Rigonato

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Rigonato se entretenía balbuceando con su sonaja, mientras su madre estaba frente al espejo cepillando su cabello. Estaba consciente que de un tiempo para acá, se había hecho un nudo en la vida. Sus pensamientos eran confusiones agridulces que se mezclaban con el fluido blanco que salía de su pecho.

El cuerpo le pesaba como nunca, se miró la curva que dividía su abdomen, se exploró una y otra vez y jamás se había sentido tan oscura. Estaban sus ojos grises perdidos entre ojeras.

Las cerdas se deslizaban suaves, sin prisa, se detenían a desenredar los nudos en los que se atoraban. No sabe cuánto tiempo estuvo frente al espejo en camisón sumergida en esa dinámica.

Pero se le pusieron los ojos larguísimos como de telescopio al revés. Suspiró abatida. Rigonato lloraba. Lentamente dejó el cepillo, tomó la almohada… Pasaron varios minutos. Rigonato dejó de llorar.