Renovación bajo las Torres

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La Puerta Tolotzin fue aquel monumento construido e inaugurado en 1986, durante las administraciones de dos gobernadores de nombre Alfredo: del Mazo González (1981-1986) y Baranda García (1986-1987). Ocupó un predio en Paseo Tollocan que recibía a quienes entraban a Toluca por esa vía. Eran esas estructuras de concreto de entre 30 y 40 metros de altura, una especie de cuernos doblados de manera irregular que, vistos desde distintos ángulos, intentaban generar una representación abstracta del dios Tolo.

 

Ese monumento que los toluqueños apodaron los dinosaurios o las jirafas perduró por casi un cuarto de siglo, hasta que en 2009 fue demolido para dar paso a las Torres Bicentenario. No obstante, el túnel que pasa por debajo de ese solar sigue siendo conocido como Puerta Tolotzin.

 

A su vez, las Torres Bicentenario fueron inauguradas en el año 2010 por el gobernador Enrique Peña Nieto, con motivo de las fiestas por los 200 años de la gesta independiente. Son dos torres entrelazadas, metálicas y recubiertas de acero inoxidable, de diseño contemporáneo y elevadas a 65 metros de altura.

 

Debajo de las Torres, Peña inauguró también un museo de corte histórico, acorde a los tiempos de aquella celebración, cuya museografía exponía piezas provenientes del acervo gubernamental de otros museos y que narraban el devenir mexiquense, desde la época novohispana hasta nuestros días. Pero el discurso de ese museo se agotó rápido y encima no presentaba piezas atractivas, a pesar de contar con un gabán con el nombre bordado de Morelos y la reja de la cárcel de Tejupilco donde estuvo presa Leona Vicario.

 

Casi una década duró este recinto, hasta que el año pasado la Secretaría de Cultura estatal lo cerró definitivamente para remodelar el lugar, de manera que el pasado 9 de enero, el gobernador Alfredo del Mazo Maza inauguró en su lugar el nuevo Museo Galería Arte Mexiquense, un giro afortunado e interesante para éste que, a partir de ese momento, se convierte en un espacio más para que los artistas en la línea del arte moderno y contemporáneo, no sólo puedan exponer sus creaciones, también ofrecerlas en venta.

 

Para la inauguración se presenta la muestra Multiversos de papel de Sergio López Orozco (CDMX, 1946), vecino nuestro de Valle de Bravo. Vivió su juventud durante la convulsa década de 1960 en la que abrevó de movimientos rupturistas que iniciaron una nueva concepción del arte, con prácticas estéticas y procesos de producción innovadores, así como públicos más participativos y abiertos a las expresiones, misma que  se conoce como arte expandido.

 

Como seguidor de esta corriente, aunado a su formación tradicional adquirida en la antigua Academia de San Carlos, López Orozco se convierte en un artista que combina magistralmente pintura y escultura, pero lo más valioso es su Paper art o Arte en papel, mediante el cual se transforma en un artesano que crea sus propios pre-papeles y papeles con técnicas de papiros, amates y otros pliegos, adquiridas en México y en países como Japón, Egipto y Hawai.

 

Con su Arte en papel, López Orozco crea innumerables expresiones pictóricas, además de esculturas y texturas multicromáticas que se pueden admirar en la exposición, elaboradas para la serie Dermogeografía, variaciones sobre temas similares mediante las cuales el artista representa pieles que reflejan multiversos imaginados que, si bien se inspiran en imágenes de mapas antiguos, fotografías del Universo de la NASA y en sus propios viajes (Sri Lanka), a veces recuerdan también a los textiles mexicanos (tal vez retazos de sarapes) o medio orientales (tal vez retazos de tapetes y alfombras).

 

En algún punto de la exposición, papiros y amates ceden su lugar a otras creaciones del autor con papeles más convencionales, en las que muestra su vena vanguardista integrada por trazos, líneas y círculos que recuerdan al expresionismo puente de Kandinsky y al surrealismo de Miró y Calder.

 

Además, el museo-galería echó la casa por la ventana ya que sometió a las obras de López Orozco a un diálogo con creaciones de otros artistas, verdaderas joyas del acervo del gobierno estatal, como las xilografías del recientemente fallecido Francisco Toledo; los monotipos de Arturo Hinojos e Iola Benton; los aguafuertes, aguatintas y litografías de Gabriel Macotela, Luis López Loza, Nunik Sauret y el holandés Jan Hendrix (a quien vimos hace poco en el Museo Universitario Arte Contemporáneo de la UNAM); un dibujo del fallecido Gilberto Aceves Navarro (su última muestra estuvo en el Museo de la CDMX); y algunas de las tantas serigrafías México bajo la lluvia de Vicente Rojo (recientemente apreciamos un par de ellas en el Museo del Estanquillo).

 

Pero no me crean y mejor visiten la muestra de este artista de talla mundial que ha expuesto en museos y galerías de los Estados Unidos, Brasil, Holanda, Indonesia, Japón, Francia, Alemania, Nepal, Perú y por supuesto México, y que además cuenta con excelentes explicaciones de Blanca González Rosas.

 

Pero las sorpresas no terminan allí. En otra área del Museo Galería podemos apreciar Viento a favor. Mujeres artistas del Estado de México, con hermosas esculturas de Cecilia Vélez (mismas que recientemente pudimos admirar en una galería de Valle de Bravo); pinturas abstractas de Irma Obregón, Gabriela Naumann y Ana Mena; un políptico de retratos anónimos de Axa Montero; una instalación en porcelana, madera y cerámica de Dorotea Prieto; así como expresiones pictóricas simbolistas de Laura Contreras Martínez.

 

Pero mis obras preferidas son de Larissa Barrera y Verónica Consuelo. La primera muestra diversos trabajos de carboncillo y óleo que recuerdan aquellos dramáticos escenarios naturales y campiranos del francés Vlaminck en su pintura prefauvista. La segunda presenta, a través de temples al huevo, desgarradores paisajes actuales que pueden calificarse de transmodernos, en los que destaca la inmensidad del Bosque de Chapultepec y la pequeñez de su Castillo, además de grandes rascacielos y un atisbo de polución de la CDMX; un lote baldío anegado con pared de tabicón grafiteada, rematada con alambre de púas; un terreno yermo y el inicio de la construcción del Tren México-Toluca, fallida obra del sexenio peñista que hoy domina el escenario en Avenida Las Torres de Toluca; y una sorprendente vista desde el paseo Matlatzincas, valioso y postrer testimonio de la Toluca de nuestros días.

 

Como cereza en el pastel, en el Museo Galería abrió sus puertas la Librería Castálida, con obras del Fondo Editorial Estado de México (FOEM), así como una tienda de artesanías. En fin, este es el nuevo recinto para disfrutar buen arte sin salir de la ciudad. Ojalá se mantenga así por mucho tiempo.