SIN TU LATIDO

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…Hay, Amor Mío, que terriblemente absurdo es estar vivo,

sin el alma de tu cuerpo, sin tu latido…

Luis Eduardo Aute

 

La música y todos los mundos artísticos de la pintura, el cine, el teatro, la literatura están de luto. Descansa en paz donde sea que hayas elegido evolucionar. Seguirás andando entre muchos corazones… Sin tu latido, será eterno. Y como tú cantabas: Y así sucede, que entre la fe y la felonía, la herencia y la herejía, la jaula y la jauría, entre morir o matar… Prefiero amor, amar, prefiero amar, prefiero amar. Cantautor, amigo de pequeños grandes acordes y gran amor poético que se desparrama de tus entrañas, sí, acordes y tonadas con pinceladas poéticas de colores que se trazan sobre un lienzo cayendo como casacada en tramoya creadora de blanco y negro que seguirás oxigenando con tu canto y compasión, mis espacios que continuas llenando de sonrisas y pesares.

 

No se puede pensar Aute sin imágenes como aquella de un maestro que en la primera clase práctica de la asignatura de teoría y práctica del guión en la universidad comienza con la proyección de unos minutos de Los 400 golpes de Francois Truffaut mientras suena la canción de Luis Eduardo Aute Cine, cine. Ahí está, le digo a la clase, todo lo importante: la mirada, la imagen, la censura, la vida. Luego, ya en el trabajo de análisis posterior, Antoine Doinel se convierte        –cosas de la intertextualidad‒ en Nelson de Los Simpsom al tiempo que suena de fondo una versión de solo con guitarra de Las cuatro y diez.

 

Como lo sostengo, no existen las casualidades, siempre serán causalidades, mensajes de un alma que parece tenerlo todo grabado en algún rincón del alma como diría quien justo un año antes se nos adelantara el Maestro Alberto Cortez, sin duda dos genios cortados de la misma tijera creadora de sabores y sinsabores exquisitos de la poiesis que desgarra  y desnuda el alma de cualquiera que elija verse en ese espejo.

 

De la misma manera, un mensaje más, parece que están de moda en estos tiempos de los veinte, pues también se entrelazan los cuerpos, las imágenes, de Luis Eduardo Aute con quien un día idéntico al de su partida, pero del 2007, fuera asesinado por la espalda, aquel hombre a quien le habría dedicado Al Alba, el maestro Carlos Fuentealba, por supuesto recordando también a los últimos ejecutados del franquismo.

Se trata de una canción sumamente representativa de Aute, quien sin miramientos se inserta en el complejo contexto político y social de los años sesenta como un reflejo de incertidumbress y tensiones de la censura en el  corazón de España en las agonías de la dictadura franquista –disculpen el pleonasmo involuntario– Si te dijera amor mío, que temo a la madrugada, no se que estrellas son éstas que hieren con amenazas , ni sé qué sangra la luna al filo de su guadaña. Presiento que tras la noche vendrá la noche más larga, quiero que no me abandones amor mío, al alba. Los hijos que no tuvimos se esconden en las cloacas, comen las últimas flores, parece que adivinarán que el día que se avecina viene con hambre atrasada.

 

Sin tu latido, en tu partida pareciera que se hace presente la muerte cual espadazo de la guadaña perpretando la herida que sangra en una noche que parececiera interminable, una noche que se eterniza con tanto dolor, ahora si ya no podrás hacerte a un lado de ella que acecha, embosca eternamente, pero es tu corazón gigante, sin tu latido paradójico, un espacio de libertad donde una noche, sin miramientos amanezca tras la explosión de la rabía encapsulada que acumula las hambres para finalmente regresar tras flamante amanecer. Sin duda Al Alba; el himno a las libertades.

 

Habría tambien que decir que en los albores de la ya famosa Movida Madrileña, parecía que la juventud vivía muy de prisa con ritmos desenfrenados hacia la frivolidad, con rodadas de liberación que aun generan resistencias Aute proponía, declamaba, cantaba, gritaba, no lo sé de cierto pero si sé que: No te desnudes todavía, espera un poco más, no tengas prisa, el tiempo es algo que quedó detrás. Parecía hacerle guiños al imperante pop. Sin embargo Luis Eduardo no fue revolcado por esta gigantesca ola. Sin tu latido reivindica las seis cuerdas, más sus vocales, claro está, poniendo música y letra al dolor por la pérdida de la persona amada y representando a su vida que conduce siempre al mismo sitio, su amada.

 

Cada noche la recuerda primero con una sonrisa, seguida de un insulto por el dolor de la pérdida y finalmente llega la resignación. Ahora el mundo entero se expresa que núunca dejará de latir: Aunque todo ya es nada, no se por que te escondes y huyes de mi encuentro. Por saber de tu vida no creo que vulnere ningún mandamiento; tan terrible es el odio que ni te atreves a mostrarme tu desprecio, pero no me hagas caso, lo que me pasa es que este mundo no lo entiendo.

 

No podemos olvidar la gratitud que siempre le dio a México, el poeta cuyo agradecimiento lo hizo canción y magia a través de sus cuerdas vocales, y las de su guitarra tambien, por supuesto, compañeras de alma. Así es que bajo la luna de aquel lugar del hacha de cobre o lugar de las piedras quebradas, Tepoztlán donde precisamente se observa un hacha incrustada en una montaña. En cinco minutos la noche se torna cual suave infierno sobre las faldas del Tepozteco. Sin embargo, aun sin esta pincelada poética, el México bondadoso no ha dejado de agradecerle desde hace más de cuarenta años la estela sublime de luz que ha dejado a través de sus canciones, pinturas, documentales…