Toluquerias

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“(…)tacita de plata con olor a sacristía, de la que pinta sus calles, amaneceres, el medio día y sus atardeceres”

Enrique Carniado

Son los vientos fríos de Toluca, los que dan la bienvenida al recuerdo de mujeres y hombres; anécdotas, pasajes históricos y testimonios de luz de esta pedazo de patria que bulle diáfana en el latir de los que hemos puesto nuestra cimiente en su suelo. Toluca, la capital del Estado de México; es fiel testigo del paso de la historia, suave remanso de la patria donde se han dado cita los más connotados lazos generacionales, donde se ha anclado el sentido de pertenencia mexiquense; referente estatal y sede de los poderes constitucionalmente reconocidos para salvaguardar las funciones gubernamentales de la Entidad mexiquense.

Se aproxima en la ciudad capital de Toluca de Lerdo, en el Estado de México; una serie de actividades de diversos géneros que tienen como finalidad primaria aquilatar el crecimiento y el paso firme que esta ciudad ha dado en su peregrinar por la historia. Toluca, en efecto, es el faro que guía a sus ciudadanos para honrar su legado, habría que echar un vistazo al antes y ahora de nuestra ciudad capital.

Toluca: es su gente, sus colores, su clima (tan particular); Toluca es sin duda la serie de edificaciones y monumentos que en ella están cimentados; son sus verdes valles enervados, la puesta de sol con vista a tiritar de frío al observar majestuoso el Xinantécatl, fresco con la espuma de nieve que nos recuerda cuando el aire de Toluca aún era puro y transparente.

Así, andando los rincones de la ciudad toluqueña puede uno observar como se ha modificado la facha de provincia por una airada metrópoli citadina, reconocer Toluca será necesariamente volver la vista atrás para entender que es lo que ha pasado por sus latitudes, las nubes algodonadas de su cielo podrán recordar sin duda el valle de los matlatzincas, los hombres que defendieron su terruño del propio imperio azteca, de los orgullosos otomíes que aún en nuestras fechas siguen defendiendo el legado de sus antepasados y su lengua madre; esta es Toluca, la que en gajos de la historia se recrea para alzar la mano en el Valle (conjunto de municipios aledaños a la ciudad capital) y anunciar que en la frescura de sus montañas, se encuentra el venero que da vida a nuestras poblaciones, pues por esta zona geográfica dos ríos encuentran su cauce: el río Lerma y el río Verdiguel.

¿Qué panorama habrán recreado los conquistadores españoles cuando tuvieron contacto por vez primera con los pobladores toluqueños?, fieles devotos del dios Tolo (el inclinado de cabeza) de donde surge efectivamente la denominación de su toponimia. El toluqueño, recio a su carácter, hizo sincretismo con los efectos devastadores del clima térmico que permea en la zona en la que habita, frío como el invierno permanente; dicen los que socializan con nosotros, que los tolucos somos secos y fríos como el clima de nuestra ciudad.

Aún con el auspicio del santo patrono al que fue encomendado este sitial de la patria, pasada la conquista española: San José; Toluca de San José se convirtió en su tiempo en referente de la cristiandad, baste reconocer los templos religiosos que aún subsistentes en el territorio pueden dar testimonio de la devota fe que profesaban sus feligreses; tanto es el auspicio que, pareciera que en Toluca se aspira el olor a sacristía (en palabras de Enrique Carniado) ahí están los templos: del Carmen, la Santa Veracruz, el Sagrario, el Ranchito, la Merced, Santa Bárbara, Fátima, Clara de Asís y por supuesto nuestra siempre bella catedral de la Diócesis de Toluca.

En este terruño de la patria mexicana se dieron cita algunos clérigos para fundar congregaciones que aún en nuestros días siguen subsistentes, propagando su fe y apresurando el dialogo religioso, los conventos franciscanos, mercedarios y pasionistas son fiel reflejo del estilo sacramental que envolvió Toluca durante una vereda importante de nuestro tiempo, aquí existió un Beaterio, que a la postre fuera la cimiente de la educación mexiquense.

En ese fresco y suave vergel de tinte provinciano, en los andadores de un pueblo que jubiloso celebraba y ofrendaba su devocionario Josefino; se dieron cita los insurgentes para pasar en caravana y lograr el asedio de la capital mexicana, por estos lares de Toluca pernocto el padre de la patria Miguel Hidalgo y Costilla, no sin antes arengar al pueblo matlatzinca, otomí y mazahua a defender los derechos que por mucho tiempo les fueron sojuzgados por el pueblo español, que les colonizo sin comprender primero el esplendor de nuestra raza.

Dan testimonio de estos acontecimientos los sitiales donde se han puesto las cabezas de águila que sirven como guía para identificar la ruta indepentista, por esta Toluca; el insurgente Pedro Ascencio de Alquisiras defendía los ideales de justicia e igualdad siguiendo las ideas de nuestros héroes nacionales. Aquí quedó tatuado con sangre el pasaje tortuoso de nuestra libertad mexicana al ser fusilados cerca de 100 indígenas insurgentes en la hoy conocida plaza cívica de Toluca, misma que recibió el mote de “Plaza de los Mártires”, y que cada 15 de septiembre se convierte en el epicentro de las voces jubilosas de toluqueños y mexiquenses que unidos bajo el sentido patrio cantan vivas a nuestros héroes nacionales.

Esta es la Toluca que hoy nuevamente levanta el rostro ante sus hijos para aliviar su cansancio, posando su rostro sobre los bellos arcos que fueron el marco esplendoroso que sirvió de referente de su identidad, me refiero por su puesto a sus “Portales”, lugar que ha servido de escaparate para que los toluqueños “paseemos” y sintamos un remanso de cobijo en nuestra ciudad capital.

Muchos son los momentos, las anécdotas y personajes que engalanan a nuestra capital pero no hay mejor motivo para sentir la honra de nuestro municipio que nuestra propia historia; escrita paso a paso, con nuestra actividad cotidiana, porque hemos aprendido de la tradición y nos acercamos a la modernidad, Toluca es la tacita noble que alberga los granos de polen que se expanden por el viento y que germinan en nuestro ser el orgullo de ser parte de este municipio, que antaño solo conocía dos estaciones del año: la de invierno y la del ferrocarril.