ELLA
Acaso vio la vida
salirse por los dedos,
Clavaron mil espinas
En los párpados cerrados,
Y un alarido ahogado
saliendo de su pecho
Las palabras no oídas
se las llevó el cansancio
La luna brillaba intensamente, me acompañaba en el camino sinuoso,
había logrado escapar, el cuerpo me dolía, pero más dolía la indiferencia
la furia de los seres humanos, por no llamarlos de otra manera.
Me habían arrebatado todo, pero ante tanto dolor me hice fuerte, así que
observé, cómo liberarme de todo aquello, que en mi loca carrera trataba
de olvidar
¿Que será de mí, denunciaría tanta barbarie? ¿Lograrán salir de aquel
lugar mis compañeras?
Muchas se habían quedado en esa situación infrahumana de sonrisas
falsas y mucho dolor acumulado de días y noches que no tenían fin.
Los recuerdos se agolpaban en mi mente y mientras más recordaba, más
corría. Realmente no sabía el destino que me aguardaba, es más no sabía
donde me encontraba.
Me detuve para tomar aire y vi luces a lo lejos, era un rayo de esperanza,
mi corazón se aceleraba, me dolían los pies, aminoré la marcha y respiré
profundamente, necesitaba ganar tiempo y fuerza para llegar y saber
que estaría en un lugar seguro.
Sentía ya, el frío de la madrugada y las luces del alba caían ya sobre el
camino. Sentía mucho miedo, seguramente a estas horas ya se habían
dado cuenta que escapé y estarían buscándome.
Aceleré el paso y llegué a un pequeño poblado, no reconocí el lugar.
¿será seguro? Me preguntaba ansiosa, trataría de pasar desapercibida,
mi cabello estaba revuelto, necesitaba agua. Estaba en el centro, había
un pequeño jardín y una fuente, alisé el cabello, me mojé la cara y estaba
buscando un lugar donde sentarme. Cerré los ojos y me sobresalté cuando
muy cerca escuché las campanas de una iglesia a la que me dirigí, sentía,
miedo nuevamente, entré y me arrodillé y por primera vez, después de
mucho tiempo recé una pequeña oración.
Inició el servicio y todo para mí, era euforia, pero todo se desmoronó cuando
escuché al sacerdote dirigirse a los fieles: Buenos días, queridos hermanos,
he recibido un mensaje de la finca grande, la de nuestros benefactores, que
se ha escapado una joven mujer, a quién ellos han ayudado a salir adelante,
ya que llegó a la finca en estado de orfandad y muy necesitada, por lo que
les recomiendo que si ven a alguien, extraño en el pueblo, hagan favor de
avisar a esta Casa de Dios.
Las lágrimas, corrían por mis mejillas…
Jugaba a ser feliz
en este enmarañado
mundo de mentiras.
En este ir y venir
que se eterniza,
en esta soledad
hecha cenizas.
@Laura.

