Reencuentro apoteósico con la leyenda de la Bruja Cósmica

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En el escenario hago el amor con vinticinco mil personas,

y luego me voy a casa sola.

Janis Joplin

 

Justamente este viernes pasado me encontraba revisando y escuchando lo que un servidor tenía en turno en la memoria del celular. Como siempre haciendo honor del siempre perspicaz aleatorio. La sorpresa que me lleve es que comencé a escuchar después de unos segundos de espera la indiscutible rola Piece of my heart que fuera escrita por Jerry Ragovoy y Bert Berns y además fue grabada por primera vez por Erma Franklin, claro está la hermana de la legendaria Aretha. Sin duda era la voz de La Bruja Cósmica, era aquella voz única y desgarradora raptada del blues, que siempre le cantó a la soledad y al desamor y que transportaba también a su manera magistral y rebelde se actuar en el escenario.

 

En aquella transportación pensé, no hay casualidades, así es que miré el calendario y por supuesto tras un chasquido de dedos caí en que era cuatro de octubre. Tal vez, sólo tal vez, me había adelantado un año, pero ya descubriré por qué. Y es que justamente al encender su voz coincidía con que un día como este viernes pasado, pero de hace cuarenta y nueve años Janis Joplin dejó de existir convirtiéndose en una leyenda además de ser parte ya del selecto club de los 27, justamente al momento en que fue encontrada sin vida tras una sobredosis de heroína.

 

Este mítico club fue fundado por el cantante de blues Robert Johnson, después se adhirió Brian Jones seguido de Jimi Hendrix, Janis Joplin y Jim Morrison. Más tarde se fueron sumando otros como Amy Winehouse, así como el polémico ingreso de Kurt Cobain. Por cierto, el sobrenombre de la Bruja Cósmica, proviene de esa forma mágica de cantar, por el hecho de ser una mujer blanca que cantaba blues como toda una dama de raza negra, y también en honor al nombre de su segunda banda Kozmic Blues Band.

 

Así es que la también llamada La Dama Blanca del Blues fue de la mano de Big Brother and the Holding Company, Kozmic Blues Band y Full Tilt Boogie Band; subió a la cima musical donde se mantenía con una sed de fama ascendente que se acompañaba de amoríos, drogas y excesos. Sin embargo, en cada canción que interpretaba ocurría algo excepcional. Por ejemplo, se fusionaba la compenetración y la pasión de conexión con sus seguidores con la tristeza y angustia que le causaron el rechazo social y sus conflictos amorosos. Había pues un vacío que sólo era llenado cuando se subía al escenario deslumbrando a todos los asistentes con aquella voz desquebrajada, carrasposa y muy potente que la caracterizó siempre en la creación de una armonía de mente y corazón, mientras se fue convirtiendo en un ícono de cientos de miles de jóvenes que se integraban en estas propuestas musicales así como en el movimiento pacifista en contra de la intervención de Estados Unidos a través de la guerra de Vietnam, todo esto en el contexto de una rebelión contra los valores de los vencedores. Movimiento que, sin duda, hizo trizas el orden moral de la sociedad estadounidense que se estableció después de la Segunda Guerra Mundial.

 

Me viene a la mente uno de los espectáculos donde sin duda Janis fue uno de los elementos que marcó la diferencia. Me refiero al gigante festival de Woodstock en 1969, que celebraba cincuenta años. Ahí junto con su The Kozmic Blues Band y al lado de otros gigantes como Jimi Hendrix, Joe Cocker, Tbe Who y Johnny Winter, hizo historia en este importante escenario donde con gran pasión desolada hipnotizó al auditorio con su mítica brujería. Al momento de su muerte se  encontraba grabando su disco Pearl en el que sobresale el single cantado a capella Mercedes Benz, la última canción que grabó, también se incluye la rola que tal vez, sólo tal vez, es su mejor interpretación en cuanto a popularidad Me and Bobby Mc Gee. En este reencuentro me quedó claro que Janis sigue siendo una influencia en el arte de la interpretación y de las emociones encontradas. De la euforia y la alegría que traslada al desconsuelo y la melancolía y con un simple parafraseo envuelve en un licuado de dopamina, serotonina, oxitocina, adrenalina y algo más, algo que solamente un ser fuera de esta tierra puede lograr.

 

Sin duda es enorme el legado que ha dejado la Bruja Cósmica, las huellas evidentes que dejó marcadas, por ejemplo en artistas de la talla de Joan Jett, o inclusive la inigualable Amy Winehouse quien en su momento pasara también a formar parte del Club de los 27. Que decir de la importancia que tuvo para la inspiración de Steve Nicks de Fletwood Mac de Cyndi  Lauper. Se dice también, que su encanto brujeríl no sólo encantaba a mujeres, uno que otro hombre desearía ser ella, como por ejemplo y sólo tal vez, el mismísimo Robert Plant, dado que ser Janis va mucho más allá de los lentes, el cabello enmarañado y la ropa de libertad. En la actualidad también veremos sus pasos marcados por ejemplo en Joss Stone, Florence + The Machíne o Melissa Etheridge. Así es que Janis será siempre ese ser cósmico de voz potente y única que nunca se apagará ni se repetirá al paso de los años, esa voz que llenó de libertad con su rebeldía, pasión y potencia  a cientos de miles de personas.

 

Voy a terminar esta efímera plática con una mención a la creación de la rola Mercedes Benz, de la cual nuestra extraordinaria Dama Blanca del Blues es coautora. Laura Joplin, su hermana, contaba al mundo que para Janis el alcohol era insuficiente, pues decía que no le permitía trabajar. Estaba en Nueva York para actuar en el Capitol Theatre, así es que antes del concierto estaba con su amigo y compositor Bob Neuwirth y con los actores Rip Torn y Geraldine Page, se encontraban reunidos en un bar, así es que tras unas cuantas copas, Janis comenzó a probar ideas a partir de él verso de un poema de Michael McClure, en él le pedía a Dios que le comprara un Mercedes Benz, así es que comenzó a improvisar una letra mientras cantaba y Bob anotaba en unas servilletas  intercalando a su vez algún verso de su pluma. Apenas treinta minutos más tarde, Joplin estrenó esa canción sobre el escenario. Así es más o menos como lo contó Marc Myers en su Anatomía de la canción…  en donde nos relata cuarenta y cinco historias.

La volvió a cantar en las sesiones de la grabación de Pearl y ya no la volvió a cantar jamás, pero prevalece en la eternidad y aún escucho libremente el eco del Capitol Theatre, tres días después la Dama Blanca del Blues falleció de una sobredosis de heroína y ahí quedó grabada para siempre aquella voz que llenó a tantos de libertad.