Un recuerdo sobre Mario Benedetti

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Su nombre completo: Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti Farrugia, nació el 14 de septiembre de 1920 al igual que el añorado Vicente Sánchez Bragunde en Paso de los Toros, Tacuarembó en la República Oriental del Uruguay. Sus padres Brenno Benedetti y Matilde Farrugia

Y nos entendimos bien por la literatura, pero también por las cosas del futbol. Siempre se confesó hincha de Nacional, entre su vasta obra destacaron cuentos como Puntero izquierdo, donde ofrece la visión de un futbolista abrumado por su situación laboral y su situación económica.

O también El Césped, donde un portero, avergonzado por un gol recibido de su mejor amigo, se termina quitando la vida.

El césped. Desde la tribuna, es un tapete verde. Liso, rectangular, aterciopelado, estimulante. Desde la tribuna quizás, crean que, con semejante alfombra, es imposible errar un gol y mucho menos errar un pase. Los jugadores corren como sobre patines o como figuras de ballet. Quien es derrumbado, cae seguramente en un colchón de plumas, y si se toma, doliéndose, un tobillo, es porque el gesto forma parte de una pantomima mayor. Además cobran mucho dinero por divertirse, por abrazarse y treparse unos sobre otros cuando el que queda bajo ese sudoroso conglomerado hizo el gol decisivo. O no decisivo es lo mismo. Lo bueno es treparse unos sobre otros mientras los rivales regresan a sus puestos, taciturnos, amargos, cabizbajos, cada uno con su barata soledad a cuestas, se puede leer en uno de los pasajes del cuento.

Fue hasta 1953 cuando aparece Quién de nosotros, su primera novela, que, aunque bien recibida por la crítica, pasó casi desapercibida entre el público y tuvo que esperar a la explosión que causó  el volumen de cuentos Montevideanos (1959)       –en los que toman forma las principales características de la narrativa de Benedetti–, especialmente al de su siguiente novela, La tregua (1960), para ser leída con atención. Fue esa última obra, La tregua (en México la hicieron película con Gonzalo Vega y Adriana Fonseca. Antes la habían hecho en Argentina, protagonizada por Héctor AlterioAna María PicchioOscar Martínez hoy muy popular y Norma Aleandro), la que supuso la consagración definitiva del escritor y el inicio de su proyección internacional (la novela tuvo más de un centenar de ediciones, fue traducida a diecinueve idiomas y llevada al cine, el teatro, la radio y la televisión), que corren paralelas a la creciente relevancia de Benedetti como poeta desde el rotundo éxito que disfrutaron sus Poemas de la oficina (1956).

El músico y cantante Daniel Viglietti, íntimo amigo de Benedetti, (hoy ya con el cabello cano y escaso, especialmente en la coronilla. Lamentablemente falleció el año pasado)) permaneció al lado del féretro, como permaneció y actuó a su lado en estupendos recitales.

Benedetti fue un hombre que siempre defendió la alegría en su obra así como en la actitud que tuvo, dijo el músico.

Viglietti planteó también que el objetivo ahora es dar a conocer la obra del uruguayo entre la juventud. En este momento hay que ser un poco alquimista y transformar la tristeza en divulgación en los jóvenes, explicó.

En el plano personal, Viglietti dijo que lo va a extrañar profundamente y me va a faltar siempre. Además, añadió que ya lo están llorando fuera de fronteras.

Sorprende como Idea (Vilariño) y Mario, que nacieron en el mismo año, mueren en el mismo año, muy cercanos. Fueron una pareja de creadores, concluyó el músico emocionado.

Su muerte ya no nos sorprendió debido a que desde el año pasado había tenido varios ingresos al hospital por problemas intestinales, Mario Benedetti, el que nunca fue soberbio intelectual, según me confesó ya en el lejano año de 1977 en el Hotel Emporio, un modesto lugar para hospedarse a pesar de ubicarse en pleno Paseo de la Reforma, en el DF., perdió la batalla ante los embates de la enfermedad.

Lo que sí sorprende, y en mucho es que Uruguay, aquel paisito (expresado por él mismo) la auténtica República Oriental, ha perdido, con el paso de los años, sus figuras más cimeras y representativas en el quehacer de la Literatura, así con altas, por el cúmulo de enseñanzas que nos dejó, no con un libro, sino con varios de los que escribió con esa pasión y ese coraje que le caracterizó por ir en contra del establishment.

De repente, viene hacia mí el recuerdo de esa voz menudita, pausada, sin aspavientos, y con ella el desfile de sus personajes más significativos, Avellaneda, en primer lugar, la única mujer a la que se ha magnificado y se ha convertido en el símbolo del amor más puro y pleno, esa mujer que tiende un puente maravilloso con otra –de papel– claro está y no faltaba más, de la que creó Julio Cortázar, con La Maga, no sabemos si la encontró o no y yo –en lo personal– todavía la busco.

