Re-evolución del verbo

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¡Adelante! ¡Adelante! Nuestra autoridad es nuestra propia conciencia. Ella es la que nos empuja, ella es nuestro acicate. Somos esclavos, pero de nuestro deber.

Ricardo Flores Magón

 

El espíritu la de libertad hace que el ser humano se reconstruya, se edifique, se magnifique en su potencia creadora y que a través de ella: el hombre transcienda.

Fueron los hombres de la época de la reforma mexicana, hombres pares en la tribuna cuya lengua de fuego transformo generaciones, hombres forjados en la gallardía del verbo que disertaban con valor; panal de almas libres que encontraron su cauce en la palabra: palabra vocinglera que llevaba su sabia sanadora a los espíritus lastimados que deambulaban por la patria.

Titanes de la palabra que llevaron sobre sus hombros el peso de las necesidades mexicanas, que engrandecieron con su nombre las causas más justas del país, defendiendo ante el anhelo rapaz del extranjero la soberanía nacional, demostrando con talento sobre la tribuna y abajo de ella la legitimidad de un gobierno que transformo el rostro de la nación.

Fueron estos hombres los creadores de un Estado de Derecho, que impulsó leyes más equitativas y justas, leyes tatuadas en el espíritu de nuestra nación; pues solo al amparo de ley el hombre es realmente libre.

El tiempo eterno enamorado de la historia avanzó, y el polvo de la inconciencia anido en la mente de los libertadores; estos mutaron en gobernantes caciques del sistema que depositaron la palabra del pueblo en una jaula: jaula de ideas y de pasiones pero encerrada bajo el velo de un poder efímero. Y la palabra se convirtió, entonces, en arma poderosa en contra de quien ostentaba el poder al inicio del siglo XX; la voz del pueblo se revistió de oro y se convirtió en escudo poderoso contra los abusos del poder, forjando a la sazón la re-evolución del verbo.

La palabra llena de júbilo levantó luminarias que incendiaron la conciencia de los mexicanos, despertó de su letargo a los gigantes: mujeres y hombres grandes en estatura moral que abrieron sus labios para pronunciar verdades, para animar el espíritu abatido del pueblo mexicano; la palabra se vuelve ciclón y arranca la indiferencia y tartamudez de un país edificando colosalmente una antorcha centellante que libró batallas, pero encendió esperanza; esperanza por un México más democrático, un México con voz que debe ser escuchado por su gobierno; esperanza en la educación y la justicia social, un México revolucionario, México de constante evolución, que moldea su palabra para perpetuarla comprometiéndola con acciones de una realidad más justa.

Los hijos de la patria educaron su palabra, la fueron mitificando en caudales de esperanza, en llaves de redención del pueblo, y ahí en los anales de la historia se escuchó vibrar a los ideólogos de la revolución mexicana: los clubs liberales que edificaron la mente y construyen el campo de progreso del país, repitiendo a través del Partido Liberal Mexicano y su máximo representante, Ricardo Flores Magón: ¡Adelante! ¡Adelante!; como palabra taumaturga que embruja las conciencias y pide luchar desde la trinchera más serena hasta el pebetero de las entrañas mexicanas por las causas de igualdad y libertad.

Los espíritus consejeros del apóstol de la democracia, Francisco Ignacio Madero; las voces y las letras siempre combativas de los hermanos Flores Magón; la valentía hecha palabra en los hermanos mártires de la revolución, los hermanos Aquiles Serdán; los campos floridos de la palabra agraria en el caudillo del sur Emiliano Zapata, el nacionalismo orgulloso y siempre solidario del centauro del norte Francisco Doroteo Arango “Pancho Villa”; espíritu patriarcal y ordenado del jefe constitucionalista, Venustiano Carranza; custodio de la educación y el ánimo internacionalista del México de pregones líricos y discursos plagados de denuncia en Isidro Fabela Alfaro; congruencia en los labios proféticos de Belisario Domínguez Palencia al musitar: “libres por la palabra libre”; esa magnitud hombres y mujeres de bien construyeron la voz del pueblo, emanciparon del silencio el sentimiento de una Nación y lograron con sus actos darle un giro político, social y cultural al México de la evolución social.

Modelado en el corazón de la revolución, las palabras apoteósicas de Juan Sarabia, periodista revolucionario toman sentido; a proporción de síntesis del verbo mexicano su evolución durante la revolución: “Volvemos al combate como siempre hemos vuelto después de cada golpe: con nuestra fe agigantada, con nuestras esperanzas no marchitas y con nuestro espíritu templado por la adversidad y caldeado por el entusiasmo. La convicción de que cumplimos con un alto deber, sirviendo a nuestra patria, nos infunde ese entusiasmo vigorosamente, y si acaso sentimos una tristeza, es la de vivir alejados de la patria querida y separados de la comunión con nuestros hermanos de México. Pero ha sido preciso. La tiranía nos ha arrojado de nuestra patria obligándonos a buscar libertad en suelo extranjero. Cuatro años hemos luchado en México, cuatro años la tiranía nos ha vejado, nos ha despojado, nos ha oprimido, sujetándonos a procesos inicuos, amenazándonos con procedimientos brutales, arrastrándonos por cárceles civiles y prisiones militares, por penitenciarias y cuarteles”.