Sin embargo… la cultura sigue

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Hace algunos años me enfrasqué en una discusión por momentos bizantina, en donde cuestionábamos el nombramiento de un funcionario que nada tenía de culturoso y muchos menos, de experiencia en el tema, conocimiento de los artistas, de las actividades y de los medios por los cuales se llevan a cabo en la ciudad. Obviamente que de esa discusión no surgió propuesta alguna que valiera la pena y el funcionario, gris desde el principio, terminó en su grisura y con la inercia realizada por otros funcionarios igual a él.

 

Pero de ahí nació un tema que no se ha pasado por una discusión real y en el sitio adecuado: la formación de funcionarios exclusivamente culturales, que realicen un trabajo efectivo, con calidad y conocimiento, así como sensible a la problemática que la cultura tiene en los diversos ámbitos en los que se desarrolla.

 

Es obvio que se deben tratar de hombres y mujeres que, además de conocer y ser cultos (los verdaderamente cultos evitan a toda costa pertenecer a la burocracia), tengan una vocación de servicio público, puedan comprender las peticiones y las necesidades de los artistas, así como de tener una idea amplia en cuanto a programación y planeación de cultura se refiere. Es necesario tener a esos funcionarios en activo.

 

El nombramiento de algunos de estos funcionarios, titulares principalmente, no se debe a su experiencia en el ramo, sino al hecho de que apoyaron al candidato en turno, ganador definitivamente, y que al no tener otro lugar en donde meterlo, se decidió colocarlo en un puesto que implica mucho, aunque los presidentes municipales y funcionarios estatales que deciden eso, crean que la cultura es sólo un mal necesario, en donde la ineptitud y poca valía del amigo. caben de manera perfecta.

 

El problema viene cuando las decisiones del funcionario no sólo afectan de manera directa a la administración que lo contrata, sino a los artistas, pocos por cierto, que viven de las actividades culturales que las instituciones promueven de manera constante. No es posible aceptar que algunos funcionarios digan que a la cultura no se le debería de pagar. Tendríamos que realizar una consulta en donde se diga que a los funcionarios no debería de dársele un sueldo, sino hacer que sean honorarios. Obviamente que no les gustaría la propuesta.

 

¿Qué existen artistas y seudoartistas que viven del erario sin realizar algo que valga la pena? Sí, es cierto, y hay muchos que no tienen la capacidad para ofrecer su trabajo de manera profesional y que sobreviven en trabajos mal pagados, o sin trabajo, o en una oficina realizando labores rutinarias y nada agradables. También existen quienes se aprovechan de movimientos ciudadanos con la finalidad de conseguir un posicionamiento político a costa del trabajo de los artistas que, posiblemente, actúen de manera honesta y desinteresada.

 

Un funcionario público de cultura debe tener un perfil adecuado a la exigencia que se le encomienda, no sólo ser amigo del amigo del amigo del presidente o gobernador en turno. Pero también debe tener la libertad para escoger a un equipo de trabajo acorde a las necesidades de la oficina y no tener que aceptar a los recomendados del regidor, del director, del secretario, del diputado o del funcionario de alto nivel que busca que su hijo/a tenga un puesto bien pagado en donde no haga nada ni contribuya al fortalecimiento de la institución. De ese tipo de becarios/as están llenas las oficinas de gobierno.