Testigos de Jehová opinan sobre el día de San Valentín

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El 14 de febrero es el día en que los románticos del mundo esperan ansiosos que alguien les diga de algún modo: “Te quiero”.

Las raíces de esta fecha, conocida actualmente como el día de San Valentín o Día del Amor y la Amistad, se remontan a la antigua Grecia, donde prosperó el culto de Pan. Este mítico dios de la fertilidad, mitad hombre, mitad macho cabrío, poseía un carácter fiero e impredecible que aterrorizaba a los seres humanos. Se creía que Pan cuidaba los rebaños mientras tocaba la flauta; sin embargo, se distraía con facilidad. Amó a muchas ninfas y diosas. En una escultura se le representa requiriendo de amores a Afrodita, diosa del amor, en tanto que Eros, dios del amor, revolotea sobre ellos, muy parecido a como lo hace el Cupido que se pinta en las tarjetas de los enamorados hoy día.

En Roma muchos tributaban culto a una divinidad análoga llamada Fauno, a quien también se representaba mitad hombre, mitad macho cabrío. En su honor se celebraban las Lupercales, fiestas orgiásticas llevadas a cabo todos los años el 15 de febrero. Durante la celebración, grupos de hombres semidesnudos corrían alrededor de una colina blandiendo látigos de piel de cabra. Las mujeres que deseaban tener hijos se quedaban de pie cerca de la ruta de los corredores para que las flagelaran, pues creían que así se tornarían fecundas.

De acuerdo con The Catholic Encyclopedia, el papa Gelasio I abolió las Lupercales a finales del siglo V. No obstante, en nuestro tiempo encontramos su equivalente en el popular “día de San Valentín”. Existen múltiples teorías sobre el origen de este nombre “cristianizado”. Según una historia, en el siglo III el emperador romano Claudio II prohibió casarse a los varones jóvenes, pero Valentín, que era sacerdote, los casaba en secreto. Algunos afirman que a Valentín se le ejecutó el 14 de febrero, cerca del año 269.

Como puede verse, una denominación “piadosa” no puede ocultar el reprobable origen de esta celebración. El día de San Valentín está arraigado en ritos no cristianos considerados como paganos, y por eso los testigos de Jehová no lo celebran (2 Corintios 6:14-18.) Las expresiones de amor genuino que se hacen todo el año son mucho más gratificantes que los caprichos pasajeros de una fiesta sentimental.