¿Son o se venden?

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“La política es comunicación, siempre, desde un principio.

Buena comunicación es buena política. Política al servicio del ciudadano.”

Daniel Eskibel

 

En nuestra era digital, en donde la información fluye como torrente de bondades en el mar del pensamiento humano, nos encontramos ante la encrucijada más grande del libre pensamiento, ¿creemos todo lo que vemos? o ¿en que creemos? ¿En los sonidos o en los silencios? sin duda amigo lector, resuena en nuestra mente el apotegma: “conocimiento es poder”, desafortunadamente existen en el mundo muchos sofistas que confunden la verdad y venden realidades de acuerdo a su conveniencia.

 

Y es que, la política por ejemplo, se alimenta de muchas ciencias que ahora la complementan, resurgiendo desde el pináculo de verdad la centella de la sentencia que: “quién no habla no existe”; muchas personas que ejercen la política han optado por hablar, por descifrar en el mundo una verdad a su medida, un mensaje confeccionado para que quien lo pronuncie se convierta en redentor de las necesidades de la colectividad, máxime si tomamos en cuenta que las redes sociales se han convertido una plaza pública para que quien sin ser experto en la materia, lo sea; un monitor otorga un conocimiento legítimo, sobre toda ciencia y materia que se aborde.

 

Se nos pide participar, hablar, opinar, dar puntos de vista, pero nadie nos dice que hablar implica necesariamente una responsabilidad, que hablar compromete a defender una ideología que se arraiga en el ser, por que se conoce, se analiza y se anuncia, pocas son las voces que consciente y responsablemente antes de emitir una opinión analizan, cuestionan y emiten su pronunciamiento o un particular punto de vista. Y no hablo estimado lector de que tengamos un país de expertos en todas las materias, hablo de que nuestros genuinos representantes según las propias instituciones democráticas asuman en rol de responsabilidad que les corresponde.

 

No basta en nuestros días en cumplir con las disposiciones legales, en llevar al pie de la letra el manual de organización, en el mejor de los casos, no basta con haber ganado una elección, el reto fundamental de la clase política mexicana es saber comunicar, fundamentalmente saber que se va a comunicar, cual es la historia que pretenden lea la ciudadanía, como quieren que se les perciba. Esto cobra cada día más relevancia pues la ciudadanía tiende a elaborar un diagnóstico propio de lo que logra percibir en sus representantes, y dicho sea de paso no podemos hacer que lo que un día fue ofertado como verde, hoy por circunstancias muy precisas se transforme en rojo carmesí, pues sin duda ese actuar le resta credibilidad a una figura pública.

 

Claro está que lo primero que habremos de tener muy claro en materia de comunicación política y estilo, es que la figura pública debe tener muy delimitado su meta base, es decir, un segmento, nicho de oportunidad o sector de la población al cual dirigirse y ante el cual va a ofertar su propio estilo, su sello característico que lo identifica y distingue de los demás opositores y que además le va a permitir ofertar las mejores soluciones para la ciudadanía en materia de problemática social, pues ante los ojos de quien le ve o le escucha es el portavoz de una verdad indiscutible que nadie más había propuesto o al menos no desde ese punto de vista.

 

Queda claro que en el contexto actual, muchos de nuestros representantes no tienen bien identificada su estrategia comunicativa, lo que limita el auge que puedan llegar a tener sus propuestas y la proyección de su propia imagen tanto personal como partidaria o ideológica; no menos cierto resulta señalar que hay quienes pretenden abanderar causas personales bajo el cobijo de una institución, lo que no les permite tener una percepción de integridad y por supuesto confunde a la población.

 

Una vez delimitado el sector o nicho de oportunidad hacia el cual se va a dirigir la estrategia, pues como reza el dicho: “el que mucho abarca, poco aprieta”, se debe tener bien claro cuál es la marca que se pretende nos distinga, es decir lo que queremos que la ciudadanía vea en nosotros, el personaje que representamos ante los demás, que en muchos casos depende del tema principal que defendemos, las columnas de nuestro mensaje, el tipo de vestimenta que usualmente portamos, las palabras que empleamos, los posicionamientos que a título personal se plasman en redes sociales o en medios de comunicación sobre algún tema en lo particular, todo este entramado nos permitirá ir generando una identidad propia.

 

Habría que observar quienes de nuestros representantes o figuras públicas cumplen con estas características, en muchas ocasiones los posicionamientos que se hacen ante un público pueden llevarnos ganar o perder credibilidad pues no representan nuestra propia ideología; ante ello no podemos ser omisos en mencionar que hay quienes de derecha se convierten en izquierda y pasado un tiempo están en el centro, hoy más que nunca la ciudadanía interesada en los asuntos públicos pide que sus instituciones a través quienes encabezan su funcionamiento tengan una sana reputación; ser,  pensar, decir y hacer son eslabones necesarios en la famosa era del marketing en que somos lo que parecemos y parecemos lo que nos hacen ser.

Si llevamos correctamente una estrategia de marketing personal y/o político nuestro accionar tendrá una proyección exitosa, lo que sin duda será redituado con el progreso profesional, social y humano; de nosotros depende el ir amalgamando una trama profesional de progreso, una imagen propositiva y asertiva. Hay quienes comunican pero comunican todo lo contrario a lo que quieren o representan y eso en su momento va dejando facturas que tarde o temprano la sociedad va cobrando.

 

Nuestro sistema político mexicano identificado por colores, personajes e ideologías, ha dejado a su paso delimitado el actuar y percepción que la ciudadanía tiene de sus gobernantes, hoy se pueden realizar encuestas de aprobación sobre el actuar o la imagen de quienes dirigen los rumbos de un país desde sus encargos constitucionales, hoy es más fácil acceder a la comunicación con la ciudadanía, pero lo cierto es que los ciudadanos ya no creen todo lo que les dicen como un credo político, hoy los ciudadanos analizamos, cuestionamos, pedimos y aceptamos o reprobamos la gestión gubernamental, la imagen política de nuestros representantes, la percepción que como país se tiene de nosotros ante el extranjero.

 

Más aún, hoy los ciudadanos tenemos la oportunidad de decidir si lo que se nos dice comulga con la realidad, podemos interpretar este gran escenario donde los mercaderes políticos se presentan, ofertan, otorgan y conceden soluciones; crean oportunidades de proyección que podemos a conciencia y bajo nuestra propia percepción opinar si: son o se venden.