¿Tenemos amigos?

Views: 390

La condición social del ser humano le obliga a interactuar con otros; en ese proceso, encontramos afinidades, gustos similares, experiencias comunes y empatía, lo que nuestro cerebro interpreta como una relación más estrecha y en apariencia sólida, eso parece ser suficiente para asumir que estamos construyendo lazos de amistad.

 

Sin embargo, la experiencia nos enseña que amigos, lo que se dice amigos, se cuentan con los dedos de las manos; en muchos de los casos, los cimientos de la relación son tan frágiles como el cargo que se ostenta o la posición económica que nos hace ser generosos.

 

No hay duda de que muchos le huimos a la soledad, sentimiento triste y deprimente, y justo por ese afán, andamos en la búsqueda de placebos para paliar esa condición, lo que no necesariamente acaba de la mejor manera.

 

No hay recetas mágicas, simplemente tener el cuidado suficiente para que, se presente lo que se presente, comprendamos que seguramente aquellos que se decían amigos acaban por serlo de quien ahora tenga algo que ofrecerles. No por nada versa el adagio Muera el rey, viva el rey.

 

Cuando estamos en la cumbre, la gente estará con nosotros, se reirá de nuestros chistes, celebrará todo lo que hacemos y, por supuesto, jurarán lealtad ante cualquier circunstancia adversa. A la primera tempestad, muy seguramente se bajarán de barco como ratas, negando todo aquello que antes aseguraban tener.   Ni siquiera por maldad, simplemente por conveniencia.

 

Son muchos los casos en que, mientras somos alguien relevante, todos los astros actúan a nuestro favor: te saludan sonrientes, ofrecen incondicionalidad, intercambian opiniones y hasta te toman en cuenta.  Basta dejar de ser, para que ni siquiera quieran sentarse contigo a platicar, nieguen una llamada telefónica o literal, si te ven ni se acuerdan, pues no vaya a ser que los vean contigo y se quemen.

 

El punto es que uno quiere convencerse de que todos esos colaboradores incondicionales son tus amigos, cuando en realidad están ahí buscando mantener una posición; no porque sea de facto malo, sino porque la gente asume que eso de andar le queda bien es más valioso que el talento para trabajarlas o hacer las cosas.

 

¿De verdad tenemos amigos?, o hemos construido castillos en el aire para legitimarnos como personas sociales y carismáticas. He testimoniado casos en que funcionarios sufren la muerte de un familiar, y tienen la capilla de velación hasta el tope con decenas de personas solidarias por el momento amargo; el mismo, ahora ex funcionario, con dos meses de distancia, vuelve a sufrir una pena similar, y la asume con menos de una veintena de personas en la misma capilla. ¿Así o más claro?

 

Al final del camino, no creo que haya amigos falsos, más bien falsos que se la dan de amigos; y no debemos temer al enemigo que nos ataca, sino al falso amigo que nos abraza,  así como agradecer los momentos difíciles, porque esos alejarán a las falsas amistades.

 

Finalmente, un buen amigo es como un perfume; si es original siempre sentirás su presencia, si es falso durará solo un momento.

 

[email protected]