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Tengo sus dos monosílabos secuestrados

su sí y su no

dentro de mis manos,

empuñando para retenerla

como un hilo de pescador invisible

con su cordel y anzuelos de albaricoque

por si acaso el destino empiece a jugar de nuevo…

Y pensar, que para leerla hay que tener la velocidad

de un intrépido colibrí

Y en su parpadear verás que ojo guiñó

para poder mirar si te está dando el no o el sí

El problema, también aparece cuando cierra

los ojos y le has provocado ese suspiro ronco

cuando las pieles se juntan

y sientes como te sumerges

cómo entras,

cómo ingresas

cómo abres esas puertas

donde habita ese corazón húmedo que probé

alguna vez,

hasta que de pronto

el campo se vuelve azul,

sus párpados se abren

el abrazo se cierra,

y es que ella acaba de llegar

a puerto,

enroscada en ese segundo salvaje donde vibró

como el Etna, secretamente,

como devota amante que ha cumplido

con el rito que el placer le da

untándola,

hirviendo de temperatura,

con la taquicardia del quizá

Y yo sigo ahí.

para mantenerla viva, arriba

donde el placer, segundo a segundo

es pan de cada día,

y su respiración agitada me lanza un sí,

y así, la llamada vida,

transcurre,

esperando a que nunca caiga el telón,

como en ese otro tango que empieza con

Yo adivino el parpadeo de las luces

que a lo lejos van marcando mi retorno