Solicitud de empleo

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¿Cuántos cursos se pueden tomar en un año? ¿Cuántos diplomados? ¿Cuántos artículos especializados se pueden leer al día? ¿Cuántos talleres? ¿Cuántas veces puedes actualizarte? ¿Cuántas referencias puedes pedir? ¿Cuántas charlas magistrales? ¿En cuántas ponencias puedes participar? ¿Cuántos comprobantes puedes recibir? ¿Cuántos currículums puedes enviar? Nada importa. Conseguir una entrevista de trabajo es complicado, estás a expensas de una serie de factores que escapan de tus manos, si es que tienes a bien ser atendido.

La clase política de este país está llena de ladrones de cuello blanco que cambian medicamento contra el cáncer por agua. Bla, bla, bla. Chisme de colonia. Luego, vuelven a la vida pública y siguen en las andabas. No son juzgados como merecen y pocos reciben el castigo social que merecen. En contraparte, tenemos un robo famélico, quien hurta por hambre o extrema necesidad: a’í de él si es cachado en flagrancia. Un robo es un robo, sí, pero hace falta un mejor criterio, y sólo, tal vez, por una camisa y una corbata.

No pretendo hacer una ridícula comparación, pero la discriminación laboral es tan marcada que se enseña en las universidades. En la materia de Recursos Humanos de mi facultad, en la clase de entrevista laboral, una máxima es analizar el aspecto del entrevistado: zapatos, camisa, corbata, peinado, todo. Reitero, no se trata de ser patéticos, pero en Londres, es común ver (en sentido figurado, no se crean que me di una vuelta) a ejecutivos de alto rango o personal médico (ahora que están de moda) con mohicanas punk, perforaciones o tatuajes visibles, pues tu aspecto no tiene nada que ver con tus capacidades.

Sé que lo prometí, no quiero de este texto un molón discursillo rosa, pero sigue sucediendo. Retomando el ejemplo de Reino Unido, es cada vez menos frecuente solicitudes de empleo con fotografía, mientras que en nuestro país te dan consejos de cómo sacártelas. Que, sin barba, que, sin pelo largo, que, sin bigote, que mejor sin lentes, que los labios no muy pintados, que no debe haber perforaciones, que es tu imagen lo que cuenta. Bah, una de las personas a la que más le he aprendido tenía los pezones perforados y tatuajes por todo el cuerpo.

Lo que sucede es que quienes se encuentran del otro lado del escritorio, son personas con un criterio muy flaco, personas que obtuvieron esos empleos precisamente siguiendo esas normas discriminatorias de selección, porque habría que ver los números de las personas, en altos cargos con rasgos indígenas y en cambio, personas físicamente agraciadas que tienen puestos que, a la palabra y formas, claramente no se merecen. Sí, está comprobado que las personas atractivas son mejor calificadas y las cosas se les dan de una manera más simple.

Juro solemnemente que no es la ira contenida por años de malas entrevistas con jefes de recursos humanos (con el cansado, fingido y estúpido lenguaje falsamente formal y lleno de palabras que nada tiene que ver entre ellas y que posiblemente no conocen, y que son altamente detectables justamente en las personas más incapaces del mundo, sino las respuestas a los correos electrónicos [o WhatsApp; porque ahora lo hacen por WhatsApp también: inserte aquí emoji de llanto], cuando tienes la suerte, de que tengan el tino de ser educados y responder, sino las faltas de ortografía que, según, y pongo en prenda lo poco o mucho que aprendí en la licenciatura, son más importantes que una corbata), lo que habla. Juro que no.

Por lo pronto, y es probable que con esto pierda mi oportunidad de agremiarme a la A.C. del estoicismo reminiscente, me resisto a cambiar mi foto en mi cv para solicitar empleo. Seguro hay quienes piensen que es algo tonto, pero es momento de ponderar el conocimiento, pues, como me dijo aquella también fulana brillante, debemos aspirar a ser contratado y remunerado por lo que sabemos, no por lo que hacemos, y agrego, no por cómo nos vemos. Todo, por una simple razón, esa también es una muestra de progreso social.