Lengua, origen de un pueblo

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Alicia M. Barabas hace bien en indicarnos el camino, para comprender orígenes de una o diversas culturas del pasado mexicano y toluqueño. La autora escribe: Se asume también que cuando los grupos etnolingüísticos ocupan una determinada área en el presente y la han ocupado en la Colonia y en el postclásico, puede afirmarse que son oriundos de este territorio y, por lo tanto, es legítimo correlacionar los restos arqueológicos hallados en esa región geográfica con el grupo etnolingüístico que lo habita en el presente. Esta verificación es muy importante para tener mayor certeza de la vinculación entre los grupos actuales y sus antecesores en espacios pluriculturales como Oaxaca, aunque su relevancia es menor en regiones que comparten la misma lengua, con variantes menores, y cultura a lo largo de la historia, como los mayas de la península de Yucatán

El desarrollo de las culturas humanas tiene en su lento avance la fortaleza que le blinda del deseo destructivo de aquellos que le invaden una y otra vez. Así sucede, por ejemplo, con culturas del centro de Europa que al paso de miles de años siguen vigentes por sus cualidades y amor con el que fueron fundadas. No hay cultura que invada por más bárbara o inteligente que sea, que pueda dominar a culturas cuyo largo proceso fue la base de su presencia en tal o cual región. Esto es un milagro porque ha permitido que nadie pueda negar en el mundo que aquellas regiones dominadas por la barbarie, sea por invasiones como las hechas por nazifascistas o por una burocracia totalitaria como la creada por el estalinismo. No han podido suplantar a las lenguas originarias, ni han podido dar a través de la bayoneta sus imposiciones por más crueles y rígidas que sean. Una cultura que tiene un largo proceso de elaboración y que cubre estas áreas de gastronomía, lengua, vestido, casa-habitación, o las tradiciones más acendradas, jamás podrán ser destruidas por más acciones que se llevan a cabo en su contra: el ejemplo admirable de nuestros indígenas es prueba de ello, a pesar del genocidio que se ha cometido en estos quinientos años, de invasión y destrucción que se ha hecho sobre territorios y vidas. Por eso, es que no se puede señalar del nacimiento de una Ciudad, que tiene en su pasado, como territorio y tradiciones culturales, vivencias fortalecidas en raíces de su pasado. Seguramente los españoles de aquellos tiempos se preguntaban una y otra vez, qué más podían hacer para que en el municipio de Temoaya, no tuviera la iglesia de la cabecera, que estar en su propio recinto con figuras o imágenes que hablaban de ídolos o pruebas de su religión creadas en la apasionada cultura otomí.

A convivir católicos obliga la terquedad de una cultura como la Otomí, que no había nacido apenas ayer. Respeto es lo que se le pide al estudioso cuando se acerca a revisar con amor y ajeno a cualquier mandato ideológico o político en su estudio. Pensemos lo que ideólogos del nazismo comandados por Adolf Hitler hicieron, con tal de obedecer al dictador más cruel de la historia humana, con el sólo fin de hacerle feliz al contarle descubrimientos, en contra de los judíos en años crueles de 1939 a 1945. Son años terribles los que Europa vivió en su historia del siglo XX para todos los tiempos. Y derivado de ello, el comprender hasta dónde pueden llegar los supuestos ideológicos en manos de aquellos, quienes desde la mala política y religión, plantean el ser los elegidos de dios, con d minúscula; pues el verdadero Dios para los que creemos en Él, no podemos aceptar que haya un solo pueblo o raza elegida por El y para El. Alicia M. Barabas, escribe: Como ejemplo, la etnohistoria, mediante el estudio de pictografía y otros documentos del Posclásico y los primeros tiempos de la conquista, permitió marcar las fronteras etnolingüísticas entre los mixtecos de Tamazulapan y los chochos de Coixtlahuaca, en la Mixteca Baja de Oaxaca, que fueron corroboradas por la arqueología. Sólo el estudio transversal de las áreas de estudio permite saber la verdad de los hechos del pasado. No hay una sola ciencia que pueda resolver las cosas del hombre en su estudio, pues lo que le falta a una ciencia le ayuda el que otra ciencia le de sustento a sus aseveraciones. Comprender esto, lleva a entender que los cortes históricos que se hacen por aquellos que ignoran los procesos culturales y su estudio, deben estar acompañados de sustentos, que bien le pueden venir de otras áreas de la gran riqueza de estudio y proyecciones, que han formado lo que es el mundo contemporáneo.      

