Sentido y solidaridad

Views: 370

En la búsqueda de sentido y solidaridad, es importante organizar acciones con los estudiantes, docentes y familiares de los alumnos, pero especialmente en los momentos de conflictos. Porque todos son parte de la comunidad educativa y todos pueden generar grandes cambios. Cuando se piensa en espacios para reflexionar y actuar con los estudiantes es importante tener en cuenta sus edades y necesidades. En los jóvenes puede ser más útil una asamblea ordenada en torno a preguntas claves y dividirlos en grupos de trabajo, pero con los más pequeños es importante no olvidar el impacto del juego libre.

A través de éste, los niños y niñas no sólo aprenden, también nos cuentan historias acerca de sus sentimientos, cómo perciben la realidad y cómo ayudarlos a comprender su entorno. De hecho, para organizar ideas se les puede pedir ayuda a los niños, niñas y jóvenes al preguntarles qué quieren hacer y sobre qué les gustaría hablar. Usar las redes sociales también es importante: las vivas y las sociales en línea, ahí se pueden encontrar muchas respuestas sobre lo que están viendo o buscando.

Sean adolescentes o niños, si aparece el llanto, tristeza, vergüenza, miedo, pena o sensación de peligro es primordial escuchar, acoger y acompañar. En ningún caso minimizar lo que están sintiendo. De ahí la importancia de dar espacios para expresarse y luego convertir lo conversado en propuestas de cambio a través de la solidaridad.

En este proceso es importante también informarlos con responsabilidad. Los estudiantes se dan cuenta de lo qué está pasando según su propio ritmo y edad. Entonces es importante aclararles dudas y explicarles para ayudarlos a entender y convertirlos en ciudadanos informados y responsables.

En situaciones de emergencia, cuidar a los profesores es tan importante como poner el foco en los estudiantes. De esa manera, los docentes también deben tener un espacio para encontrarse, escucharse y compartir sus preocupaciones y esperanzas en un clima de respeto, tolerancia y empatía. Colectivamente no sólo enfrentan el aislamiento, sino que también pueden construir juntos lazos y soluciones.

Cuando se considere este espacio, es importante tratar de organizarlo antes de hacerlo con los estudiantes, ya que así se puede hacer catarsis internamente y organizarse como equipo antes de la llegada y contención de los alumnos. Si no se puede realizar, es importante hacerlo lo más pronto posible.

A diferencia del encuentro con alumnos y padres, madres, apoderados o familia, el encuentro entre docentes también requiere organizarse en torno a ciertos temas prioritarios como el estado de cada estudiante y su familia. Indagar especialmente si alguno necesita ayuda y qué otros estudiantes o apoderados brindarán ayuda.

Cada profesor puede hacerse cargo de su curso, pero también es necesario pedir ayuda a los docentes que no tienen, siempre pensando en los niños más vulnerables. Quienes tienen alguna discapacidad, necesidad educativa especial, quienes viven en situación de pobreza, quienes tienen un diagnóstico psiquiátrico preexistente, quienes han sufrido la pérdida de un familiar en situaciones de emergencia o desastre y quienes han sido maltratados o vivido situaciones de violencia, son quienes más necesitan nuestra ayuda.

Es importante buscar y contactar a redes externas para pedir ayuda, pero también para ofrecerla. Si nos concentramos en el país que queremos construir, debemos pensar también en construirlo juntos.

Los padres, madres, apoderados y familias son los principales cuidadores de los estudiantes y, por eso, son quienes mejor pueden darles protección, consuelo y sensación de seguridad frente a todo lo que esté pasando. Por esta razón, no pueden quedar de lado.

Lo ideal es organizar una jornada de reflexión con ellos, aunque puede ser difícil por los horarios laborales o distintas responsabilidades. Si no es posible programar esa instancia, es necesario que los profesores estén siempre abiertos a escuchar sus preocupaciones, destacar que el jardín o la escuela es un lugar seguro para sus hijos o hijas y hacerlos partícipes de las acciones solidarias que la comunidad educativa organice.