+El mensaje fatal para la Jefa de Gobierno, Clara Brugada; La muy mala memoria de los mexiquenses
La frase:
Si no tenemos policías, jueces, abogados, fiscales, honestos, valerosos y eficientes; si se rinden, el crimen y a la corrupción, están condenando al país a la ignominia más desesperante y atroz.
JAVIER SICILIA
El atentado, pérdida de control de las autoridades
El atentado perpetrado la mañana de este martes en contra de la secretaría Particular Ximena Guzmán y de José Muñoz asesor de la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, son ejemplo tangible de la pérdida de control de las autoridades sobre la seguridad y muestran que poco a poco la criminalidad va ganando la partida en contra del poder público de este país.
Clara Brugada, la jefa de Gobierno, representa la segunda figura política en importancia en la estructura nacional, solo detrás de la Presidenta de la República, pues es quien gobierna la capital del país, por lo que la persona más cercana a ella, como lo era su secretaria Particular, representa un lamentable mensaje perfectamente dirigido para crear miedo, pero la autoridad federal insiste en desmarcarse de la actuación de los grupos delictivos a los que no les gusta que les llamen terroristas.
Terrorismo es, les guste o no, lo relativo a crear terror, a causar pánico entre la población, y eso sólo se consigue a través de actos violentos, como lo fueron hace algunas décadas los bombazos de Pablo Escobar Gaviria, en Colombia, o Hezbolá, en oriente medio. Eso es precisamente lo que estamos viviendo en estos días en nuestro país, y a esa actividad se le llama terrorismo.
El terrorismo puede ser dirigido a un objetivo en particular, como este caso, pues el ataque fue con un objetivo particular: dos de las personas más cercanas a la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, y eso es algo así como decir a la próxima te toca a ti.
Este es un tema que debe causarnos vergüenza e indignación, que lo que menos requiere es que la autoridad federal intente acallarlo, pues guardar el polvo debajo de la alfombra en realidad no resuelve nada, por el contrario, es probable que el vacío, por lo menos de información confiable, contribuya a incrementar el efecto negativo que se desea causar entre la población: el miedo.
Ya hace algún tiempo hubo un mensaje de esta magnitud, aquel que recibió el entonces jefe de la Policía capitalina, quien ahora es prácticamente el zar anti delito del gobierno federal, Omar García Harfuch, a quien balearon a bordo de su vehículo, el cual afortunadamente era blindado y aguantó el ataque. Pero entonces como ahora el mensaje es el mismo, una advertencia de que nadie es ajeno a la inseguridad, de que la vida de nadie está segura en medio de la guerra que se libra en todos los ámbitos de la vida nacional.
Seguramente se escribirán ríos de tinta sobre este hecho, sobre sus causas y, esperemos, sobre las indagatorias que se realicen para sancionar a los probables responsables, pero, antes de otra cosa, debería comenzarse por explicar quién o quiénes son los responsables de esta situación que actualmente en el país, y, quizá lo más importante, qué se debe hacer no solo para controlar, sino para acabar definitivamente con el ambiente de violencia que nos invade.

¿Es prohibiendo que los jóvenes canten los llamados narcocorridos como se avanzará en el combate a la delincuencia y su estela de criminalidad y violencia?
La realidad es que las causas son más profundas que una cuestión tan simple como el tipo de música que se interpreta o no en ferias y palenques, que, por cierto, son lugares estos últimos que se intenta a toda costa relacionar con la violencia cuando en realidad esas festividades son herencia casi ancestral de un pasado que como cultura traemos a cuestas, violenta, sí, pero no tan reciente como esas piezas musicales.
Como sociedad, más allá de cualquier preferencia política, debemos avanzar en cualquier medida que nos permita marchar contra este tipo de expresiones violentas, sobre cuando cuestan vidas humanas, y ya sabemos que éstas, lejos de acabar pronto se irán agudizando y generalizando hasta que ya no sean solo dos personas las afectadas, sino decenas, después centenas y así creciendo desafortunadamente.
Hoy es necesario hacer un llamado a la paz, pero llamado de verdad, lo cual está muy distante de esas marchistas escandalosas patrocinadas por algunos políticos y empresarios con sesgo de promoción, y que ahonden en la conciencia personal y colectiva de que es tiempo de poner un alto a la violencia en todas sus formas y expresiones.
Es lamentable que doña Clara Brugada tenga que sufrir este tipo de desgracias, pero ojalá sirva, aunque sea mínimamente para asumir otra conducta para avanzar en su combate, porque los mexicanos no podemos permitir que este fenómeno siga creciendo e impacte de peor forma en la colectividad de nuestra sociedad. Es una dura lección lo ocurrido en la capital del país con este artero ataque que cobró la vida de estas personas tan cercanas a la Jefa de Gobierno, pero aun de este tipo de lamentables circunstancias debemos aprender y, en la medida de lo posible, corregir y emprender acciones de fondo para que circunstancias como esta no vuelvan a ocurrir.
La muy mala memoria de los mexiquenses
El gobierno federal y el estatal tienen una gran ventaja a la hora de operar en esta entidad: cuentan con la mala memoria de los mexiquenses. Aquí todo dura unas cuantas horas, cuando bien nos va dura un mar de semanas, nada más.
¿Alguien se acuerda de los nefastos resultados del operativo Atarraya? ¿Alguien sabe qué pasó con la acusación de secuestro exprés que presentó el ex suegro en contra del otrora presidente municipal de Toluca, Raymundo Martínez Carbajal? ¿O más recientemente alguien sabe en qué quedó la acusación de una psicóloga del DIF de Capulhuac en contra de la presidenta municipal de esa localidad?
La gente de esta entidad, y del país en general, tiene puesta su atención en este tipo de hechos sólo unos cuantos minutos, días, si acaso. Pero después de un breve tiempo todo se olvida, cambia la conversación, cambia el tema central, y pronto sucede algo nuevo que, en automático, borra el pasado en forma acelerada.
En el Estado de México no hay historia, no hay cronistas, y muchos menos hay memoria colectiva. Cada vez los asuntos relevantes duran menos, cada vez hay menos personas interesadas en almacenar los sucesos. Todo es tan efímero como lo que se tarda el dedo en pasar a la siguiente publicación del Facebook.

Por eso nuestras autoridades, en los tres niveles de gobierno, pueden hacer prácticamente lo que se les pega la gana, pueden engañar impunemente a los ciudadanos, pueden cambiar de discurso con la velocidad de la veleta y hasta pueden enriquecerse por cualquier vía a sabiendas de que más pronto que tarde el asunto quedará en el olvido.
Las cárceles de este país están llenas, abarrotadas, sobrepobladas, pero de personas que no tuvieron en su momento dinero suficiente para hacer frente a su propia defensa, pero el número de políticos presidiarios es escaso, pues ellos sí tienen dinero para defenderse de cargos que, por más exagerados que sean, duran instantes en la memoria colectiva del país.
Aquí lo que no se olvida, se perdona, nada perdura, nada trasciende, todo es efímero, y así le conviene a los poderosos que siga ocurriendo, de ahí la poca atención que la autoridad da a los centros de conservación de libros, revistas y documentos históricos. ¿Para qué gastar en bibliotecas o hemerotecas cuando lo que más importa es que la historia se borre?



