¿Tarea hecha?

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Es muy positivo que el ser humano tenga tendencia a la fiesta, pues en ella se encuentra regocijo, placer y catarsis ante las complejidades que tiene la vida, sin embargo, y sin que ello signifique que de vez en vez no pueda haber una celebración, simplemente por vivir, hay contextos en los que el festejo tendría que guardarse hasta en tanto no haber terminado los pendientes.

 

Por ejemplo, el pasado 1 de julio se hizo toda una pachanga por el aniversario de las elecciones que llevaron a la presidencia de México a ya saben quién.  Siempre será un placer escuchar y bailar con Margarita Diosa de la cumbia, pero para como están las cosas en el país,  preferiría ver a mi presidente tomando decisiones antes que bailando. (Igual de absurdo es ver a uno que otro ex presidente haciendo lo mismo).

 

Me explico; si bien la jornada electoral de 2018 significó muchas cosas para la sociedad y política mexicana, también lo es que el cajón de los pendientes no ha disminuido en tamaño desde esa fecha, lo cual nos obliga a una pregunta.  ¿Qué carambas estamos festejando?

 

Si se trata de hacer remembranza de la victoria obtenida, creo que hay otras maneras; si por el otro lado, se festeja los logros de la gestión, el resultado no hubiera sido una fiesta, sino una reunión con cientos de personas con bolsas de papel estraza en la cabeza.

 

Mientras en la Ciudad de México se cantaba y bailaba, en varios sitios del país el asaltante seguía subiéndose a la combi para despojar de sus cosas a la gente, el asesino seguía mostrando su animalidad y el corrupto seguía pidiendo una lanita por hacer que las cosas fluyan.

 

Preocupa escuchar, en un discurso recurrente, que la culpa es de administraciones pasadas, y que simplemente se heredó un cochinero.  Cediendo sin conceder, y que realmente así fuere, un gobierno debiera saber que está al mando para hacer lo necesario para revertir esas condiciones.

 

Inexplicable que en el discurso oficial primero se ofreció que los cambios se notarían a los tres meses de gobierno, después dijeron que a los seis, ahora ya se curaron en salud y dijeron que hasta Diciembre. ¿Entonces?

 

Eso, desafortunadamente es un asunto cultural, porque en cuantos hogares mexicanos eso mismo sucede con los hijos, a quienes les hacemos fiesta, los premiamos, les cumplimos caprichos y demás, cuando no han hecho absolutamente nada para merecerlo; para luego andar quejándonos que no nos ayudan en nada, que no cumplen con sus obligaciones y entonces si les restregamos todo lo que hacemos por ellos.

A mi entender, el festejo fue exagerado, por una simple razón; todavía no tenemos nada que celebrar.   A fin de cuentas, la tarea aún no está hecha.

 

Dicen que cada quién tiene el gobierno que merece, quizás sea cierto, más aún desde la perspectiva de Aristóteles: La dignidad no consiste en nuestros honores sino en el reconocimiento de merecer lo que tenemos.