Yo soy mi declaración… el compromiso de mi más grande sueño

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¡No fue mi culpa, había mucho tráfico! y así se podrían poner miles de excusas para justificar que no se cumplió un compromiso, pero esto cómo funciona: si pienso en una rueda de bicicleta y que cada uno de los rayos que le da estructura es un compromiso, cada vez que no cumplo, debo de quitar uno de ellos, de tal suerte que llegará un momento en que la rueda no podrá avanzar. Así es que debemos plantear que hay dos actitudes que se pueden tomar al respecto: una es la de víctima, que a través del juicio y del control del ego tomará las riendas y su único desenlace será no avanzar y de ahí al sufrimiento. La otra postura es la de asumir mis consecuencias, hacerme cargo y atravesar lo que se requiera para cruzar al otro lado del abismo si este fuera el caso. Si estuviera en un río, éste además de agua lleva una corriente por la que van transitando una gran cantidad de personas que se rigen sistemáticamente por la primera actitud. Así es que puedo seguir la corriente y dejarme arrastrar, imposible ir en contra de ese inmenso río. Sin embargo, sí me puedo poner de pie, asumir la segunda actitud y generar un contexto en el que más personas se paren en la corriente.

 

El ser humano se pasa la vida justificando y buscando culpables para no tomar en sus manos la responsabilidad de lo que ocurre a su alrededor, victimizándose y dejando así su destino en manos de otros. En apariencia, esta postura nos da una recompensa secreta, de otra manera no la adoptarían tantas personas. Así es que esta postura tiene una ganancia, al no ser responsable de lo ocurrido, no hay castigo aplicable. Es una búsqueda de la inocencia para que la persona no sea responsable. Por ejemplo, pareciera que es el tráfico el responsable de llegar tarde y no la poca previsión de la persona para salir con antelación si se sabe que hay muchos automóviles circulando. Sin embargo, se pasa por alto que a la larga se paga un precio alto con la actitud de víctima. Cuanto más se instale esa postura en la vida de la persona, más pierde su propio poder que cede de manera inevitable al no tomar la responsabilidad de sus actos. Aquella supuesta recompensa secreta en realidad son migajas y esto conduce hacia un estancamiento vital entregando el poder a las circunstancias externas para lograr un resultado diferente, una transformación que nos permita cumplir nuestros compromisos que normalmente tienen que ver con nuestros más grandes sueños.

 

Ahora bien, valdría la pena hacer algunas distinciones antes de hablar de la segunda postura. Se trata de términos que tienen que ver con el hacer del ser, ya sea para apoyar o como barrera de acción. Por ejemplo: una expectativa que pueda tener una persona en una relación interpersonal es unilateral, tiene que ver con, cómo espera y desea que sea la otra persona, aunque nadie le haya prometido nada y si la otra persona no responde a sus expectativas, se queda en el resentimiento. Se buscan culpables que normalmente son los maestros de vida: mamá y papá. Los primeros victimarios. En contraparte, el compromiso es un acuerdo. Nos obliga a dar cuenta de lo dicho, que cual declarado es de manera voluntaria. En el compromiso hay una motivación implícita. Puede ocurrir, y ocurre, que aún si la motivación desaparece, seguimos asumiendo los mismos compromisos porque los hemos tomado como una obligación.

 

Si no cumplimos se nos puede reclamar, somos protagonistas, y además, en lugar de buscar culpables nos convertimos en responsables. Aquí es pertinente otra distinción, una queja se realiza cuando tenemos expectativas, la queja es inmovilidad, no podemos reclamar aquello que no hemos acordado. En contraparte, el reclamo se da cuando hay compromiso, es acción, se reclama el cumplimiento del compromiso. De aquí pasamos a que la víctima, la persona que vive la primera actitud, no asume responsabilidad por lo que no es posible reclamarle nada, frente a quien asume su responsabilidad que es parte del problema, pero sobre todo, también de la solución, es parte activa. No hay que confundir al responsable con el culpable, siendo este último el chivo expiatorio dónde depositar la razón de mis males, es cargar a otro con mi responsabilidad. Ser responsable es una elección. Es asumir la capacidad de acción, de responder, ser parte del problema implica ser parte de la solución en nuestras formas de ser. Hay que decir que también la victimización es una elección, en ambos casos habrá consecuencias. A mi forma de ver, éstas pueden ser migajas o los más grades sueños.

 

El segundo modelo de actitud es el de responsabilidad ante los actos cometidos, este tiene un discurso diferente, en el ejemplo del tráfico, la frase sería: no tomé la precaución suficiente para salir con mayor tiempo, dado el tráfico que hay, por lo que llegué tarde. Y aquí es donde se toma en cuenta lo aprendido para al siguiente día, salir con más tiempo y no tener dificultades para cumplir con los compromisos. Aquí se pone a la persona como centro del suceso, como actor principal, y así, al tomar responsabilidad de sus actos, se pueden cambiar los resultados y pasar de una situación desagradable a una constructiva y agradable.