+ Transporte Colibrí para enfermos de ISSEMyM; La Crisis Climática No Debe Alejarnos de Autonomía Reproductiva
La frase:
Por lo menos ya hay transporte de SUEM y de y Semin para enfermos de escasos recursos; falta que haya albergues para los familiares de éstos.
VERDAD ACTUAL
TRANSPORTE COLIBRÍ PARA ENFERMOS DE ISSEMyM
En una visita que hicimos al Hospital del Niño, comentábamos precisamente con los padres de familia sobre su situación, y nos comentaban que algo que a ellos les afectaba mucho, el que los niños con cáncer que tienen que venir a hacer sus quimioterapias, o sus radioterapias, a veces las dejaban o no las hacían, porque no tenían para pagar algo tan simple, pero tan importante que era el pasaje, aseguró la gobernadora Delfina Gómez Álvarez.
Señaló lo anterior, porque el viernes pasado producto de esa experiencia de la mandataria, entregó lo que se llama Transporte colibrí, o sea vehículos equipados para el transporte de pacientes hacia centros hospitalarios y regreso a sus casas, donó 3 Unidades al SUEM y dos al ISSEMyM además de uno al municipio de Ecatzingo.
Las unidades entregadas están equipadas con un kit de apoyo (silla de ruedas, andadera, bastón y muletas), así como un kit didáctico (crayolas, libros para colorear y rompecabezas), para brindar una experiencia de traslado más humana y adecuada, especialmente para niñas, niños y personas en situación de vulnerabilidad.
ISSEMyM las destinará para Oncología y seguramente en ello tuvieron mucho que ver tanto la maestra Trinidad Franco Arpero, oficial Mayor de Gobierno como el licenciado Ignacio Salgado García, director de ese instituto
La Crisis Climática No Debe Alejarnos de Autonomía Reproductiva
Ante la duda de: No sé si quiero tener hijes por la crisis climática, Pascale Brennan es Oficial de Incidencia en REDefine, la red de jóvenes del Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir, considera que la crisis climática influya en nuestras decisiones no significa que debamos renunciar a nuestra autonomía reproductiva. Hay alternativas: luchemos por un mundo donde las decisiones de las mujeres y las personas con capacidad de gestar no estén condicionadas por el miedo al colapso, sino por la libertad de elegir y el compromiso para construir mundos habitables para todes.
Explica que la crisis socioambiental está influyendo en nuestras decisiones e impactando en nuestra autonomía reproductiva. Está afectando lo que comemos, dónde vivimos, nuestra salud mental… e incluso si decidimos tener hijos. Cada vez más personas, y en particular mujeres, se preguntan si reproducirse es una buena idea en medio de sequías, incendios, olas de calor y un futuro incierto.
Esto se refleja en el descenso de las tasas de natalidad en todo el mundo. La ONU estima que la tasa de fecundidad global disminuirá de 2,3 niños por mujer en 2021 a 2,1 en 2050. En países como Italia, la natalidad está en mínimos históricos. Según datos del Instituto Nacional de Estadística Italiano (ISTAT), en 2022 Italia registró su cifra más baja desde 1871.

En México, la tendencia es similar. En el 2022, la tasa de fecundidad fue de 1,8 mientras que en el 1965 fue de 6,8. Y aunque hay muchas razones detrás de esto (como la falta de acceso a vivienda y empleos dignos, entre otros), la crisis climática es un factor relevante.
Cuando el mundo arde, ¿quién quiere o puede criar?
La crisis socioambiental impacta nuestras decisiones reproductivas de varias formas. A continuación destacamos algunas de ellas:
- Inseguridad económica: Las sequías e inundaciones afectan la producción de alimentos, encarecen los productos básicos y generan más pobreza. Criar en medio de esta incertidumbre es un reto enorme y afecta más a las poblaciones en situación histórica de desigualdad.
- Escasez de alimentos: Hoy en día, se estima que más de 690 millones de personas en el mundo pasan hambre por diversas razones y el cambio climático es una de ellas. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en el 2080 esta cifra podría duplicarse si no se hace nada al respecto. Muchas personas dudan en tener descendencia cuando algo tan básico como el acceso a comida está en peligro.
- Enfermedades: El cambio climático contribuye a la expansión de enfermedades como el zika y el dengue. Según la Organización Panamericana de la Salud, a nivel mundial ocurrirán 250,000 muertes adicionales por año en las próximas décadas como resultado del cambio climático.
- Migración forzada: La ONU estima que cientos de millones de personas podrían ser desplazadas por eventos climáticos en los próximos años. Un futuro de desplazamientos y crisis humanitarias no es el escenario ideal para formar una familia.
- Eco ansiedad: El miedo al futuro es real. La incertidumbre climática genera estrés y ansiedad en muchas personas jóvenes, al punto de influir en su decisión de tener o no tener hijes.
No podemos ignorar que este debate también está atravesado por la desigualdad de género. La crisis climática y la autonomía reproductiva no son temas aislados, se intersectan de forma directa con la carga de los cuidados y la sostenibilidad de la vida. En la mayoría de las sociedades, las mujeres siguen siendo las principales responsables del trabajo de cuidado, que podría verse intensificado en tiempos de crisis ambiental: cuando faltan recursos básicos como agua o alimentos, son usualmente las mujeres quienes cargan con la responsabilidad de garantizar la supervivencia familiar. Este peso adicional hace que muchas cuestionen si tienen las condiciones materiales, emocionales y sociales para criar hijes en un mundo que se está quemando.
Advierte: Ojo con el ecofascismo Aquí es donde las cosas se ponen peligrosas. El ecofascismo sostiene que la sobrepoblación es la causa principal del cambio climático y, por lo tanto, propone controlar los nacimientos, criminalizar la migración y hasta justificar la violencia contra comunidades vulnerables. Se expresa de varias maneras, por ejemplo, justificando las muertes de poblaciones menos privilegiadas a consecuencia de desastres naturales como un beneficio ambiental o vinculándose con grupos de extrema derecha que discriminan o limitan el ejercicio de derechos fundamentales de poblaciones vulnerables. El ecofascismo también utiliza la crisis climática para promover ideas autoritarias disfrazadas de soluciones ecológicas y replica discursos de odio como: que los pobres dejen de reproducirse.
Los millonarios contaminan más que la mayoría de las personas en el planeta.
La verdad es otra: el 10 % más rico del mundo es responsable del 50 % de las emisiones de carbono, mientras que los países más empobrecidos apenas contribuyen al problema.
El debate sobre la responsabilidad en la crisis climática a menudo se enfoca injustamente en las poblaciones más vulneradas, señalando la sobrepoblación en regiones empobrecidas como principal culpable. Sin embargo, esta perspectiva ignora el impacto desproporcionado que tienen las élites económicas.
Es momento de articularnos entre movimientos, de construir alianzas desde la solidaridad y la lucha colectiva. La justicia climática y los derechos reproductivos son causas inseparables: si queremos futuro, necesitamos organizarnos, exigir cambios estructurales y defender nuestras vidas y nuestros territorios. En el ILSB apostamos por transversalizar agendas como las de cuidado y sostenibilidad de la vida, para vincular activistas y movimientos, creando redes fortalecidas y sostenibles para hacer frente a la policrisis que estamos viviendo. Resistimos porque aún hay futuro vivible, y lo tenemos que construir juntas, aquí y ahora, concluye Pascale Brennan, con toda razón, ¿no le parece a usted, estimado lector?