El estudio pareciera no ser importante para comprender cómo surgió la lengua en el municipio y territorio de la Toluca que es, como vemos, un espacio que nació hace miles de años. Esa es la verdad, y eso obliga a no ser un flojo que tome por más cercano y, porque se tengan con más facilidad documentos y hechos a la vista, en lugar de entender que la riqueza de la Toluca que amamos, tiene un pasado asombroso por su persistencia en existir a pesar de todo lo malo que le ha sucedido. Lo que nos cuenta Alicia M. Barabas, nos hace entender la importancia de los territorios ricos en cultura de Oaxaca, y nos recuerda que por algo el Marquesado del Valle de Oaxaca tiene que ver en su extensión enorme hasta nuestras tierras, por quién conquista a México en tiempos de leyenda ciertamente. Leo el texto de la autora Acerca de los pueblos originarios: La prehistoria lingüística propone que las lenguas otomangues han tenido un ancestro común, el proto-otomangue, y ubica su inicio hacia 6400 a.C., dentro de la radiación cultural del valle de Tehuacán, tal como lo muestran los hallazgos arqueológicos en la agricultura, la tecnología y las mejoras en la alimentación. Sí, hay que ir muy lejos para comprender lo que sucedió con la anciana Toluca que por algo lleva ese nombre. Lo divino de la palabra inventada por los seres humanos es que es capaz de encerrar en sí misma toda la historia de un pueblo o de diversas culturas en las cuales se enriqueció. Comprender esto, nos lleva a entender que dicha palabra Toluca, encierra como en el Aleph, que describe Jorge Luis Borges en su famoso cuento: al ser centro de un hecho como microcosmo y, a la vez, expresión del macrocosmos que representa.  Entender la riqueza de la palabra Toluca en sus diferentes acepciones que le conocemos y que nos admira por la belleza de su sonido en la diversidad con la cual se escribe. Por representar a una cultura que parece desaparecida y que la batalla ideológica iniciada por el querer cerrar su largo pasado en sólo 300 años de presencia y dominio español y, después por estos 200 años de injusticias que se siguen cometiendo al querer borrar el pasado de lo que el sabio antropólogo Guillermo Bonfil Batalla dijera con enojo al llamar despectivamente por las clases conservadoras la indiada, queriendo borrar en épocas del porfirismo su presencia que tanto les molestaba. Es necesario buscar nuestros orígenes, y pensar el por qué las palabras del pasado dichas para el caso del Valle de Toluca en la presencia aún vigente de matlatzincas, otomíes, mazahuas y nahuas

Cuenta Alicia M. Barabas: Como el vocabulario muestra la relación entre idioma, lugar y cultura, la reconstrucción del ancestro lingüístico incluye términos para maíz, frijol, calabaza, chile y cacao y muchas otras plantas y animales cuyos restos han sido encontrados por los arqueólogos. Benditas palabras que nos vienen a decir que los mexicanos venimos de lejos. Bien haremos en estudiar una sola palabra del pasado, estudiar sin temor la palabra que trajeron los conquistadores y pergeñar en los últimos doscientos años de vida independiente del país y del territorio mexiquense una palabra: para comprender que todo está ligado. Por lo mismo, no entender el papel de la historia o la crónica, lleva a entrar al mundo de las ideologías e intereses aviesos, que se enmarañan en la palabra ideología. Es decir, vivir dentro ideas que están por encima de nuestra cabeza —como lo dijera en su tiempo Carlos Marx—, que se resume en el abandono de la tierra que pisano nuestros pies. Pies, que vuelan, levitan y por ello no pueden conocer la verdad.