¿Vida justa?

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Frecuentemente, por cómo se presentas las cosas en la vida cotidiana, nos
hacemos esta pregunta; ¿la vida es justa?
El sentido común nos diría que lo es en la medida en que actuemos con la
prudencia, esmero y dedicación suficiente; sin embargo, la realidad nos ubica y
acabaremos por reconocer que no, por diversas razones, la vida acaba por ser
tremendamente injusta.
¿Por qué la aseveración?, porque seguramente conocemos, por ejemplo, a
muchos estudiantes que, entregándolo todo, haciendo su mejor esfuerzo,
demostrando en el día a día que son comprometidos, y que incluso culminan sus
estudios profesionales o de posgrado, ni siquiera son merecedores de un
felicidades de personas que, en el discurso, dicen que les aman profundamente.
En paralelo, estudiantes que, sin compromiso, irresponsables, mentirosos, sin el
deseo concreto de forjarse un futuro, acaban recibiendo apoyos, reconocimiento,
ayuda y aplausos de todo el mundo. Eso acaba por generar la percepción de que
de nada sirve hacer bien las cosas, al final del camino, esforzarse pareciera no
merecer ni siquiera un bravo.
Datos recientes: recién pasamos por el Día de la Madre, y con certeza conocemos
casos de muchas damitas se cuelgan de la fecha y creen que merecen todo tipo
de reconocimientos; invitaciones a comer, regalos y llamadas, cuando en los
hechos son o han sido increíblemente inconsistentes, pues nunca han estado con
los hijos, priorizan sus relaciones sociales o trabajo por encima de ellos o ni
siquiera saben las tareas que los retoños tienen en el día a día. Además, nunca
han velado por su bienestar e incluso tienen hijos fuera de control que ni siquiera
llevan una relación armónica entre ellos; todavía peor, muestran favoritismos
evidentes por uno de sus hijos, por encima de los otros que, en sentido estricto,
también merecen atención.
Lo curioso es que, aún con esas conductas, esas mujeres reciben esas atenciones
y más, mientras que madres mucho más comprometidas, que siempre estuvieron
al pendiente, que renunciaron a muchas cosas personales, que conocen a
cabalidad a sus hijos, que siempre están en la disposición de apoyarles, que
pueden dormir tranquilas porque sus hijos llevan una historia de vida adecuada e
incluso no han perdido la capacidad de atender a sus seres queridos, por designio

social no merecen ese reconocimiento porque la vida no debe premiar al que hace
las cosas bien, sino al que falla.
Y en ese tenor muchas otras cosas, aplausos para el que termina una licenciatura
en 6 años y abucheos para quien termino y se tituló de un doctorado; bonos
adicionales para el que llega tarde 4 días a la semana y despido para quien nunca
tuvo siquiera un retardo; reconocimiento y defensa para el que nunca está en su
casa por la noches y reclamos para quien atiende sus obligaciones.
No, la vida no es justa; es tremendamente cruel. Aun con ellos, seguiré pensando
que en algún momento, alguien (incluso Dios) acabará por poner a cada quien en
su sitio. Lo único que no podemos perder es la fe.
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