Serie polémica

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Furor ha causado la transmisión de la serie “La Casa de las Flores”, serie mexicana que, debo decir, tiene muy buena manufactura técnica y ha conseguido en poco tiempo lo que muchas otras no hacen: generar polémica.

 

Lo que encontramos como reacción son posiciones encontradas, hay quienes la consideran muy buena mientras otros la tachan de “porquería”, argumentando a favor o en contra con posturas tan lógicas como tremendamente inmaduras.

 

Partamos del principio, no debemos dejar de lado que se trata de un producto de entretenimiento, y como tal debe ser tomado; me parece exagerado tomarse tan a pecho los acontecimientos como si se tratara de una noticia de ocho columnas para un diario nacional.

 

Si no nos gusta, pues la dejamos de ver y punto, caso contrario, la recomendamos y que cada quien sea feliz.

 

Como suele ser en éste y otros asuntos, aparece la hipocresía y la doble moral de muchos de nuestros connacionales que, escudados en sus “posturas o creencias” critican porque eso es una especia de deporte nacional.

 

(Aviso de spoiler) Sí, es evidente que se tocan temas complicados; homosexualidad, bisexualidad, venta de drogas, traiciones, desfalcos, venganzas, dobles vidas, mentiras, ambición, poder, sólo por citar algunos.  Esto, por sí mismo, es un acto aventurado que sucede desde hace años en televisoras de todo el mundo.

 

¿Por qué rasgarse las vestiduras cuando aparece en una pantalla mexicana?, ¿no que somos un país incluyente? La realidad es que seguimos teniendo temas “tabú”, como si de verdad pudiéramos tapar el sol con un dedo.

 

¿Que se trata de un producto que solamente sirvió para relanzar la carrera de Verónica Castro?, aunque así fuese, la verdad es que el trabajo de ensamble de todos los actores resulta francamente convincente.  O que, ¿de verdad nadie ha tenido ese deseo de aniquilar o vengarse de quienes se meten con nosotros o los nuestros?, es un reflejo de lo que somos, aunque la racionalidad acabe por llegar, seguimos siendo instintivos de inicio.

 

La única forma de generarnos un criterio más amplio es tratando de ver y escuchar “de todo”, ya basta de posturas elitistas que por decreto dicen que algo es bueno o malo; corresponde a cada espectador tomar sus propias decisiones y, con base en su historia personal de vida, inclinar la balanza para cualquiera de los dos lados.  Pero esto solo se puede hacer si estamos dispuestos a dejar de lado las opiniones de los demás.

 

Siempre aplaudiré intentos por hacer y decir cosas diferentes; aquí se logra el objetivo. Por supuesto, se requiere de cierto grado de madurez para discernir entre la realidad y la ficción, pero el referente ahí queda.

 

Bueno, eso pienso yo.