16 de septiembre de 1810

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La fecha que cambió la historia de México. Fecha que hizo nacer una nación de facto, aunque no por ley. Fueron once años de dura lucha contra el invasor que tenía raíces profundas en nuestra patria, pero tuvo que irse por la fuerza, nunca por las buenas. Pues todo ladrón se acostumbra a que lo robado le pertenece, aunque los hechos humanos le digan que ha robado y sigue robando a quien le pertenece lo que tiene. Lucas Alamán se queja porque le cambiaron su bienestar de aristócrata rico y acomodaticio. José María Luis Mora se preguntaba si fue correcto dejar la mano de mando de los españoles por la anarquía que para fines de la década de los veinte del siglo XIX imperaba por doquier: economía un desastre, sociedad una revoltura y segregación permanente de los españoles que estaban que se iban y seguían amarrados a sus propiedades, política, en esta área de la vida mexicana los tristes papeles que se veían, hacen decir a José María Heredia en la década de los treinta, que era un triste espectáculo que, en donde debía existir la democracia y la libertad, sólo había la rebatinga, la ambición por el poder político y económico, y la vergüenza de querer el mando sólo para ayudar a los de su clase y en contra de todos los demás: el ejemplo más triste es el del dictador José Antonio López de Santa Anna que por diez veces ocupó la presidencia sólo para terminar siendo defenestrado ante su ineficiencia y facciosa manera de mandar en el gobierno.

 

La fecha del 16 de septiembre de 1810 es una fecha sagrada para los mexicanos. De ella dan cuenta los discursos de José María Heredia y Heredia, cubano-mexicano que vivió sus últimos años en nuestra patria, muriendo por tuberculosis a los 35 años con cinco meses y 7 días. Habiendo nacido en Santiago de Cuba, el 31 de diciembre de 1803. Fue un niño prodigio que destacó por su preclara inteligencia. Por su honestidad a toda prueba que le ubica entre los liberales más sinceros en ese comportamiento. Él y los discursos de Ignacio Ramírez El Nigromante nos recuerdan de la proeza realizada por el pueblo mexicano para alcanzar su independencia entre el 27 y 28 de septiembre de 1821.

 

Tales discursos son legendarios. También lo es el poema de don Andrés Quintana Roo, nacido en Yucatán en el año de 1787 y fallecido en ciudad de México en 1851, conocido por muchas cosas hechas en favor de la lucha insurgente, pero también por haber sido esposo de la mujer brillante doña Leona Vicario. En el libro Antología 200 años de Poesía Mexicana / para conmemorar el Bicentenario de la Independencia de México y el Centenario de la Revolución Mexicana, aparece el poema que lleva por título Dieciséis de septiembre y el mismo dice: Renueva ¡oh Musa! El victorioso aliento / con que, fiel de la patria al amor santo, / el fin glorioso de su acerbo llanto / audaz predije en inspirado acento, / cuando más orgulloso / y con mentidos triunfos más ufano, / el ibero sañoso / tanto ¡ay! En la opresión cargó la mano, / que el Anáhuac vencido / contó por siempre a su coyunda uncido. Los discursos de Heredia y de Ramírez hablan de la oratoria patriótica que en ellos tuvo sus principales representantes. En la poesía lo escrito por Quintana Roo sigue soportando el peso de los años y sigue teniendo la juventud que da la ilusión por la fecha que es gestadora de una nueva nación en el contexto del mundo del siglo XIX.

 

Se dice fácil, pero no lo es. Costó tal libertad miles y miles de muertes. Sigue contando en sus versos el yucateco: Al miserable esclavo (cruel decía) / que independencia ciega apellidando, / de rebelión el pabellón nefando, / alzó una vez en algazara impía, / de nuevo en las cadenas, / con más rigor a su cerviz atadas, / aumentamos las penas, / que a su última progenie prolongadas, / en digno cautiverio / por siglos aseguren nuestro imperio. / ¿Qué sirvió en los Dolores, vil cortijo, / que aleve pastor el grito diera / de libertad, qué dócil repitiera / la insana chusma con afán prolijo? / Su valor inexperto, / de sacrílega audacia estimulado, / a nuestra vista yerto / en el campo quedó, y escarmentado, / su criminal caudillo, / rindió ya el cuello al vengador cuchillo. La poesía es un recuento de la historia a través de la palabra. Es en la palabra que se regocija, es en ella que sufre los hechos del corazón y de la sensibilidad que lo mismo le duele le herida infringida por el enemigo, que aquella que le viene de la amada.

