Raíces exquisitas

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Existen lugares profundos y lugares disueltos en pequeños momentos de nuestras vidas, este sitio que conocí me sorprendió y me llenó la mirada de lo que muchos no creen que los mexicanos tenemos, orgullo de nuestras raíces, y a decir verdad últimamente todo el mundo se solidariza con los problemas sociales que vivimos como país, pero pocas veces estás, de frente, para apoyar las cosas buenas que también suceden.

 

Conocí el trabajo de este mexicano a través de una plataforma de streaming muy popular, yo, una neófita en las vanguardias culinarias, ahí y de manera casual vi un capítulo en donde hablaba de sus trabajo y de su proyecto, mis ojos explotaban, y no sabía porqué, no soy buena en la cocina y poco me importa aprender, pero eso que vi, era algo diferente.

 

Enrique Olvera, nació en la ciudad de México, es un chef consagrado y con alto prestigio por sus restaurantes, ahora es el punto referente para la cocina mexicana de autor, pero más que otro por el PUJOL, su primer restaurante, ese coliseo que abrió sus puertas en el 2000, y actualmente considerado dentro de los mejores 50 del mundo y el segundo en nuestro país, no fui a comer, ni fui a probar, fui a vivir con la piel erizada una experiencia completa, tal cual me la contaron en la pantalla, y aunque por desgracia no se encontraba, su presencia era tan notoria como su esencia.

 

Perfección  y como bien dicen, el diablo en los detalles, así pintaba PUJOL, un espacio encuadrado por un huerto de especias frescas, un patio de degustación de postres y una barra negra con acentos traslucidos que olían a mezcal, el lugar te invitaba a respirar creatividad, pues lo que ha hecho este hombre es todo y nada, es blanco y negro, es eso mismo, la creación a partir de un hecho simple, a partir de productos locales y naturales, productos que, frente a nuestros ojos, se disfrazan de sagrados, pero para él, son las letras de la oración.

 

La iluminación elegante, el olor a cítricos, la elección de objetos, decoración, y esa presentación que peca de sensual y atrevida, es la respuesta a esa visita obligada de viajeros,  turistas y de la familia más cercana, que no sólo se enorgullece si no que nos invita a hacernos las preguntas irrevocables: ¿en que estaba pensando cuando tuvo que crear su menú?, ¿de dónde viene la inspiración a la hora de mezclar los ingredientes?, esas mismas preguntas que nos hacemos cuando vemos una pieza finamente iluminada en un museo,  un buena obra de teatro en el parque, un buen poema a la orilla de la hoja, es eso, eso que les pasa a las obras de arte, lo que nos hacen sentir, lo que vemos, lo que escuchamos y en este caso lo que probamos.

 

Ojalá nos diéramos un tiempo para consentir a nuestros sentidos y conocer lo que otros artistas están haciendo, ojalá fuera más sencillo entrar al juego de la sorpresa y de la intriga, dejarnos enamorar bien de un lugar, de una experiencia y de nuestra historia, que, aunque es otoño, aún está verde.

 

http://pujol.com.mx