando alguien les apoya.

Dice el adagio, “el buen juez por su casa empieza”, y justamente esto es lo que no sucede con quienes buscan mostrarse como encarnaciones de la virtud en nuestro tiempo.

Considero que para verdaderamente quedar bien, tenemos que comenzar por hacerlo con nuestros cercanos, con quienes vivimos y convivimos todos los días, porque de nada sirve que afuera piensen (erróneamente) que soy un dechado de virtud, si en mi propio espacio no soy capaz de establecer un orden de funcionamiento.

Si abordamos el tema con mayor profundidad, caeremos en cuenta que estas personas no solo no quedarán bien con el paso del tiempo, sino que serán vistas en el mediano plazo como hipócritas.

Esto sucede, con base en un estudio de la Universidad de Yale, porque algunas personas tienden a percibirse desde una perspectiva muy limitada, y se definen a través de una serie de roles que desempeñan, de manera que piensan que son una “madre abnegada” o un “directivo de éxito”. El problema es que tener una definición de nosotros mismos tan limitada hace que seamos más inestables psicológicamente y nos impide lidiar con las contradicciones propias de la complejidad de la personalidad y el entorno.  Eso hace que nos creamos nuestros propios cuentos, situación no del todo positiva.

Quedemos bien donde debemos, eso sí tiene valor.