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Rebeldía y resistencia en el arte IV: Sueño de Solentiname

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Entre las décadas de 1960 y 1980, Centroamérica fue un referente mundial de inestabilidad por la actividad de grupos guerrilleros: el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, en El Salvador; el Frente Sandinista de Liberación Nacional, en Nicaragua; y el Ejército Guerrillero de los Pobres, en Guatemala, que combatían a los ejércitos regulares y paramilitares de los dictadores Carlos Humberto Romero, en El Salvador; Anastacio Somoza, en Nicaragua y Efraín Ríos Montt en Guatemala. Las guerras civiles en esos países tuvieron gran impacto en la sociedad y la cultura centroamericana de su tiempo.

 

En este contexto, en 1965, en plena dictadura somocista en Nicaragua, el poeta Ernesto Cardenal fundó en una región, al sur de ese país, el movimiento utópico, político, espiritual y artístico llamado Solentiname (del náhuatl Celentinametl, lugar de hospedaje), el cual puso en práctica la relación entre estética y política con fundamento en el arte, la justicia social y la teología de la liberación, en la Centroamérica convulsa de aquella época. Especialmente la pintura se convirtió en una forma de expresión política, subsistencia económica y estilo de vida para los artistas que la practicaron, que además eran visitados por otros artistas como el chileno Juan Downey o el escritor argentino Julio Cortázar (que luego escribió “Apocalipsis de Solentiname” en 1977), además de que tuvo gran impacto en artistas de Nueva York de los años 80.

 

Solentiname jugó un papel importante en la revolución y la guerrilla sandinista que derrocó a Somoza en 1979. Dos años antes, el régimen somocista había destruido a la comunidad Solentiname, pero la influencia de Ernesto Cardenal continuó durante el régimen sandinista, pues fue designado Ministro de Cultura. Luego de su incursión burocrática, Cardenal siguió siendo luchador social y su experiencia comunitaria se convirtió en materia de exposición de museos.

 

Antes de estar en el Museo Jumex de la Ciudad de México en los primeros meses del año, “Sueño de Solentiname se exhibió en la 80WSE Gallery de Nueva York. Contiene carteles propagandísticos de protesta de Nicaragua, El Salvador y Guatemala, pues la comunidad tuvo influencia en toda la región. También tuvo una curiosa y colorida instalación planeada por el mismo Cardenal, de plantas y animales centroamericanos hechos de madera.

 

Pero lo más curioso de la exposición fueron las pinturas naif con el tema que llamo “la Pasión de Cristo Tropicalizada” o “Centroamericanizada”, las cuales contienen escenas de la vida del mesías contextualizadas en el contexto de las guerrillas de la época. Por ejemplo, “La traición” (1975) y “El degollamiento de Juan el Bautista” (1981) de Esperanza Guevara; “La matanza de los inocentes” (1984) y “Muerte de Jesús” (1984) de Julia Chavarría; “Jesús expulsa a los mercaderes del templo” (1981) de Mariíta Guevara; “Jesús ante Pilato” (1984) de Pablo Mayorga; y “Jesús es depositado en la tumba” (1984) de Olivia Silva.

 

La exposición culminó con información sobre 47 intervenciones e invasiones militares de Estados Unidos en Latinoamérica, desde la invasión a Uruguay en 1868 hasta la invasión de Grenada en 1983, dando como resultado 115 años de intromisiones imperialistas (y eso que, por la curaduría de la muestra, no se incluyeron otras como la invasión a Panamá de 1989, el “Plan Colombia” del año 2000, el intento de golpe de Estado en Venezuela en 2002 o las recientes bravatas del presidente “cabellos de elote” Donald Trump).

 

La mayor ironía que refleja esta muestra es que esos movimientos, tanto guerrilleros como culturales que en su día lucharon contra terribles dictaduras, tienen hoy una inusitada vigencia, especialmente contra la dictadura que lamentablemente ha establecido el sandinista Daniel Ortega en Nicaragua. Es terrible que la historia se repita y no hayan aprendido nada de ella.

 

En fin, con Sueño de Solentiname termino la serie de reseñas de exposiciones con temas de resistencia y rebeldía que se presentaron durante este año 2018 y que mostraron el vínculo entre la protesta y la estética, además de ser parte de las conmemoraciones por el cincuentenario del icónico año 1968. Termino con un poema de Iván Guevara, miembro de esta comunidad:

 

EN SOLENTINAME

 

Todo quedó allá en Solentiname: el lago las

islas la iglesia donde nos reuníamos todos

los domingos, los árboles de aguacate que

están junto a la plaza donde jugábamos fútbol,

las tardes con el lago calmo o levemente

interrumpido por algún aletazo de un tiburón

o de un güis que se baña, las noches de luna

cuando jugábamos o bailábamos con las hermanas

de la Nubia, y mi guitarra con que tocaba y cantaba

algunas canciones de Silvio Rodríguez

o de Carlos Mejía.

Ya no volveremos a ver a Ernesto bajar de

su casa al muelle con el maletín su capote el

sombrero y algún libro en la mano para ir

a celebrar misa a Papaturro.

 

Nota bene: En México, las guerras civiles centroamericanas también crearon cierta cultura durante los 70 y los 80. Muchos mexicanos apoyaron a las guerrillas distribuyendo revistas consideradas subversivas como ¡Por esto!, manteniendo un aspecto “guerrillero” con el uso de boinas tipo “Ché Guevara” y accesorios con consignas y protestas, e incluso recaudando fondos para, supuestamente, enviar dinero a las guerrillas (en Toluca recuerdo a un tipo con esa pinta, de lentes, que estafaba jovencitas y que, al parecer, aún vende pins en los Portales; conozco a otros que aún son adoradores de esos movimientos y guerrillas, pero desafortunadamente no puedo decir sus nombres…).