Voces que no se apagan

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En la magia de las lenguas que son preciosas para nosotros, los que no somos hablantes nos maravilla su alquimia, es significativo escribir a los pueblos que por más de quinientos años se han resistido a morir en su pensamiento más íntimo, podemos rescatar de las ruinas de un pueblo que condena al sonido a ese silencio, a ese sentir que ya no pronuncian a sus hijos.

 

La Antología poética bilingüe (Español-Otomí) Voces que no se apagan reúne a treinta poetas mexicanos de diferentes Estados de la República Mexicana, entre ellos Chihuahua, Zacatecas, Ciudad de México y por supuesto Estado de México. Poetas que escriben sobre sus vivencias y conocimientos sobre los pueblos originales, este libro es parte del proyecto ” Porque cuando muere una lengua muere un universo” el primero de una serie que será un reto, en otras lenguas, como: el náhuatl, maya, mixe, zapoteco, mazahua y más.

 

Este libro se adentra en el mirar del hombre y la mujer que han nacido dentro de un pueblo que pide permiso al árbol para tocarlo, que abren su ser para entender algo que desconocen y que sienten los latidos de la tierra con sus pies descalzos.

 

En esa cosmovisión de un mundo ajeno se rescata el sonido de aquel silencio en el poema de Alma Lucia García Hernández, se continúa salvando nuestra voz original de Luis Antonio Aranda Gallegos, se cuentan anécdotas de: El viejo en el monte, de Perla Berenice Bernabé. En ese ambiente nace el conjuro de Ehécatl, de Martha Lujano Valenzuela, en esta actualidad tu origen mazahua es descubierto ante los ojos de María Guadalupe Carbajal Martínez. Nace en medio de ese universo el grito de esa imprecación de Susana Argueta, en ese mito que se hace palpable también Brianda Velázquez puede manifestarse al igual que Brenda Berenice es portavoz de esta cultura que la enorgullece y en ese caos de Dionicio Munguía dioses se congregan en los cuatro elementos de la tierra para admirar a la mujer colibrí de Diana Hernández.

 

Somos hoy, los no hablantes, los que nos descubrimos orgullosos de nuestras raíces perdidas en generaciones y generaciones que aún tienen eco en nuestros oídos y podemos preservar esas costumbres que prevalecen cuando un niño nace y se entierra el ombligo bajo el árbol, esas tradiciones de esperar que vuelvan los muertos por una noche a convivir con nosotros, coman y beban sus alimentos favoritos. Sólo el camino de las hojas de cempasúchil los guiará con sus seres queridos y a la luz de una vela sus pasos serán iluminados.

 

En este presente germinan las palabras de poetas que en sus voces nos dicen este es mi mundo como Pablo García García del que no es ausente, esas raíces que están en todos los lugares de México de Gabriela Jiménez Vásquez, aun la mujer bordadora del estado de Hidalgo continúa su hilar de pensamientos de Ernestina Guerrero Chávez, hay un sitio que guarda memoria de un atardecer entre piedras de Lupita Tzibi y se sigue realizando el festejo raramuri que manifiesta Olga Hernández Natividad en la sierra tarahumara, expresar con orgullo ¡soy otomí! Como lo hace Gabriela Uribe es motivo de alegría. No se olvidan mujeres y hombres de raíces de Eva Hilda Cuevas Ruiz, en tierra azul sigue de Obdulia Ortega con ese canto lunar de Bárbara Durán Cruz donde están presentes las abuelas con su sabiduría.

 

La función de este libro bilingüe es la preservación de nuestras lenguas originales con la creación de literatura en dos lenguas. El español como idioma institucionalizado por ley en México ha mermado el número de lenguas que nos dan identidad en el mundo por esa riqueza cultural que guardan.

 

Así en esa preocupación poetas como Violeta Lara nos dan a conocer el insomnio cenzontle con sus cuatrocientas voces que no se apagan, en el pueblo Nñahñu de Lola Gutiérrez que está presente en el centro de la República Mexicana en estados como: México, Hidalgo, San Luis Potosí, Michoacán, en esos lugares los dioses no sean ido manifiesta Silvia Margarita Vázquez Torres. Y Jessica García se ha olvidado de cómo decir mariposa en la lengua de sus ancestros. Cleo Gordoa nos muestra mis pames y su montaña aún existen y siguen hablando su lengua, nunca olvide de Cesar Cerón lo que le enseñaron sus abuelos. Na fénix Xonacatlan lugar donde ha vivido sus últimos años Arnulfo López Gómez y rescata esos significados de la lengua Otomí, Elianne Santiago en su añoranza por su origen zapoteco ladxido  que significa corazón en esa lengua poema que dedica a su abuelo materno de Juchitán Oaxaca. La perpetuidad del eco de Guadalupe M. Fierro Almazán continúa por siempre para que nunca se deje de hablar las lenguas originales de México en el color de mi tierra en el poema de mi autoría de esta antología.

 

Es importante mencionar que este texto bilingüe no se hubiera llevado a cabo sin la traducción de la maestra Margarita de la Vega Lázaro, orgullosamente de padres otomíes. Preservadora de la lengua por medio de su enseñanza en diversos lugares de los municipios aledaños a Toluca.

 

Recordemos que en el mundo cada quince días muere una lengua, cuando eso sucede se extermina un universo cósmico en palabras y pensamientos. El lenguaje está vivo en quien aún lo pronuncia, lo piensa y lo vive. El último hablante no está solo.