Urgencia en redefinir al hombre… una opción

Views: 355

Yo sé quién soy…  y sé que puedo ser es lo que ha expresado Don Quijote. Sin duda Cervantes conocía bien al ser humano y todo aquello acerca de sus autoengaños tal y como la mente surrealista y soñadora del Quijote nos muestra que no es muy diferente a la mía, a la tuya, a la nuestra, a la de ellos, a la vuestra. Hace evidente de lo que en cada una de nuestras historias creemos que somos y en muchas ocasiones como éstas, difieren de la realidad de nuestro ser. Así es que el autoconocimiento nos sirve para darnos cuenta y hacer consciente nuestro ser para no ir como Quijotes por la vida y traer a nuestro espacio un principio que es esencial para el crecimiento espiritual y el desarrollo del ser, se trata del autocontrol, una habilidad de gracia divina. El milagro de todo esto es que el autocontrol se puede entrenar. Y la manera de hacerlo es promoviendo una correcta gestión de las emociones.

 

Sería interesante en estos momentos plantearse la pregunta de qué creo, tomando en cuenta que todo surge de la mente. Habría que decir que el no perderse en proyecciones mentales emocionales, no identificarse con fantasías sobre los acontecimientos diarios, así como no afrontar las situaciones victimizándose o siendo un verdugo  de sí mismos o de los demás  podría tener que ver con un autocontrol de la mente que a través de las acciones, palabras, pensamientos y sentimientos pretenden obtener un equilibrio para lograr una atención eficiente en las relaciones interpersonales e intrapersonales.

 

Para trabajar esta cuestión de un equilibrio para el autocontrol la filosofía oriental nos plantea una meditación en donde la persona va a desarrollar su propia capacidad de autoobservación y lograr ser un experto en tener la habilidad de una constante atención sobre sí mismo y al tiempo desarrollar en consecuencia un equilibrio en su conducta externa con el fin de conocer y expresar la sabiduría y el amor propio, siempre alineándose con las responsabilidades de la vida cotidiana. Sin embargo, hay que señalar que esto es un proceso que tiene también un carácter pedagógico y de aprendizaje. En una parte inicial se puede saber cómo identificar el mundo mental y emocional, de esta manera comenzar a hacer consciente el hecho de que una mente no entrenada trabaja en automático y de forma caótica al relacionarse con los eventos de la vida cotidiana.

 

Entonces el meditador debe entender que el problema no es pensar, sino ser pensado, esto sucede cuando no hay control de los pensamientos y de las emociones, ellos son los que controlan y llevan a un desequilibrio que tiene que ver con pensar sin ninguna relación con los hechos del momento presente, sino más bien con suposiciones fantasiosas e imaginativas. Así es que a la hora de entablar un diálogo interno, el pensamiento siempre debe estar alineado con el momento presente en que se produce el evento y en ningún otro tiempo o espacio. Sólo aquí es donde se pueden encontrar soluciones reales. Es fundamental el tener claro el situarse siempre en el aquí y ahora.

 

He tenido la oportunidad de practicar y aprender de las artes marciales y tienen en común con las enseñanzas del autoconocimiento y la búsqueda del equilibrio la creación y la concentración de la energía de tal forma que podemos exteriorizar la energía positiva de nuestro cuerpo, la podemos observar y recargar. Por ejemplo, durante un combate nuestro espíritu no debe ser influido por ningún movimiento del adversario, por ninguna de las acciones de su cuerpo y de su espíritu. Nuestro espíritu debe dirigirse de forma libre, no tener la esperanza de atacar al adversario. Ni dejar de prestarle atención. Hay que estar totalmente atento de momento a momento.

 

En la vida cotidiana es lo mismo. Hay que estar atentos al aquí y ahora: donde se encuentra todo. Por ejemplo, hay quienes sólo piensan en el dinero, pero pierden el honor, algunos, tal vez, sólo piensan en el amor, pero pierden su energía. Por ello es que debemos volvernos libres y dejar a un lado todo apego y así volver a donde tenemos todo: aquí y ahora. Recordemos que un suspiro en el amor, es, y cuando pasa, ya no volverá a ser jamás.