¡Viva México!

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En esta semana de orgullo patrio, y a pesar de tantas cosas que nos deprimen, debemos tener conciencia de lo afortunados que somos por haber nacido en esta tierra ancestral, poseedora de una riqueza cultural inigualable.

 

Es un espacio lleno de contrastes, sin duda; pero no podemos dejar de luchar por tratar de hacer valer lo grande que somos cuando nos lo proponemos; todavía somos muchos más los buenos que los malandros.

 

Es cierto que es el México de las tranzas, de la corrupción, de los gobiernos insensibles, de las rifas que no son rifas, de la incongruencia, del apañe, de los gobernadores que no saben sumar, de los diputados impresentables, de los pasquines inmundos, de los conservadores, de los intelectuales orgánicos, de los que se les caen los sistemas, de los del orgullo de su nepotismo, de los que exigen justicia para las hembras de todas las especies, de las aportaciones, de la austeridad republicana, del comes y te vas, de los que no salieron en la foto porque se movieron, de los que defienden el peso como perros y hasta del americanismo.

 

Imposible olvidar los osos penosamente mexicanos, como aquel sujeto que en estado de ebriedad (Rodrigo Rafael Ortega), decidió orinar sobre la llama eterna en el arco del triunfo en Francia, o aquel otro que jaló la palanca de emergencia del tren bala en Japón, siendo la única vez que eso ha sucedido en la historia.

 

Afortunadamente esta también es la tierra de Rulfo, Fuentes, Paz, Tamayo, Álvarez Bravo, Poniatowska, Sabines, Arreola, Spota, Castellanos, Reyes, Pacheco, Azuela, Villoro, de Neuvillate, Iñárritu, del Toro, Cuarón, Franco, Fernández, Ripstein y de la Mora.

 

Orgullo inigualable por ser la tierra del tequila, del mezcal, de los moscos toluqueños, del agua de horchata, de la cerveza sudadita, de la michelada, del pulque, de la damiana, de los curados, de la raicilla, de la charanda, del sotol, de la bacanora, del posh, de los toritos, de la tuba, del xtabentún, del chocolate, del champurrado, del atole, aunque sea con el dedo.

 

Si de comer se trata, hemos proyectado los tacos (dorados y suaves), las tortas (ahogadas y secas), los tamales, los tlacoyos, las flautas, los huaraches, las gorditas, los sopes, las enchiladas, los pambazos, los esquites, las quesadillas (aunque no lleven queso), las guajolotas, los panuchos, las tulancingueñas, el pozole, el menudo, la panza, las semitas, el agua chile, los huauzontles, las banderillas, sólo por mencionar una pequeña muestra.

 

Sin dejar de lado los acitrones, las alegrías, las cocadas, el arroz con leche, la capirotada, las jericallas, las marquesitas, las coyotas, las palanquetas, los buñuelos, los churros, el ate con queso, las morelianas; las conchas, los cocoles, las chilindrinas, los cuernitos, los moños, las teleras y hasta los mamones (literal y metafóricamente).

 

Con todo y todo somos únicos; sólo aquí hay cientos de tocayos (güeyes o güeyas), solo aquí tenemos una visión del tiempo clara y contundente (al ratito) y valoramos en diversos ámbitos el significado de madre.

 

Por todo esto y más, ¡Viva México!

 

 

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