Después de ella el personaje masculino más cercano al pensamiento y a la imagen de este autor desaparecido, Martín Santomé, porque supo desde que estructuró La tregua que la vida del comunismo, o sea la actividad laboral llegaba a su fin con el envejecimiento de las ideologías que no cuajaron y que sólo fueron espacio del pensamiento de los autores que supieron darle fuerza y vigor a ésta.

Montevideanos, otro de las grandes retratos de la clase media del Uruguay y en particular de la que ya había perdido la esperanza y que las nuevas generaciones vieron, en un momento de lucidez, para dejar el terruño, como uno de los elementos que caracterizan al uruguayo pleno, no al vividor, de sentirse que se ahoga con cada ciudad, de cada país que pisa y que ejemplifica, por qué no decirlo, al judío errante, al que no tiene patria, porque desde su pequeñez territorial sólo se fabrican fantasmas.

Después, con la llegada en ese mismo año, 1977, de los demás argentinos a este país que les dio cobijo cuando se necesitaba, pudimos impregnarnos de una voz especial, de un piano esencial y ….si te quiero es porque sos, mi amor, mi cómplice y todo, en la calle codo a codo, somos muchos más que dos.. de los poemas que con amor y sensibilidad pudo cincelar cada expresión para que se acomodara en las notas que Alberto Fabero y su esposaen aquel entonces, Nacha Guevara, magnificó e hizo que se convirtiera en un himno no a la ideología, sino al amor y a la libertad.

En el teatro, nos enteramos de golpe y porrazo lo que significa la picana, el golpeo inclemente del torturador frente al torturado, en donde el encuentro de estos dos personajes, termina uno por conocer la derrota del establisment frente a la defensa de las ideas, como lo estableció en Pedro y el capitáncon una magnífica interpretación del grupo El Galpónencabezado por Blas Braidot.

Murió Mario Benedetti a los 88 años, lo conocí pleno, en su época de lucidez concreta, no lo abordé en los años maduros sino en los años duros, cuando navegaba por los 56 años de edad, cuando vino a nuestro país a ofrecer un recital de poesía en la Facultad de Ciencias Políticas y Socialescuando Gustavo Sainz aún impartía cátedra en la UNAM, me invitó con la advertencia de que no quería periodistas cercanos, y vaya que los había porque eran los tiempos de Julio Scherer en El Excélsior, estaba también Novedades con Elena Poniatowska, El Universal que continúa, pero sin el grupo de Paco Ignacio Taibo, todos rondando por ese auditorio lleno, asfixiante, caluroso porque la emoción de la lectura pasiva, pero no dormilona de Benedetti, al final después de firmar más de 300 libros el hastío hizo presa del autor y quiso que lo dejaran solo.

Gustavo Sainz me pidió auxilio para rescatarlo de esa multitud y al más puro estilo de los esbirros, le abrí paso a bastonazos y petacazos en donde aún guardo mi cámara Minolta y su telefoto, lo rescatamos de ese asedio, sólo vi que alguien abrió una puerta del automóvil, alguien me aventó, después, de sopetón entró Benedetti y al último Sainz para arrancar con velocidad y dejar a la ciudad Universitaria poblada de buenas conciencias por los versos leídos.

Cuando recuperó el aire por la fugaz salida, volteó hacia su izquierda, el mejor lugar, para decirme: gracias compañero por salvarme de los periodistas, le confesé de golpe que era uno de esos periodistas que buscaba entrevistarlo y que ahora no me bajaría del coche hasta que no me diera esa declaración que por años, cuando leí sus más 35 libros, en diferentes ediciones, según los países por donde transitaba, me dijome atrapaste, te voy a dar esa entrevista con una condición: la escribes, me la traes a mi hotel, la corrijo y la publicas, de lo contrario mandaré una carta para decir que nunca te declaré lo que escribas, me hospedo en el Hotel Emporio, en la habitación 154, te espero mañana a las 12 del día.

Recuerdo el largo peregrinar por una ciudad en donde aún se podía transitar sin tanto embotellamiento, dimos muchas vueltas por calles desconocidas, pero los temas que tratamos sí fueron comunes para ambos. Porque los dos dominábamos el temas, con el análisis de sus escritos y él, por ser el autor de éstos.

Al día siguiente, con puntualidad inglesa, me presenté a su hotel, subí a su habitación después de anunciarme y corrigió cada una de las diez cuartillas, no le puso peros a los temas ni a las explicaciones, ésta se tituló: No soy un soberbio intelectual, por cultivar con acierto todos los géneros literarios.

Así era Mario Benedetti, un escritor que supo expresar –en gran medida– lo que  traía dentro y que se opuso –siempre–, a lo que ya se había publicado en su país,  no en balde Emir Rodríguez Monegal le llamó el parricida por matar a sus antecesores en el mundo de la Literatura y crear una obra sólida, descanse en su país, el que me enseñó a leer El Padrenuestro Latinoamericano… Porque estoy más seguro de la tierra que piso, que del cielo intocable que me ignorayporque se atrevió a venderles a los que lo tienen todo, la pobreza, que les faltapero su corazón generoso les dijo… no se las vendo, se las regalo por esta única vez.