Cortés visto por el cronista
Hernán Cortés ha sido para los mexicanos un tema que surge entre sombras, don Poncho trata de él de esta manera, al llegar Cortés y encontrar las masacres que Pedro de Alvarado había hecho en el Anáhuac: Quienes vieron ese espectáculo de rapiña, no lo olvidarían jamás. La juventud guerrera de Anáhuac, que siempre había dudado de la divinidad de Cortés y sus esbirros, reaccionó violentamente. Cortés regresó de su gira contra Pánfilo Narváez, para recoger la cosecha del odio. Comprendió el error de su gente, pero no la castigó. El mismo había logrado que lo siguieran sólo a cambio de ofrecerles el mayor botín de los siglos. Cualquiera cosa era para ellos botín, botín legalizado por el capitán Cortés. Además, don Hernando es un auténtico guerrero. Se aprovecha de que lo consideren un dios (Quetzalcóatl en concreto), pero no debe sentirse dios porque le están recordando, de España, que no tiene autorización del rey para seguir adelante. Es decir, no cuenta ni con el Poder español.
El hombre, el político, el caudillo de las contradicciones ha de ser el conquistador de los indígenas de Mesoamérica. Un hombre grande en cualidades seguramente, pero también un ser que debemos ver a la luz de aquellos conquistadores que llevan en su bolso miles de muertos pasando por encima de ellos cueste lo que cueste. Escribe Alfonso Sánchez García: Está solo y atendido únicamente a sus fuerzas. Cuando ve que los aztecas han descubierto el carácter más auténtico de los españoles, cuando los han convertido otra vez en hombres simples, tampoco insiste en seguir con la farsa y se dispone a luchar como hombre. Lo ha llevado lejos su ambición y ya sólo su destreza puede salvarlo. Tiempos trágicos y dramáticos aquellos de la conquista. Nada de rutina se veía en el panorama cotidiano de una crónica que habla de guerra y no de paz. Esta etapa es la que nos lleva a tantas preguntas sobre Hernán Cortés al que España le niega su reconocimiento porque no puede estar por encima de la fama de los Reyes, monarquía de viejo cuño y católicos para más reconocimiento. Es decir, intocables y eso lo saben sus representantes en la península Ibérica y en todo el continente que está naciendo para llamarse América.
Necesario es, recurrir a leer con fruición el texto Hernán Cortés, del excelente investigador José Luis Martínez, uno de nuestros sabios más reconocidos en la segunda mitad del siglo XX, su biografía es una obra fundamental para tratar de ubicar en el contexto histórico al conquistador del México antiguo. Publicado por el Fondo de Cultura Económica en el año de 2021, su primera edición se hizo en 1990. En las primeras páginas cita Martínez a diversos autores que al leerlos en conjunto nos dejan con ese sabor de boca de no entender que se puede concluir. Cito a 4 intelectuales que hablan sobre don Hernando: Cortés soy, el que venciera / por tierra y por mar profundo / con esta espada otro mundo, / si otro mundo entonces viera. / Di a España triunfos y palmas / con felicísimas guerras / al rey infinitas tierras / y a Dios infinitas almas. Lope de Vega el Fénix de España en siglo XVII, en pleno Siglo de Oro de las letras españolas, recuerda al conquistador y, lo hace con admiración, en interesante visión del hombre de cultura superior, por lo que su pequeño poema dedicado al conquistador tiene gran valor. Otro texto, contrario y duro contra don Hernando aparece —en este caso—, del poeta alemán Heinrich Heine quien dice: En su cabeza llevaba el laurel y en sus botas brillaban espuelas de oro. Y sin embargo, no era un héroe, ni era tampoco un caballero. No era más que un capitán de bandoleros, que con su insolente mano inscribió en el libro de la fama su nombre insolente: ¡Cortés!. Interesante es siempre referirse a este personaje, pues quienes le estudian no es cualquier ciudadano de a pie y poco informado; cito aquí un párrafo del libro de Martínez, que trae al caso a Manuel Orozco y Berra quien dice: Nuestra admiración para el héroe, nunca nuestro cariño para el conquistador. Así ha sido el destino de un hombre que en la biografía de José Luis Martínez lleva a utilizar 776 páginas, para hablar del conquistador que no logró conquistar la admiración del mundo, como sí llega a suceder con Alejandro Magno o con Napoleón Bonaparte. Otra cita, en este caso, de Francisco de la Maza, aparece en el libro: A Hernán Cortés, como a toda personalidad histórica, no hay que elogiarlo sin más ni más, ni insultarlo sin menos ni menos. Hay que explicarlo.