 

El poema de Andrés Quintana Roo está ahí, para quien desee leer los sucesos dolorosos donde Miguel Hidalgo es muerto por sus odiados enemigos, que no le perdonan haber levantado a un pueblo, siendo la chispa que toda revolución necesita para alzarse y con los mayores dolores así alcanzar el triunfo ante los invasores de toda laya. Escribe: Cuál al romper la Pléyade lluviosa, / el seno de las nubes encendidas, / del mar las olas antes adormidas / súbito el austro altera tempestuosas; / de la caterva osada / así los restos nuestra voz espanta, / que resuena indignada… / y recuerda, si altiva se levanta, / el respeto profundo / que inspire de Vespucio el rico mundo. Cultura destacada la de Quintana Roo, dominio del lenguaje que viene por el sendero de las voces latinas que seguramente fueron en sus letras el magisterio para ser un destacado jurista, y un poeta del siglo XIX. Poema publicado en diversas antología del siglo XIX, por ejemplo leo el texto titulado Antología de poetas mexicanos, Publicada por la Academia Mexicana correspondiente de la Real Española en el año de 1894, contiene con algunas diferencias la voz del poeta en una versificación que de corrido cuenta con letras bellas lo que representa la voz de un siglo y de una gesta heroica que vio morir a Hidalgo, Morelos, Matamoros, Bravo, Jiménez, Alquisiras; es decir, siguiendo la ley, que dice que sus principales líderes de toda revolución o gesta libertaria, han de ir entregando su vida como ofrenda de dicha lucha. En el libro de la Academia leo: ¡Ay del que hoy más los sediciosos labios / De libertad al nombre lisonjero / Abriese, pretextando novelero / Mentidos males, fútiles agravios! / Del cadalso oprobioso veloz descenderá a la tumba fría, / Y ejemplar provechoso / Al rebelde será, que en su porfía / Desconociera el yugo / Que el invicto español echarle plugo. En la edición actual, desaparecen las mayúsculas de cada verso, y se separan los párrafos en los puntos y aparte. Bello es leer en la edición de 1894, reeditada en el año de 1971, en el centenario de la Academia Mexicana.

 

Quintana Roo compone un extenso poema para recordar una fecha: Así los hijos de Vandalia ruda / Fieros clamaron cuando el héroe augusto / Cedió de la fortuna al golpe injusto; / Y el brazo fuerte que la empresa escuda, / Faltando a sus campeones, / Del terror y de la muerte precedidos, / Feroces escuadrones / Talan impunes campos florecidos, / Y al desierto sombrío / Consagran de la paz el nombre pío. / No será empero que el benigno cielo, / Cómplice fácil de opresión sangrienta, / Niegue a la patria en tan cruel tormenta / Una mirada de consuelo. / Ante el trono clemente / Sin cesar sube el encendido ruego, / El quejido doliente / De aquel prelado que inflamado en fuego / De caridad divina, / La América indefensa patrocina. Bajo las leyes de la mitología latina es que el vate expresa su elocuencia por esta gesta. Lo hace con el corazón en la mano, y por lo mismo, dicho texto es una joya literaria e histórica del siglo XIX, se dice fácil, pero en el mundo de los escritos es muy difícil hacer algo que se convierta en un clásico, y este poema dedicado a la fecha del Diez y Seis de Septiembre como aparece en esta edición, refleja el amor a la patria. Padre amoroso, dice, que a tu hechura, / Como el don más sublime concediste / La noble libertad con que quisiste / de tu gloria ensalzarla hasta la altura… Leer tal poema es lección de civismo, de orgullo por nuestra mexicanidad.