50 Aniversario luctuoso del poeta Josué Mirlo

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¿Por qué será tan redondo ―pensé― si lo más común

es que los poetas sean largos y secos?

Alfonso Sánchez García

Retrato de Josué Mirlo.

 

El próximo 27 de diciembre Genaro Robles Barrera cumple 50 años de fallecido. Murió el año que provoca sentimientos encontrados a los mexicanos: 1968. Había nacido 67 años antes, el 10 de julio de 1901, en la entonces Villa de Capulhuac, la hoy considerada “Capital Mundial de la Barbacoa” (¿será esa una clave para dar respuesta a la pregunta de por qué será tan redondo?).

 

Vivió una vida humilde y dedicada a los demás, especialmente a los jóvenes que educó a lo largo de toda su vida, así como a los más necesitados y a las labores del campo, a pesar de haber tenido amigos muy poderosos. Su biografía refleja lo que digo, más allá de su formación y vicisitudes que, sobre todo, transcurrieron entre su pueblo natal, Toluca y la capital del país. No obstante, su vida se pueden resumir en una palabra: poesía.

Luego de pasar por la Escuela anexa a la Normal de Profesores de Toluca, continuó estudios en la Escuela Nacional Preparatoria de la Ciudad de México. Allá, a los 21 años, participó en un concurso escolar presidido por Federico Gamboa, obtuvo el primer lugar con el poema “Canto a la Primavera”. Luego obtendría un segundo lugar en un concurso en Zacatecas. Desde entonces utiliza el seudónimo “Josué Mirlo” y nunca más lo abandonarían las musas.

 

Siendo profesor del Instituto Científico y Literario, en 1932 publicó “Manicomio de paisajes” (cuyos poemas se ubican en celdas de un centro de reclusión para enfermos mentales); posteriormente vendrían su “Cuarteto Emocional” (1938 y 1961), “Resumen” (1940), “Baratijas” (1955 y 1956, con grabados de Mariano Paredes) y “Mensaje lírico a la juventud del Estado de México” (1966). Escribió cuentos, entre ellos “La Caballona” (1956); publicó “Obras en prosa” (1968, incluye “Monigotes” y “Rosamar”, dedicado a su única hija) y en 1964 “Obras completas” (que incluyeron el “Museo de Esperpentos”). Dejó inéditos dos poemarios (“Mara” y “Cabezas”) y una novela (“El reino de la muerte”).

En 1976, contraviniendo su voluntad de quedarse a reposar en Capulhuac, sus restos fueron trasladados a la Rotonda de los Hombres (ahora “Personas”) Ilustres en Toluca. Además, una calle de la Colonia Morelos (entonces en proceso de edificación) de esta ciudad, lleva su nombre.

 

Luego de su muerte el Gobierno estatal y la UAEM reeditaron sus obras: “Flor y canto. Homenaje” (UAEM, 1979), “Poesía 1923/1968” (GEM, 1979), “Era un pájaro orfebre” (UAEM-IMC, 1988, con excelente semblanza de Alfonso Sánchez Arteche) y “Obra Selecta” (CEAPE, 2014, de su hija Rosamar). Otros estudian al ser humano: “El poeta campesino” (Clemente Díaz de la Vega para la SNTE, 1969), “Prestidigitador de paisajes” (José Muñoz Cota para el “CIENTO50TENARIO del Estado de México”, 1974), “Cantor de Capulhuac” (Francisco Valero para Tunastral, 1996), “Breve paso de Josué Mirlo por el Instituto Científico y Literario de Toluca” (Inocente Peñaloza en La Colmena, abril-junio 2004), “Josué Mirlo en el umbral del siglo XXI” (Yabel René Guadarrama Rivera en Monolito, revista de Literatura y Arte, diciembre 2016).

He dicho que Josué Mirlo tuvo amigos, muchos de ellos poderosos. Estudió la preparatoria al lado de otros grandes como Andrés Henestrosa y José Muñoz Cota. Tuvo una vida cultural y bohemia al lado de figuras como Salvador Azuela, Rodolfo Usigli, Margarita Paz Paredes y Rosario Siliceo Ambía. El presidente Lázaro Cárdenas le obsequió la publicación de su libro “Resumen”. Pudo haber trabajado en la diplomacia con Miguel Alemán, pero lo rechazó. A Toluca venía a ver a sus cuates o ellos lo iban a ver su terruño: Gonzalo Pérez, Rodolfo García, José Yurrieta Valdés, Rafael Ariceaga, Esteban Nava Rodríguez, Alfredo Borboa Reyes, David Alvarado Guerrero, Francisco Valero, Becerra, Salvador Calvillo Madrigal, Jorge Lara y Alfonso Sánchez García, el “profesor Mosquito”.

 

De hecho, es un dibujo que eternamente he visto en mi casa, el que me anima a escribir estas notas y presento por vez primera al público más amplio de internet. En orden de aparición figuran, de izquierda a derecha, mi hermano Alfonso Sánchez Arteche, muy niño, mi padre y Josué Mirlo, en postura de atender lo que dice Rodolfo García, agachado y gesticulando con las manos.

 

El dibujo es precioso y por la firma podemos saber que fue realizado en 1982. No obstante, ni mi hermano ni yo hemos dado con el autor (¿Flon?, ¿Flor? La L destaca en su tamaño). Lo que sí es que dicho dibujo fue elaborado a partir de una fotografía que se encuentra en casa de mi hermano, donde aparecen los cuatro sentados en unas bancas del Jardín de los Hombres Ilustres, en la calle de Morelos, frente a la iglesia de la Merced. Sin duda fue en esos encuentros donde mi padre comenzó a ver al poeta como un “hombre heroico, helénico, majestuoso…”.

Recientemente el Museo de Historia Universitaria de la UAEMéx presentó una exposición temporal por su 50 Aniversario Luctuoso, la cual mostró en sendas mamparas su vida (texto e imágenes); una pequeña estatua del redondo personaje hecha por Miguel Ángel Hernández Vences en 2010; vitrinas con libros, manuscritos y objetos personales (sus famosos anteojos, una ruana de algodón con grecas y sombrero Tlapehuala). Fue coordinada por el Museo junto con la Sociedad Cultural que preside la hija del poeta y cuyos festejos continuarán hasta noviembre con una conferencia a cargo del Cronista de la UAEMéx, Inocente Peñaloza García; presentaciones de libros como “Obras en prosa bárbara” y “Museo de Esperpentos”; la obra de teatro “Era un pájaro orfebre”; la develación del busto en la preparatoria que lleva su nombre en Capulhuac; y una ceremonia conmemorativa en el edificio de Rectoría.

 

Varios que han escrito sobre este genio lírico concuerdan en que es “el poeta del Estado de México”. Ojalá que se dé realce a su obra, se difunda más entre los jóvenes y se elabore una mejor biografía, la merece. Por mientras, el Festival Internacional de Poesía que se realizará en próximas fechas, en Toluca, podría rendirle un homenaje, aunque sea pequeño.