Explicarlo, esa es la palabra que debemos de entender para saber cuáles fueron sus fortalezas y cuáles fueron sus debilidades. Leer el libro sobre Hernán Cortés es una sabiduría expresada en uno de nuestros mayores lectores del siglo XX mexicano: don José Luis Martínez viene a ser en el siglo pasado uno de los mayores lectores que hayamos tenido. Su biblioteca en la Ciudad de los Libros en lo que antes llamamos La Ciudadela en la capital del país es prueba del recopilador de libros, revistas, documentos y periódicos de invaluable valor. Dicha biblioteca que lleva su nombre, junto a la de Alí Chumacero, Antonio Alatorre, Carlos Monsiváis es superior en títulos, más de 60 mil según me cuentan los administradores de dicho espacio de privilegio por aquellos que fueron por igual poetas, ensayistas, narradores o cronistas. Pero sobre todo, lectores amantes de los libros y sus compañeros de viaje. Siempre en ese consejo del argentino Jorge Luis Borges: ser mejor lector que escritor. Don José Luis Martínez es prueba de ello. Por eso sus estudios sobre Hernán Cortés y el Rey-Poeta Nezahualcóyotl son materia obligada para un serio estudio para saber de dos personajes fundamentales del México contemporáneo. Al retornar a la lectura de don Poncho, en el tema del conquistador español, escribe: A la muerte de Moctezuma, para tratar de conciliar a las órdenes guerreras de Anáhuac, Cortés suelta a varios caciques que tenía prisioneros, entre ellos a Cuitlauac, hermano de Moctezuma, que no trata de tomar el partido del hermano “malinchista”, sino que se pone a las órdenes de Tlalocan para continuar la guerra y es electo Emperador.
Con el Cronista Municipal de Toluca todo se vuelve literatura, es decir, imaginación, veamos su relato: de acuerdo con la idea de los mexicas habían tenido que adquirir sobre la realeza y el poderío de la realeza de la que superaban todo como verdadera encarnación de los dioses, es natural que la presencia del hijo del tremendo Ahuizotl estimulara notablemente el ánimo de los círculos guerreristas; Cuitlahuac, que en lo personal era un guerrero notable, encarna en ese momento el espíritu de resistencia y éstas son las razones más que suficientes para que Cortés disponga la fuga llamada de “La Noche Triste”, fracaso crucial que estuvo a punto de derrumbar todo el empuje del Conquistador. En realidad no es raro que Cortés terminara aquel fatídico día llorando. Imaginería, debemos de preguntarnos ante este panorama que cuenta el profesor de Historia en la Preparatoria Número Uno, Adolfo López Mateos, o cosa cierta que no es asunto de la ficción que le es propia; pues antes que todo género literario impere en el profesor Mosquito, él es un escritor. Y sí, hay que entender que el Escritor escribe de lo que se le antoje, a la hora que se le antoje, y puede lo mismo hacer crónica de lo que sucede con detalles deslumbrantes, que hace de la ficción su momento más sublime.
Repaso de lugares y hecho después de aquella noche triste: Establece su cuartel general en Texcoco, de donde Cacamatzin huye y es acogido por los Tenochcas. Cortés impone como Gobernador adscrito a la corona de Ixtlitxóchitl. Desde ahí se lanza sobre Chalco, cuando ya la milicia al mando de Tetlepanquetzalzin, también ha dejado el campo libre para reforzar las defensas tenochcas. Por el norte Cortés se apodera de Xaltocan y la zona mazahua, por el Sur llega hasta Cuernavaca pasando por Xochimilco, lugares donde las huestes españolas tuvieron que sudar el peto para derrotar a sus defensores; en Occidente penetraron a Tenochtitlan y finalmente Cortés se parapetó en Coyoacán, sitio que había de ser de sus preferencias… Los años pasan y Cortés va al destino.

