Un niño tiene derecho a no dar besos ni abrazos si no quiere

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Cualquier padre sabe que llega una edad en la que es normal que los niños se muestren renuentes a dar besos y abrazos a conocidos o familiares. Si eres de los que lo obligan a hacerlo, debes saber que estás cometiendo un error.

Obligar a los niños a tener una muestra de afecto que no les nace no los vuelve más sociables sino más vulnerables al desarrollo de conductas sexuales de complacencia. Lo que sí se le puede (y debe) solicitar a un niño es que trate a los otros con respeto, pero nunca que haga demostraciones sólo por contentar a dicha persona o al adulto que se lo indica.

Ellos deben tener siempre el control de las elecciones en lo referente a su cuerpo y a la forma en la que interactúan con los otros, ya que, mientras más rápido asimilen que tienen el total derecho de decidir qué hacer y con quiénes, mejor será su desarrollo personal y más positiva su visión sobre sí mismos, aprendiendo a respetarse y a cuidarse siempre, sin importar lo que digan los otros.

Irene van der Zande, cofundadora y directora ejecutiva de Kidpower’s Teenpower Fullpower International, una  agrupación sin fines de lucro, especializada en ofrecer información sobre prevención de la violencia y seguridad personal, comenta: Cuando forzamos a los niños a someterse al afecto no deseado para evitar ofender a un familiar o lastimar los sentimientos de un amigo, les enseñamos que sus cuerpos en realidad no les pertenecen porque tienen que dejar a un lado sus propios sentimientos sobre lo que se siente bien para ellos. Cuando obligamos a un niño a abrazar o besar a alguien, aun cuando él no lo sienta, es, de alguna manera, hacerlo más vulnerable a situaciones de riesgo, sobre todo si tenemos en cuenta el alto porcentaje de casos de abuso infantil en conocidos o familiares del niño, pero cómo educar con respeto a tus hijos en la contingencia? En estos días, hemos sido testigos de cómo han empezado a surgir en los niños emociones como enojo, tristeza, incluso miedo. Además, las circunstancias probablemente hayan propiciado otro tipo de inconvenientes, como peleas entre hermanos y el aumento de berrinches, además de poca motivación para cumplir con lo que les encargan en la escuela.

Hay que tomar en cuenta una cosa: si los cambios de rutina nos afectan a nosotros como adultos, para los niños esto puede ser aún más complicado. Adaptarnos al nuevo orden toma tiempo y es normal que, mientras eso sucede, enfrentemos muchas dificultades para poder desempeñarnos de manera óptima en cada uno de los roles que nos toca asumir.

Ante tales circunstancias, es importante estar conscientes de que podría resultarnos cada vez más difícil mantener la calma. Empecemos por reconocer que la situación es complicada para todos y hagamos un esfuerzo por no sentirnos culpables de ello.

En la situación que enfrentamos, debido a la contingencia, para los niños es de suma importancia recibir contención emocional por parte de sus papás, quienes deben saber cómo responder a sus necesidades y encontrar la forma de estrechar vínculos emocionales con ellos.

Opciones para educar respetuosamente durante la contingencia, sin recurrir al castigo. Organizar una mesa redonda en la que participe toda la familia y entre todos establezcan reglas acordes con la situación. Estas reglas deben tomar en cuenta las necesidades de todos los integrantes. También es fundamental que todos estén de acuerdo con las consecuencias en caso de que tales reglas no se cumplan. Con esta dinámica, los niños de casa sabrán que sus necesidades, así como sus puntos de vista, son tomados en cuenta. Aquí puedes leer más al respecto.

Permite que tus hijos cometan errores y conviértelos, junto con las conductas desafiantes, en una oportunidad para obtener de ello un aprendizaje y desarrollar su inteligencia emocional, así como nuevas habilidades de convivencia. El primer paso es ayudarles a entender lo que están sintiendo. Reconocer las emociones y ponerles nombre. Para ello, puedes valerte de juegos, canciones, cuentos… tu imaginación juega un papel fundamental. 

Los niños necesitan tener claro qué es lo que esperan de ellos. Por eso, la tarea de los padres es plantearles tales expectativas. Ante una conducta inapropiada de tu hijo, déjale ver tu disgusto y sé firme con respecto a las consecuencias.

Estrechar los vínculos con los niños favorece su conducta, ya que ayuda a que estén tranquilos y, por ende, también más receptivos. No sólo eso, esta tranquilidad también será pieza clave para su autocontrol.

Por último, te recomiendo algo que nunca falla: ante la duda, siempre ponte en su lugar y maneja la situación como a ti te hubiera gustado que la manejaran tus padres siendo niño.