EL DOMINGO DE RAMOS EN MANOS DE LOS ARTESANOS MEXIQUENSES

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De la celebración del Domingo de Ramos no solamente depende la fe y la creencia, sino también las manos de los artesanos que cada año recrean aquella imagen de Jesús entrando triunfal a Jerusalén, y aunque la producción ya no es igual que en años anteriores por cuestiones de descreencia y precios altos del producto principal, la palma verde, los artesanos persisten y preservan la tradición.

Aunque las palmas son hechas de dos tipos, las cuales son las verdes y las secas, los precios son distintos y la producción por igual, de acuerdo con Hermenila, quien es artesana de palmas desde hace más de 40 años, las palmas verdes tiene un costo de 400 pesos por cada bulto que contiene entre 50 a 40 palmas, mientras que las palmas claras o secas, tienen un precio de 100 a 150 pesos dependiendo de su tamaño.

“Eso hace que los precios que damos sean distintos, pero lo que más preocupa es que cada año cuesta más, casi siempre suben de 100 a 200 pesos los bultos y nosotros por eso cambiamos los precios, no podemos seguirlas dando al precio de hace años porque también nosotros dependemos de nuestras ventas”, dijo.

Acompañada de su familia, señaló que ya existen nuevos diseños, por ejemplo las plamas a través de las cuales realizan figuras como las cruces, que para hacerlas más llamativas son pintadas con una pintura especial para palma, evitando que genere alguna toxicidad en ella y pueda mantenerse la coloración durante varios meses e incluso años.

A pesar de parecer una actividad sencilla, trabajar con palma también puede ser complicado, según Rocío, quien es artesana desde hace más de 20 años, pues si no se tiene una técnica especial o una correcta práctica al momento de hacer algún diseño, puede provocar cortaduras en las manos e imposibilitar el trabajo, asimismo, puntualizó que es esencial el tiempo de elaboración, pues entre más pequeña la palma, más tiempo se tiene de trabajo.

“Para una palma pequeñita nos podemos llevar casi hasta un día y medio, pero depende del diseño y si es una palma grande hasta en 15 o 20 minutos podemos terminarla”, declaró.

Aunado a lo anterior, también se encuentra la baja venta que se tiene año con año, pues “ya no hay tanta gente que compra, los que siguen comprando son los más grandes pero los jóvenes ya casi no vienen, a menos de que sean personas que sí tienen esa tradición en sus casas desde niños”.

Aún con los obstáculos, los artesanos no desisten en conservar una de las más antiguas tradiciones de la religión católica y en lugar de detenerse, innovan en los ramos que serán bendecidos a la hora de las mismas y colocadas, mayormente, en las puertas de los hogares.