Sincero, sencillo y con lenguaje florido, Guillermo del Toro no ha perdido su ser

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Sus ojos azules, a través de dos espejuelos casi de fondo de botella, pero sin el verde para añejar, me ven con firmeza, pero con alegría en el rostro del que dependen. Ese rostro está ligado a un cuerpo bonachón que, sin embargo, se mueve con agilidad. Llega a la mesa donde estoy, misma que se ubica en el restaurante Los Vitrales, del Hotel Hilton, sede de la Fil de Guadalajara. Se trata de Guillermo del Toro Gómez –nacido el  9 de octubre de 1964, en GuadalajaraJalisco–, director y guionista mexicano, quien fue galardonado con el Premio Goya y dos veces con el Premio Ariel.

Recientemente, ganador del Oscar, el máximo premio para los cineastas del mundo. Una hora antes había presentado el que, en ese momento era  su más reciente libro en la FIL,  Obscura.

Viste de negro y tras saludar con esas manazas impresionantes, me dice: Vamos a ver cuánto tiempo duro sin decir una pinche grosería.

Contra lo que suponen muchos que apenas ostentan un cargo hasta cierto punto miserable, que se sienten la divina envuelta en huevo Del Toro comprueba que el ingenio y la sabiduría, se encuentran acompañados en la mayor de las veces de sencillez. El destila esto.

A bocajarro le suelto la primera interrogante:

¿Para niños o para adultos son tus películas?

Las de Hellboys las hice para niños. A mí me hubiese gustado ver algo así. La de Pacific Rim la hice con el pensamiento sobre gente joven. Sin embargo, las puede ver todo el mundo que de niño vio caricaturas y robots.

Por cierto ¿Te gustan los robots?

Me fascinan los robots gigantes, pero no las naves espaciales ni las pistolas láser. Sin duda son de la parte de la ciencia ficción que más me interesa.

Y en ese tema, acaso intentas salvar al mundo?

Si te refieres a Pacific Rim, el gran objetivo es salvar a los humanos, no a los gobiernos. Incluso se hace hincapié en el resto de la película, en el sentido de que todos los políticos son unos pendejos. El futuro se ve de la chingada, pero hay esperanzas.

No soy puritano, pero si usted ha leído, verá que ha dicho muchas jijeses, esto me recuerda que en  la presentación de Obscura segunda entrega de la trilogía que escribe junto con Chuck Hogan  Del Toro inició su participación con una advertencia: Vamos a ver cuántas cosas soy capaz de decir sin majaderías.

En la posterior conferencia, habló de sus proyectos, del anhelo de regresar a México y hacer cine, descartó el miedo que le provoca venir a la tierra que lo vio nacer siempre que vengo lo hago con gusto y veo con tristeza la descomposición social de estructuras a niveles magno. Pero a la gente hay que celebrarla.

Explicó su gusto y sus cuestionamientos acerca de los lugares comunes, por ejemplo  ¿Quién le lava la máscara al Santo? ¿A qué huele después de luchar?  ¿Dónde dejaba la caca Gotzilla o de qué tamaño es el cerumen que echa? y finalmente señaló que: ser imperfectos es una meta que todos podemos lograr.

¿Cómo te llevas con tu esposa Lorenza Newton y tus hijas Mariana y Marisa?

Con mi esposa muy bien, a pesar de mi ausencia por razones de trabajo, pero la conozco desde la prepa y para mis hijas soy el güey ese, que deja los calcetines regados, a quien tienen que recordar que recoja mi plato. Para ellas soy como un un oso de peluche, pero sin amaestrar.

Y suelta la carcajada.

¿Por qué películas de miedo?

Desde mi niñez me gustaban las películas de miedo. Me gustaban, precisamente, porque era un niño muy asustadizo.

¿Extrañas México, en especial a Guadalajara?

Todos los días, aunque ahora solamente una vez. Antes me ocurría hasta ocho veces al día.

¿Cómo es tu vida en Hollywood?

No hago vida social, ni cenas, ni eventos, ni presentaciones. Te aseguro que soy un pinche ermitaño. Y vuelve la carcajada.

Para esto, en la improvisada entrevista, ya tiene hambre. El creador de la compañía de tequila Gang, es bien conocido por los meseros e inclusive admirado. Y como cualquier otro jalisquillo, común y corriente, pidió una deliciosa torta ahogada y una ensalada de papa, que devoró sin mayor empacho, para amainar la sed, pidió con lujo de  decencia  una fría coca cola regular,  que en este restaurante aderezan con una buena dosis de hielo.

Degustamos una torta ahogada que confirmó las hacen deliciosas, aunque en realidad sucede en toda Guadalajara.

Guillermo del Toro, había atendido a un poco más de 700 personas que esperaron por horas para obtener ya fuera una foto o un  autógrafo, Ni uno más, ya no pasa nadie, gritó uno de los encargados de seguridad al mismo tiempo varios jóvenes le pidieron a Guillermo que no los privara de una foto y de su firma, Del Toro hizo caso omiso al personal de seguridad y estampó tantas rúbricas como su mano se lo permitió en las páginas de los libros que sus lectores, emocionados le urgían, sonrió y posó para los flashes que disparaban simultáneamente.

Es el autor de una estirpe maldita que se propaga por el universo Obscura, a mí también me lo autografió.