REFLEXIÓN EN ÉPOCA DE #COVID19

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Estimado lector, es normal que los seres humanos experimentemos miedo, pero es más importante lo que determinemos hacer con él, pese a la información que circula en los diversos medios y lo que estemos enfrentando día a día, dicta a tu corazón  a que resista a este sentimiento, que se ha exponenciando hace algunos días que  entramos en una contingencia sanitaria respecto a los sucesos globales de los Coronavirus indicando comportamientos que serán indicativos de nuestro sentido de responsabilidad ante la situación que estamos experimentando como pandemia.

Parece sorprendente, aunque sí, una epidemia podría ser el factor que despierte la conciencia humana a sus responsabilidades y su papel con respecto a la vida en este planeta. Desde hace demasiado tiempo estamos hablando, manteniendo reuniones con líderes de opinión y políticos haciendo declaraciones para obtener consecuencias prácticas, eligiendo más días para nuestro planeta, aún sin mucho resultado.

Hoy estamos en un fenómeno interesante en donde los jóvenes nos hemos convertido en un símbolo de la toma de conciencia y de la acción, de hecho, nosotros las generaciones jóvenes heredaremos el planeta en las próximas décadas y es por eso que estamos en más condiciones de realmente dar un nuevo impulso innovador.

Todas y todos como ciudadanos debemos ser fuente primaria de ayuda, solidaridad, tolerancia y comprensión, mediante una conciencia de en lo más sagrado de nuestras vidas. Consolados por medio de la compasión y amor por los demás hacia uno mismo, a nuestros semejantes, a la vida de donde quiera que proceda y a nuestro planeta.

El Coronavirus paradójicamente está despertando sensibilidad, toma de conciencia. Ciertamente muchas personas están asustadas y, por desgracia, muchas pasan en transición de una manera muy triste, pues aquellos infectados que se enferman gravemente no llegan al último momento de su vida consolados por las caricias, los abrazos, los susurros de las palabras de afecto por sus seres queridos, sino se acercan aislados al instante final de su propia existencia.

No debemos olvidar, sin embrago, que en muchos lugares de este pequeño gran planeta hay seres que sufren de forma indescriptible. Por ejemplo, el virus Ébola en el Congo o el paludismo en ciertos países africanos. También las guerras religiosas, el terrorismo, las hambrunas y pobreza obligan a miles de personas a huir e emigrar a las fronteras de donde luego son violentados sus Derechos Humanos.

Este periodo histórico sin duda será recordado por este virus, pero lo importante será que sigamos con nuestra propia historia frente a las velas encendidas ya que somos la expresión de lo divino, toda la vida lo es. La vitalidad y la conciencia que fluyen en ti son la vitalidad y la conciencia de Dios, que impregna todo el universo. El propósito del ser humano es convertirse en un testigo viviente de esta verdad. No mañana, no en un futuro lejano, si no aquí y ahora. No aplaces hasta mañana lo que puedes cumplir ahora.

Finalmente, el aquí y ahora, hay que difundir la vida de nuestro planeta mediante la conciencia del vínculo íntimo y real que existe entre todas las formas vivientes y el medio ambiente. Que la belleza de la creación anime a todo hombre y mujer a actuar, en armonía con los dictados de la forma más elevada posible de conciencia, para el bien de la vida.

Que en estos días de incertidumbre tu certeza se encuentre El Señor. Mis mejores deseos de paz y salud en estas fechas de #QuedateEnCasa a causa de la #cuarentena #COVID19