Poesía en el autobús

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Hacía algún tiempo que venía madurando la idea, algunos años quizá –¡Oh, tanto tardé!–, me imaginaba dando lectura de poesía en un urbano atestado de gente que se dirigía a sus trabajos, la sensación de esa posibilidad me generaba un hueco en el estomago, confieso que, en mis ideas –disculparán el atrevimiento conceptual–, la poesía y el acto poético no sólo es el fenómeno en el cual un creador escribe y otros consumen o dan lectura en las tertulias, o andan de evento en evento, me parece que el hecho es más amplio en su realidad, considero que surge desde el día a día de cualquier persona, sea o no del mundo literario, hasta cualquier lugar, como las pintas rudimentarias en las bardas con frases poéticas de autores consagrados y noveles, a los textos más refinados y aprobados por los grupos o autores más selectos del mundo literario.

 

La mística no sólo es inspiración, se hace circunstancia; en fin, algunas dudas me sobresaltaban, ¿cómo iniciaría a presentarme? ¿bajo qué argumento expondría mi intervención?, ¿sería un acto serio con cierto protocolo o algo liviano, chusco para captar la atención?, ¿qué autor sería el adecuado para un público que no es precisamente un público literario?, incógnitas desde lo más directo me atosigaban hasta aquellas como: ¿con qué mano debo de agarrarme para no caer en un enfreno?, ¿alcanzará escucharse mi voz hasta el final de la fila de asientos?, toda una gama de trivialidades, que, pensándolo bien, parecían pretextos para simular mi miedo.

 

Para resaltar mi nerviosismo, datos del INEGI (MOLEC), en el 2018, arrojan que 45 de cada cien personas mayores de 18 años leen un libro, para mi fortuna, de este porcentaje, el 40.8 % lo hace con libros de literatura; es decir, considerando a un autobús promedio, en zona urbana, circulando hacia la urbe, puede ir lleno y trasladar a 40 personas, entonces, existe la posibilidad de que a 18 de ellos les guste leer y 7 prefieran literatura, y con la grata probalidad de que uno lea poesía; grandioso, un pequeño, pero significativo aliciente.

No tengo a bien distinguir qué se presentó primero, si mi atrevimiento a llevar a cabo mis ideas o la oportunidad, la circunstancia adecuada para que sucediera lo que tarde o temprano ocurre por designio de la casualidad, para el caso no importó, simplemente el calendario marcó el día 21 de marzo de 2019. No existe día que por nublado o caluroso no sea maravilloso; el autobús, que cuarenta minutos antes había abordado, llevaba gente de pie, ya el calor se dejaba sentir; caminé hasta llegar cerca del conductor, tratando de no distraerle, con un acento de amabilidad, camaradería y mi mejor sonrisa, disimulando mi nerviosismo, le solicité autorización, no escuché su primer respuesta, más bien me hice el socarrón y volví a preguntar, en un tono más alto acentuado con una mueca en el rostro, me reiteró un rotundo No!, ¡Qué!, retumbó como mil ecos en mis adentros; me sentí avergonzado y un poco desanimado, bajé de prisa, miré a mi alrededor contrariado, esto no puede ser así, me dije; otro autobús se acercaba, con un poco menos de gente, el conductor accedió a la misma solicitud anterior, en ese momento no me hice tantas preguntas, simplemente metí la mano a la maleta y saqué un libro, fuertemente di a conocer mi nombre, argüí que no vendía nada y que hoy se conmemoraba, aparte del inicio de la primavera, el día mundial de la poesía proclamado por la UNESCO en el año de 1999; la confianza se apoderó de mi, fluyó un texto de mi autoría:

Lo secreto

Si tu mirada no me encuentra,

si le preguntas a los dedos

que después de mi partida

se posaron en tus labios

al descifrar mi atrevimiento,

podrás tener respuesta.

Déjalos apuntar al cielo

en la noche de octubre.

La luna no soporta lo secreto

ante la soledad de nuestros besos.

 

¡Bien!, lo que pululaba tiempo atrás como una sola idea en el pensamiento había dejado de hacerlo, nutridos aplausos marcaban la continuidad de un mejor día, de un festejo al avance de la confianza, de un aprendizaje respecto a las formas y gustos tan diversos de quienes poblamos este planeta, de un abrir los ojos a las cosas pequeñas o simples del día para disfrutarlas; sólo eso y así, viviéndolo.

Mi estima y admiración a todos y cada uno de ustedes, disfruten su día, atrévanse, aunque para hacerlo, la fecha no esté indicada en algún calendario.