Vocación extraviada  

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Mi labor profesional me ha dado la invaluable oportunidad de dar talleres, cursos, seminarios, módulos académicos y conferencias a docentes de todos los niveles educativos. En ese devenir, sorprende la gran cantidad de profesores (afortunadamente una aplastante mayoría) que tienen claro su compromiso, y se esfuerzan en el día a día por dar lo mejor de sí en beneficio de sus estudiantes.

 

El otro lado de la moneda, en personas que, con sinceridad absoluta, no entiendo cómo se atreven a llamarse formadores, cuando sus conductas y probidad distan de los valores mínimos universales, y ofrecen mensajes que no sólo no ayudan a la construcción de mejores seres humanos, sino que además confunden.

 

Casos y ejemplos hay muchos; como aquellos que, porque tienen un grado académico, se sienten con el derecho de pendejear a sus alumnos, por el simple hecho de no pensar como ellos esperan.  En el mismo tenor, quienes tiene que estar restregando a sus pupilos lo exitosos que son porque hicieron, lograron, compraron, obtuvieron, y demás falacias innecesarias. Hemos insistido en este espacio que a mayor conocimiento, mayor humildad, sobre todo frente a grupo.

 

Docentes que se sienten divos y exigen transporte para considerar la posibilidad de tomar o no un grupo escolar de trabajo, particularmente en los esquemas modulares; con exigencias de privilegios que, citando a los clásicos, no tiene ni Obama.

 

En educación básica, media y media superior, las cosas no son del todo agradables; encontramos casos de profesores que son capaces de decir a sus alumnos, sin recato alguno que lo que diga la profesora fulanita de tal, me tiene sin cuidado, haciendo público un descontento que tendría que solucionarse en privado.

 

Muchos que viven de la improvisación, y sin un plan de trabajo predeterminado, piden y piden trabajos a sus estudiantes, uno tras otro, sin una rúbrica precisa, sin un objetivo planteado, con la única intención de mostrar que son profesores de excelencia porque hacen mucho.   Esto es deshonesto, porque si bien los esquemas educativos modernos exigen una mayor participación del estudiante, la tutoría del responsable del grupo en ineludible. No se trata de que hagan sin una meta concreta.

 

Créalo o no, casos de profesores misóginos que sin filtro de por medio, externan dentro de los diversos foros escolares, con alumnos y colegas que las profesoras tendrían que estar agradecidas con nosotros porque les damos la oportunidad de trabajar junto con nosotros, cuando ellas están para cuidar niños y hacer tareas escolares.  Per se, esto es una postura medieval, pero lo más grave del asunto es que la propia autoridad escolar lo sabe y, volviendo a citar a los clásicos, nadie hace nada.

 

Y conste que no hablaré de los sindicatos, en ocasiones tan contraproducentes en educación, porque eso, diría la nana Goya, es otra historia.

 

En síntesis, esa minoría con la vocación extraviada es suficiente para que todos los demás docentes, sin deberla ni temerla, quedemos dentro de esa canasta de inconciencia y falta de compromiso.

 

Lo bueno, creo que podemos ayudar a que eso cambie, ¿o de plano no?

 

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