La Herida Del Rechazo
Las personas que suelen tener esta herida lo hacen evidente, tal vez, con su personalidad, la forma de tomar decisiones, con su comportamiento, en la forma que se relaciona con los demás y con el tipo de personas que se rodea. Y por supuesto, el contexto influye.
Planteemos el caso de una chica de preparatoria que cursa la carrera técnica en turismo. Su relación con sus compañeros en su salón no es tan buena porque la chica es introvertida. No tiene amigos, no sale al recreo a convivir porque piensa que los demás la miran mal, tiene sentimientos de inferioridad, considera que con nadie va a encajar porque no tiene las mismas habilidades que el resto. Esa era su perspectiva hasta que el orientador le preguntó el porqué no se integraba con los demás, a lo que respondió, ¿quién querría ser mi amigo si soy fea?
Esa idea sólo estaba en su cabeza, tal vez, alguna herida del pasado la había hecho pensar de ese modo. Por ejemplo, por lo menos a una persona le importaba: a su orientador. Quería que hiciera amigos.
A veces las cosas son más simples de lo que se cree. Éste es uno de muchos casos de cómo una persona, que vive con una herida de rechazo, día con día, tarde o temprano, afecta su vida cotidiana y sus relaciones interpersonales. El caso deja de manifiesto que el pensamiento es amplio y puede jugarnos entendidos al terminar creyendo esas ideas erróneas. Eso es importante, romper esos patrones para cambiar esa perspectiva de ver la vida.
Es importante que la sociedad tome en cuenta lo que es una herida en el alma que quizás no se ve, pero se manifiesta en el comportamiento del ser humano. Tal vez, en el caso de nuestra chica preparatoriana, su alma es intangible, pero a través de su conducta y de su forma de actuar, creía que el mundo la rechazaba, pero no se daba cuenta que la primera en rechazarse, era ella misma, desde su interior evadiendo su realidad.
En ese sentido, la aceptación es importante. Primero debemos aceptarnos a nosotros mismos y conocernos para comprender que no se necesita la aprobación de alguien ajeno, sino ser querido y amado por sí mismo. Querernos, escribir, tal vez, ése es el principio de toda sanación.

