Sin alegría y motivación, no hay manera de aprender

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No es problema de que el maestro no trabaje. El tema son las condiciones de trabajo. Tenemos muchos alumnos por aula y falta de recursos, tanto personales como materiales. Hay una sobrecarga de contenido. Sí, es tal cantidad de presión la que sentimos, que salir de eso es complicado. Todos trabajamos y dedicamos muchas horas. El sistema educativo, tal y como está, no funciona; pero hay que arriesgarse y cambiarlo.

¿Qué no funciona? -Lo de clasificar a los alumnos en función de la edad. El currículo está muy cerrado y se pierden todos los talentos. Hay una presión que no te permite perder ni 5 minutos y hay que pedir a la escuela que escuche. No se puede ser maestro sin escuchar. Tienes que conocer a tu alumnado, ¡pero no hay tiempo!, yo no soy una maestra que enseñe solo los contenidos. -Intento plantearme para qué estoy en la escuela, a qué vengo y vengo a ayudar a crecer. No me limito sólo al libro. Es lo que hay detrás. Una labor amplísima, quiero alumnos que sean empáticos, que aprendan a trabajar en equipo, que no se rindan ante las adversidades… Y quiero que entiendan que solo si sigues, aprendes. Hay que esforzarse.

La tendencia es que no sepan resolver sus problemas, a que estén acostumbrados a crear poco y a que sean poco empáticos. Si no se trabaja con una metodología inclusiva, estamos creando una sociedad fragmentada. Si ahora entendemos que todo el mundo tiene algo que aportar, el día de mañana no habrá tal discriminación. Nosotros, en el aula, hacemos el ejercicio de decir: Yo soy Alicia y se me da bien esto. También soy Alicia y se me da fatal esto otro. No pasa nada. Estoy aquí para aprender.

No puede haber una ruptura entre las etapas. En infantil atendemos mucho más al alumno como persona, pero llegamos a primaria y parece que nos olvidamos. Cuanto más subes en las etapas educativas, menos innovación hay.

Aprender es maravilloso y puede ser súper divertido. Pero no puede haber educación sin las familias. Es imposible.