SER ECOLOGISTA

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Los colectivos ecologistas y otros agentes, como algunos políticos (el Nobel de la Paz 2007, Al Gore o la gente de Equo) o actores como Leonardo DiCaprio, han conseguido que la ciudadanía casi mundial conozcan algunos de los problemas medioambientales y se preocupen por ellos: el CC, contaminación global, pérdida de bósques y de biodiversidad… Según esto, ¿podemos afirmar que todo el mundo es ecologista? No. Si miramos el estado de nuestro planeta y la inminente Gran Crisis vemos que no todo el mundo es ecologista.

SER ECOLOGISTA no es sentir que la Naturaleza requiere nuestro cuidado, ni clasificarse meticulosamente, y que es algo más que reciclar, algo más que indignarse ante los problemas de nuestro Planeta, algo más que conocer algo del problema… Ser ecologista ha de ser un sentimiento personal, profundo, que influye en nuestro aspecto y actitud hacia el exterior y hacia el interior. Probablemente, uno de los que mejor han expresado el sentimiento ecologista haya sido Joaquín Araújo en su «Ecos… lógicos, para Entender la Ecología» (libro muy recomendable, del que puedes, al menos, leer gratis un resumen).

 

Teniendo un poco de ese sentimiento ecologista uno no puede dejar de sufrir ante afirmaciones como la de que hoy el movimiento ecologistasocial tiene menos función que antes, en cuanto que en la mayoría de la conciencia de los ciudadanos ya está la sostenibilidad; prácticamente todo el mundo es ecologista por convicción. Me gustaría que tuviera razón, pero la realidad se impone y demuestra, cada día, que es falso.

 

Los logros del movimiento ecologista demuestran, por desgracia, que el ecologismo es más que útil, necesario. Resulta sorprendente que el ecologismo consiga tantos logros con tan pocos recursos… miles de ciudadanos aportan comúnmente de su bolsa para hacer realidad la defensa medioambiental por la que deberían velar los gobernantes.

 

Entonces… ¿qué es SER ECOLOGISTA realmente? ¿hay que plantar árboles para ser ecologista? ¿No se puede usar el coche? ¿Hay que vivir en una caverna? ¿No puede uno tener muchos pantalones para ser ecologista? ¿Hay que elogiar lo viejo? ¿Hay que ser vegetariano o vegano? ¿Hay que ducharse con agua fría (al menos en verano), o basta con usar energía renovable? ¿pueden usarse abonos químicos para las macetas? ¿Y comprar kiwis o piñas sabiendo que vienen desde muy lejos? ¿Basta con ser socio o voluntario de una ONG ambiental?… Son preguntas para las que no hay una respuesta unánime y clara, ni dentro del ecologismo.

 

El auténtico ecologista es (probablemente) el que no para de hacerse ese tipo de preguntas, y de modificar su respuesta y actitud, avanzando siempre hacia un sentimiento de mayor respeto hacia TODO. Continuamente hay que preguntarse de dónde viene y a dónde va todo lo que usamos, y cómo podemos mejorar nuestras relaciones con los demás, y con lo demás. No podemos conformarnos con lo superficial, sino que hay que ir a la raíz de las cosas y de los problemas, evitando la «cultura ambientador», y buscando una auténtica transformación individual para, desde ahí, influenciar al entorno.

 

Así, puede ser un error tan grave considerarse ecologista por reciclar papel, como considerar no serlo por comprar un kiwi. Reciclar está bien pero el problema gordo es la superproducción de residuos que habría que reciclar y que no pueden reciclarse (como decía este estupendo y breve documental). Comer frutas lejanas es malo, pero el problema gordo es la inmensa cantidad de kilómetros que recorre toda nuestra comida, así como la producción alimenticia basada en agricultura y ganadería intensivas, especialmente la ganadería que maltrata a los animales y el medioambiente y despilfarra alimentos vegetales para producir carne barata. Por supuesto, hay que tener en cuenta la lista de acciones individuales más ecológicas, pero eso solo no basta.

Más bien SER ECOLOGISTA es considerar que los cambios deben trascender las reformas públicas y privadas y situarse en la responsabilidad de los ciudadanos como consumidores y en la educación medioambiental. Considerar que los temas como el consumo responsable, el bienestar animal o la reducción de los recursos naturales, son preocupantes en función de los intereses humanos.  Se fomenta las empresas que se involucran en el cuidado del medio ambiente y de las causas de ayuda humanitaria y justicia social (como bancos ecológicos, grandes transnacionales que apoyan a refugiados de zonas en conflicto, a enfermos de sida, etc).

 

Finalmente los recursos naturales no son infinitos y convendría redefinir unas prioridades de consumo a nivel mundial para auto alimentarnos, en oposición a la acumulación de bienes y recursos que impone el sistema actual hay que reformular las relaciones entre las sociedades, las personas y el medio ambiente, potenciando el desarrollo de comunidades ecológicamente sostenibles y prescindiendo de la figura de una superpotencia mundial (tanto económica como cultural).

SER ECOLOGISTA es amarse a sí mismo, amar la vida y el lugar de que ella emana.