Toluquerias II

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“Toluca rincón de umbría donde la gracia tirita, donde hasta el agua bendita bisela, de puro fría, cuando el dedo no la agita, donde la plegaría grita y el corazón se hace puño”

Enrique Carniado

 

Es Toluca la cúspide de los ideales mexiquenses, pues desde el albergue de su historia que crea y recrea nuestra existencia, pone un sitial de luz para levantar las alas y surcar el horizonte de la inspiración. Así nuestra tacita se apodera de sus cimientes y se convierte en tetera que da de beber a sus hijos, y aunque su corazón parece entumido y con un poco de pasión, tiene mucho amor que se recrea en sus actos de fe.

Con la semilla de la sangre derramada por quienes alzaron su brazo y protestaron contra los abusos de los que eran objeto; los mártires de Toluca, los indígenas insurgentes de Toluca, dejaron depositado en el pedestal de la inmortalidad los latidos de su corazón, y así sin duda; los repiques surgidos desde los campanarios de los templos que circundan el centro de Toluca, se convirtieron en llamados a la lucha, como flores que dan vida y luz, en el valle que enjoya con sus copos de nieve el collar de perlas de la sabiduría. Por estas rutas de ensueño, los que incitaron la guerra por la libertad mexicana levantaron el polvo de luz con el que el sol extiende sus brazos y cobija nuestra existencia.

Así entre tragedia y gallardía transcurría la vida en Toluca, entre conventos de formación religiosa y el paso devoto de quien pisaba el suelo toluqueño y encontraba un recuento del alma, en los hilos que como veneros se empezaban a avizorar en la planicie de esta parte del territorio mexiquense; por estas zonas las leyendas mexicanas también tuvieron su auge, la tradición oral no deja de lado tales aseveraciones, mientras el árbol de las manitas iba dejando sombra de su existencia milagrosa curando la rutilante incertidumbre y desde el cerro del Tololoche levanta sus manos con toque evangélico para decirle a los habitantes del valle del Tolo ¡aquí están tus raíces, y si de ellas bebes, podrás nuevamente reverdecer!.

Vienen después las pugnas ideológicas en nuestro país, liberales y conservadores se debaten por el control político de la nación que recién va emergiendo de su debacle y en Toluca no hay excepciones; se vive con el olor a provincia pero con el sabor a patria mexicana. Un 16 de octubre de 1860 se estable por decreto que esta tierra será las sede de los poderes gubernamentales, del Gobierno Constitucional del Estado de México y se forma más allá de la idea, la clara muestra de que Toluca es el corazón político y social de nuestro Estado.

Toluca de San José la ciudad de incienso y relicario, adepta a la corriente de su tiempo y salpicada de los ideales juaristas, al igual que distintos poblados y municipalidades modifica su nombre oficial, para rendir culto a los grandes héroes que nos dieron patria y surge entonces el nombre con el que actualmente se le conoce: Toluca de Lerdo; Toluca la provincia con toque liberal, que empuja con su sueño el anhelo de alcanzar mediante la educación pública un remanso de paz y benevolencia para con sus hijos.

Así, rodeados por un educación eminentemente clerical (dadas las condiciones propias de una población envuelta entre bóvedas de sacristía), Toluca cambia su rostro de lado para suspirar a la libertad como una concepción impulsada por el liberalismo nacional y permean entonces entre las ideas de milagrería académica, adoptando por plena voluntad al hijo preciado de nuestro Estado: el Instituto Científico y Literario del Estado de México, y desde ese momento se va entretejiendo una historia de amor fusionado; pues enclavado en el corazón de Toluca, nuestro máximo representante académico mexiquense, hace posible que por estas tierras desfilaran los grandes prohombres que dieron lustre a la patria mexicana.

Aquí en el suelo toluqueño, conoció el amor a la academia el ilustre Ignacio Manuel Altamirano de los labios y la vehemencia cultural de su mentor y gran amigo Ignacio Ramírez Calzada “El Nigromante”, mismo que en la tierra de Toluca obtuviera su título de licenciado en Derecho. Y sí, grandes personalidades se dieron cita a la luz de la educación laica en el Instituto Literario, que era y sigue siendo orgullo mexiquense; por estas filas discurrieron los más grandes y prominentes poetas de su tiempo y también eminentes paisajistas, médicos y abogados; ahí a través de la Oratoria, se dieron cita los primeros encuentros de la palabra: se definieron las voces mexiquenses.

Y Toluca se va moldeando, honrando a su pasado, presagiando su futuro y exaltando paso a paso su presente; de tal suerte que enraíza en su cimiente la tradición juarista viva aún en nuestros días, pues en el salón de actos máximo de la Universidad Autónoma del Estado de México se sigue conmemorando, la velada solemne en honor a Benito Pablo Juárez García. Los dinteles de la memoria se van puliendo y surge la voz provincial que reclama de nosotros el aliento de vida, pues en Toluca, al ser sede de los poderes y la educación pública, se dan vida los grandes conflictos de nuestro Estado; sugerimos que Toluca se va recreando.

El paso de la marcha nacional no se detiene y Porfirio Díaz se va asicando en la conciencia nacional; construye infraestructura pretendiendo darle un nuevo rostro a México, pero merman sus fuerzas físicas y políticas; por una parte se impulsa la economía nacional al emplear medios de producción masiva, permitiendo mejores formas de comunicación, como los ferrocarriles y Toluca se beneficia de dicha situación, pues por diversos veneros de su valle se tatúan los Ferrocarriles Mexicanos y se dan las oportunidades de establecer industria y de conectar a los lejanos; la pequeña provincia toluqueña ahora tiene el calor de los visitantes que llegan de diversos lares.

Desafortunadamente el oportunismo de unos cuantos, dilapida el esfuerzo y compromiso de las mayorías, el pueblo en diversas latitudes mexicanas se manifiesta bajo el aló redentor de los hermanos Flores Magón, ante el sonoro animo espiritista del líder Francisco I. Madero; México inicia su Revolución que es acción en potencia, para defender sus derechos sojuzgados como 100 años atrás lo hicieran los insurgentes en la guerra de independencia.

El pueblo vive crisis pero sobre todo incertidumbre y viene la leva y su incalculable alcance social va mermando la fuerza del espíritu; en Toluca se refracta el orden social y la turba zapatista irrumpe la pasividad toluqueña, generándose combates por el honor y dignidad del pueblo que pide poder comer de los frutos de la tierra; tierra que trabaja pero que no le pertenece, tierra que le fue arrebatada y en algunos casos vendida con todo y los accesorios en que se convirtieron aquellos que de ella producían. Que panorama tan desalentador para una población recatada el presenciar el encuentro con los zapatistas, no por su ánimo despectivo, sino porque en cada nota de la historia se iba desvaneciendo el brillo del relicario.