Urgencia en redefinir al hombre… una opción

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El hombre puede renunciar a todos los placeres que quiera,

pero no va a renunciar a su sufrimiento.

Sin embargo…

La constante conciencia de la inevitabilidad de la muerte

es el único medio para adquirir la urgencia para redefinir al hombre.

 

Se trata entonces de un intento, más aún, de una certeza de vivir tras un orden diferente. No tiene sentido perder el tiempo en el conocimiento y el esfuerzo real de la transformación a mi mejor versión si no estoy dispuesto a pagar los precios y con el compromiso de incorporar a mi vida diaria estos esfuerzos. Tal vez en lo propuesto por el llamado cuarto camino se encuentren algunas herramientas para alcanzar la liberación, el despertar. De acuerdo con esta visión no estoy en mi mejor versión porque me he encontrado en una prisión, por tanto a lo único que podría aspirar, por el momento, es a escapar y eso si aún conservo un poco de sensibilidad que me permita tomar conciencia de que me encuentro en esa situación, en prisión.

 

Sin embargo, pareciera complicado hacerlo solo dado la complejidad de atravesar muros y muchas otras trabas un tanto laberínticas. Se requiere por tanto ayuda del exterior. Esto sería como una metáfora del despertar, en donde pienso que puedo tomar ciertas decisiones y así actuar en consecuencia. Pero en realidad no estoy controlado por las decisiones internas sino por influencias externas. Si la decisión interna corresponde a la externa lo haremos.

 

Estas ideas del cuarto camino, fueron traídas al occidente por George Ivanovitch Gurdjieff como un nuevo método para completar la transformación personal interior, que de acuerdo con esta visión, es la única tarea que vale la pena para tomarme en serio en esta existencia. Entonces, esto que he llamado despertar o transformación para mi mejor versión tiene unos orígenes muy arraigados en el mundo de la antigüedad. Si damos un clavado a la historia de la humanidad en este planeta, tenemos, por ejemplo que, tal vez hace ochenta mil años el primer ser humano asumía una relación funcional de trabajo con el absoluto, así como con otras fuerzas superiores.

 

Esto me da la pauta para señalar la utilidad de recorrer mi vida desde un punto de vista de que las cosas suceden, aun cuando a veces éstas se expliquen como accidentes. Sin embargo cuando suceden de particular forma soy llevado como en la avenida de un río por la corriente y más aún, me hace creer que yo, llevo a la corriente. Entonces algunas cuestiones están determinadas, otras lo están menos, otras en mi poder si soy capaz de transformarlas y para ello requiero saber que puedo hacerlo. Al parecer todo es relativo. De esta manera creo que sólo es posible llegar más allá cuando emocionalmente comprendo que en la vida real del ahora, todo sucede. Así es que cuando trabajo interiormente las cosas fuera de mí, el mundo exterior continuará sucediendo.

 

Observar es siempre de utilidad, pero mientras deje que las cosas sucedan en mí, no podré controlar nada afuera. El milagro es que puedo controlar mi propia reacción mental hacia los acontecimientos que estén fuera de mi control. Con el tiempo descubriré que puedo controlar cada vez más, no podré hacerlo con todo, pero si con algunos hechos externos. También es claro que no hay oportunidad de nada sin escuela ni conocimiento, sin esfuerzo es inútil. A veces no comprendo hasta dónde una cosa en mí está conectada con otra. Todo está conectado y no puedo siquiera pensar fuera del las cosas suceden. Al parecer no se trata de rivalizar entre hacer o no hacer. Más bien tiene que ver con la intención de hacer y la de entender.

 

En esta segunda es en la que hay que concentrarse buscando encontrar lo que puedo controlar en mí. Una idea muy prolongada se podría convertir en su opuesto, por ejemplo, si me convenzo en demasía que no puedo hacer nada, lo que descubriré es que no puedo hacer nada. Ahora debería preguntarme si lo que una persona piensa de sí misma es congruente con lo que es en realidad, o por ejemplo, lo que he visto en el de su personalidad de acuerdo a su nivel académico, su actividad laboral o simplemente su etiqueta social. Diría que cada persona, incluyéndome, es recibida en este mundo como una hoja en blanco, pero más tarde mi entorno comienza a rivalizar y así llenar con  escritos, que tal vez aplasten y desfiguren mi autenticidad.

 

Escritos a los que podría resumir como creencias, mitos y tradiciones. Estos serían pues, tal vez los de mayor impacto, pues sin duda se han convertido en parte de mi moralidad y sentimientos, por ejemplo de honor, deber y conciencia. Y así pasito a pasito mi hoja se ha ido ensuciando, he pretendido que la he llenado de méritos. Pero ha sido al servicio del deber. Sin  embargo, qué pasa con mi humor cuando al levantarme por la mañana mis cosas no aparecen donde mi hojita lo configuró, qué sucede cuando se me hace tarde abro la cochera y un auto patrulla o una camioneta de ultimo modelo con una emperifollada mujer no me permite el paso, y apenas comienzo el día.

 

Ahí es cuando me doy cuenta que no soy libre ni en mis manifestaciones ni en mi vida. Así que cada vez pienso que no quiero ser la persona que se irrita por trivialidades y se enreda en todo su entorno. Pero parece que la historia se repite una y otra vez, cambiando la historia pero sin dejar de ser la misma. Entonces este ser deseado sólo se obtiene a través del conocimiento de (de mi) y de esta manera trabajar sobre mi en la dirección que este indique. Entonces aquellos humores que hemos dicho me violentan la libertad también me dejan sin fuerza y sin la posibilidad de ser objetivo y libre que sin duda son dos cualidades indispensables en el camino del conocimiento de si. No es una tarea fácil. Se requiere de una serenidad pero no la que se asoma bajo ademanes reprimidos, cejas fruncidas, labios arrugados o palabras filtradas entre los dientes; sino de la que significa determinación y persistencia en la búsqueda, intensidad y constancia, que aún cuando me encuentre descansado continúe el trabajo, como si se tratara de mi más grande sueño, que de hecho, lo es.