Al sol
Desteñir los paños de amargura
sobre el cordel antiguo de mi madre
es memoria de las caídas familiares,
de un tiempo que aun fulgura
en la herencia de los patios y los días.
Pulcra la progenie, siempre lista,
mientras el vacío de la existencia
iba haciendo un hueco en tu hija.
Nada de almidones ni lejías para una niña,
una confundida que no quiso, no quería
dejar pasar la vida sin sonrisas,
sin sus manecitas escribiendo tonterías.
Faldas blancas, las camisas tan suaves
algodones, mantas, sedas. Todo dolía.
Y tú lavabas, mami, mi holgazana alegría,
discutiendo acaso el lugar de una mujer
cerca de la cocina, junto a una pila
de agua bendita con la que lavaste
mis pecados, mis desobediencias, la ira.
Ahora que remojo las penurias en jabón,
que me ajusto el cinturón como tú hacías,
todavía espero al fresco, para tender al sol
tu limpieza, la esperanza, mi osadía.

