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Rebeldía y resistencia en el arte III: El 2 de octubre

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Haciendo un guiño a López Velarde, se puede decir que el 2 de octubre es la única fecha a la altura del arte. Bueno, hay otras como el 16 y el 19 de septiembre, o el 20 de noviembre, pero tal vez ninguna tan dolorosa como el 2 de octubre por el involucramiento de la juventud masacrada. Es así como esta fecha ha generado una gran cantidad de cultura y arte literario, audiovisual, teatral y plástico. Me ocuparé de este último.

 

Algunas exposiciones muestran la plástica del 68, sobre todo en la gráfica y la pintura. Si nos remontamos a ese año, este arte derivó de la gran fiesta que fue el movimiento antes del 2 de octubre en que las brigadas de activistas tenían no sólo a estudiantes que invitaban a otros a sumarse a la lucha, también a los repartidores de propaganda, a pintores de consignas y a los creativos que generaron la gráfica del movimiento (Juan Acha, Alberto Híjar, Grupo MIRA, No-Grupo, Germinal, SUMA, entre otros, así como la participación de alumnos de la Antigua Academia de San Carlos de la UNAM y la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda” del INBA).

 

Estos legaron un sinfín de expresiones que sobrevivieron a la represión y la censura, que permitieron fortalecer la voz de las protestas y dar cohesión al movimiento, y que ahora, felizmente, se observan en museos y galerías como parte del programa conmemorativo por el 50 aniversario del movimiento del 68.

 

En el Museo Universitario Arte Contemporáneo de la UNAM se presenta la exposición “Gráfica del 68. Imágenes rotundas”, con el acervo del MUAC proveniente de aquella época, especialmente de la producción del Grupo MIRA (que luego fue donado por Arnulfo Aquino). La exposición contiene imágenes en movimiento; impresos en mimeógrafos, esténciles, planchas, prensas y tórculos; y fotografías de autoría anónima y a la vez colectiva, pues los créditos no servían para enaltecer el ego de alguien sino para llamar a la movilización.

Entre las obras podemos apreciar temas clásicos como los vituperios a Díaz Ordaz, a los granaderos (representados como gorilas) y al ejército; la exigencia de libertad para los presos políticos; y a figuras icónicas como el Che Guevara (por las que acusaron al movimiento de recibir influencia comunista del exterior) y la paloma de paz herida por una bayoneta; y hasta música de la época en acetato (Los Hitters, Los Johny Jets y otros) para ambientar la muestra curada por Alejandro Magallanes quien participa con su propia propuesta plástica.

 

Por otra parte, en el Salón de la Plástica Mexicana se presenta una “Exposición Colectiva de Artistas”, la cual abre con la también clásica “Libertad de expresión” (1954) de Adolfo Mexiac (uno de los participantes en el mural efímero hecho en el 68 en Ciudad Universitaria por José Luis Cuevas, Fanny Rabel, Manuel Felguérez. Francisco Icaza, Electa Arenal y otros), así como obras facturadas por alumnos de la Antigua Academia de San Carlos. En esta muestra conviven objetos del pasado con nuevas propuestas plásticas, y aunque el material gráfico que presenta sobre el 68 es de calidad, en cantidad ciertamente no rivaliza con el presentado por el MUAC-UNAM.

 

Pero lo más interesante reside en las nuevas propuestas de artistas plásticos ya que el paso del tiempo les ha permitido reflexionar, reconceptualizar y madurar el arte del 68. Olivia Guzmán presenta una escultura en bronce accidentado que recuerda a los caídos en la Plaza de las Tres Culturas; Silvia Barbescu expone con técnica mixta su “País de ficción” (2010), con flores y granaderos, hojas y gente anónima huyendo de algo; Froylán Ruiz presenta el óleo “Morir en México”, cuadro con manchas de sangre junto a la bandera patria; Antonio Díaz Cortés muestra su técnica mixta “Tlatelolco 1968”, como recordatorio de que la represión sucedió en ese lugar; con madera y resina, Salvador Pizarro presenta “Ni perdón no olvido III” (2018), dos inmensos números “6” y “8” con los colores de la bandera y calaveras incrustadas.

 

Además, Sikuame presenta su composición “Dulcemente a solas me miento la madre. Efraín Huerta” (1982), con frases del 68; Roavi una instalación de soldaditos de plástico (como los que antaño comprábamos en la Alameda de Toluca) rodeando un puñado de personas también de plástico y el suelo con manchas de sangre; una video instalación de Bruno Bresani alusiva a los desaparecidos: “25MIL”; la pintura “Mataron a las palomas” (2018) de Aurea Aguilar; de Julio Carrasco Bretón “El tumulto”, óleo que recuerda el “Guernica” de Picasso; de Abel Ramírez la escultura “Estudiante de Tlatelolco, noche trágica”, busto de arcilla petrificada con agujeros de bala; y el inquietante aguafuerte “Dormitorio en la cárcel de mujeres” de Rina Lazo.

No puede faltar la exposición permanente remodelada “Memorial 68” del Centro Cultural Universitario Tlatelolco; además, este Centro Cultural cuenta con el repositorio digital “Colección M68: Ciudadanías en movimiento”, de consulta abierta y con información sobre movimientos sociales. Mientras que la Fundación Elena Poniatowska presenta la expo-venta “Una mirada al 68. 29 maneras de verlo”, en la que exponen el mismo número de artistas entre los que se incluyen la misma Rina Lazo y Pedro Friedeberg, participantes en el movimiento, así como Alberto Castro Leñero y Lourdes Grobet, entre otros.

 

En fin, este mes de octubre hay mucho que ver respecto al movimiento del 68, pero es una lástima que haya que trasladarse a la CDMX para verlo. Cuando pregunto a personas con la edad suficiente, todos responden que en Toluca no pasó nada, que los estudiantes siempre han sido pasivos y controlados por las autoridades universitarias que han logrado adormecer todo sentido de rebeldía y contestatario. A juzgar por mi propia experiencia, creo que no les falta razón, aunque debo reconocer que esta situación ha cambiado, pues los estudiantes se involucran más en manifestaciones y protestas. No obstante, hace falta construir la memoria del 68 en Toluca y en el Estado de México.