Brujas y lavanda

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Conseguimos llegar al fin de mes, subimos miles de escaleras y nunca planeamos la llegada. Hoy, en especial que escribo, celebro las ideas zurcidas dentro de mí. Conocí a una persona que me ha llevado al autoconocimiento y al último aliento de mis susurros, ella es una mujer misteriosa, casi como las brujas, tejiendo pociones desde niña, con tesoros guardados, rastros de una larga vida de artista, ella me invitó a escribirles, a desdibujar varios de mis demonios y, aunque escribir no siempre resulta fácil; sin duda, me deja siempre con un buen sabor de boca, he podido ordenar mis pensamientos y enredar los días en pocas palabras.

Ella, también ha removido en mí, el departamento de lo manual, de los espacios fieles al objeto, hasta donde podemos llevar las palabras, hasta donde puede llegar un poema. Vi paredes llenas de letras, colgadas en marcos de madera y brillo de ventana. Vi, también, dibujos, trazos corridos de pintura destazada por mis dedos, cargué conmigo un pequeño tesoro lleno de poemas, cargado de besos, noches, café y horas de espera.

Porque nos cuesta tanto trabajo dejar entrar a las imágenes, dejarnos hundir en lo visual, cargar una libreta con letras, con dibujos e inspiraciones para calendarizar nuestros monstruos.

Últimamente traigo mucho, en mi mente, la botánica, la herbolaria y la pureza de las plantas y los efectos que hacen en nosotros, descubrí olores y sabores en ellas, hice una poción para mí, con lavanda, tomillo, y bergamota.

Tengo anticipado algún proyecto que me lleve a descubrir más de ello, más de lo nuestro, de las raíces de la vida misma, y del reino de las esencias, así como la esencia de la Bruja MarLú, la belleza de una persona que inspira a crear, que se sirve sin condimentos y ni el mejor vino la puede opacar.