Entre magia e imaginería

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Lecciones de un hombre que nació para muchas cosas, y en todas ellas ser distinguido: en tarea de la crónica, es ejemplo actual de cómo debe trabajar el Cronista cuando es pasión de vida. Seguir paso a paso lo que tiempo pretérito dice que sucedió. Cuenta el padre Garibay en la introducción al Manuscrito de Jilotepec en copia hecha por él para proteger su posible desaparición: Las noticias que se coligen del documento tienen su importancia y son algunas enteramente nuevas. Como el nombre de los caciques o reyezuelos precortesianos, sobre todo el nombre otomí. Hasta para la lingüística tiene su valor. Los datos coloniales igualmente, por lo que toca a la historia local de Jilotepec, son importantísimos. Y, siendo como es tan poco conocido nuestro siglo XVI, a pesar de tantos estudios, nunca está de sobra el menor de talle que pueda recogerse. La lección de siempre: cuenta la anécdota que Pablo Picasso, el mayor pintor español del siglo XX, preguntó a su peluquero, que ¿dónde se daba cuenta de cómo quedaba la cabeza al finalizar el corte: el peluquero contestaba a Picasso, que al terminar su trabajo —al tiempo que le quita la manta que cubre el pecho del cliente—, se da cuenta de aquello que le faltó cortar. 

Es decir en detalles está el trabajo de excelencia. Así el cronista, en la figura del padre Garibay da ejemplo: en detalles de la investigación —que a veces parecen banales— es donde está el resultado de excepción, para distinguirse de los demás: Nunca está de sobra el menor detalle que pueda recogerse. Por ese talento e inteligencia, el padre, deja una escuela envidiable como tarea de la Crónica en nuestra patria y en tierra mexiquense.

Revisar su texto titulado Anales de Xilotepec es entrar a un mundo mágico y de imaginería, pone en sus letras lo que el Códice de Jilotepec, como se le conoce, dice: 1426 (sigue grabando) siendo tan grandes encantadores naguales esta siega gentilidad advertían también como si tuvieran entendimiento tan solimado en mudar trajes y volverse animales y tomarse de los más espantosos y atrevidos animales. Qué puede sorprender al padre Garibay en esta imaginería si para entonces el estudio de las mitologías grecolatinas es asunto que domina en la imaginería que viene del viejo continente, de su mente que cree en las cosas que no se ven, pero que los pueblos antiguos han creado para comprender las cosas físicas y metafísicas que suceden una y otra vez en el mundo en que vivimos. 

Sus libros publicados en el año de 1964 son prueba de esa pasión investigadora por aquello que es imaginación y magia en los pueblos originarios, los dos libros tienen como primera edición en Editorial Porrúa: Mitología Griega y Voces de Oriente publicados en el año de 1964 por primera vez. Son prueba de la mente que desea abarcar todo lo que hay en nuestro planeta. Una vocación de investigador parecida a la de Jorge Luis Borges o Alfonso Reyes. escribe: El rey que por entonces pusieron se tornó en una valiente águila en su silla y era tan alto el temor que les ponía a los indios que así los tenía tan sujetos a su mando y con cierto (¿) bastante guerra para asegurarse de ellos y de su barbaridad y viendo estos indios que este rey venía destruyendo la tierra con las batallas que le ofrecía cada día trataron de quitarlo y buscar nuevo rey por su mucha crueldad y tiranía y habiéndolo quitado por engaño con ser que era tan ardidoso no le valió. 

Las crónicas de lo sucedido contado por un tlacuiloani desconocido, pero que queda en materiales que prueban lo sucedido en realidad o en la imaginación de aquel que lo ha escrito. Sigue contando lo que ha encontrado en el Códice de Jilotepec: Una noche le pagaron fuego a su casa donde vivía y a poco de arder lo vieron que estaba sacando la cabeza de aquella (—) hoguera a flechazos lo mataron por el riesgo en que ponían y así le nombraron Tlanico los mexicanos y los otomíes Texenthey, señor que ha trillado o nos ha trillado como trigo y como (—). La riqueza de los Códices contiene además una serie de grabados, lo que le da mayor valor, pues participa en dicho Códice un artista visual y no sólo el escriba, así lo presenta el padre Garibay: (Un grabado con dos figuras: uno como conejo encerrado en un cuadro y una cabeza que asoma por sobre una casa abrazada. Arriba:) Rey cabeza de águila, murió quemado en su casa. La tarea del Cronista en los tiempos es el de quien pergeñando en la vida de los otros pone sobre el papel los sucesos, no sólo de su presente, sino también de aquellos que le vienen del pasado, y que le permiten comprender sobre ese presenta del que escribe.

Prosigue el relato el padre Garibay de lo que aparece en el Códice: 1430 años (un dibujo) Y por haberse pasado algún tiempo los indios sin rey por haberlo quemado y de ese miedo ninguno se atrevía a serlo pero hubo fuerza en ello y pusieron a Quenguie, señor que estaba metido entre una neblina muy espesa de miedo de lo sucedido y le aplicaron el mismo nombre como lo hallaron y le hicieron rey de quien tenían esperanzas que les hiría [sic] bien en sus batallas siembras y laboríos y todo muy fuerte y abundante por la señal de haberle hallado a donde estaba; más la voluntad de Dios N.S. fue otra que en todo el tiempo que fue rey este hombre no cayó una gota de agua que fueron muy rigurosas las ambres [sic] y que se comían unos con otros y que hasta los animales y que hasta los animales eran contra estos pobres infieles que muchos de ellos se los comieron y tragaron vivos por la confianza que habían hecho tan bárbara… 

Los Códices mexicanos, desde allende el río Bravo y hasta más allá de Guatemala, Honduras y el Salvador, de aquellos tiempos que reúnen una gigantesca cultura de culturas, la pura búsqueda de tales nos recuerda el documento que pierde su originalidad pero guarda la magia de la cultura Maya en el Popol Vuh que es libro sagrado para quienes habitando allá, más allá del río Usumacinta frontera de México con Guatemala, nos recuerda que aquellos tiempos de nuestras culturas originarias eran territorio de magia e imaginería invaluable. El Códice de Jilotepec es toda una larga historia de sucesos que tienen que ver con el poder de gobernar, un texto político en varios sentidos, lo comprueba todo el calendario de sucesos que abarcan de 1403 a 1587. Los nombres de gobernantes otomíes se suceden uno a uno y aparecen también aquellos españoles que toman el lugar de los originarios de la región. 

Por ejemplo, cita el texto, que se refiere al año de 1475 donde dice: Cansados ya de su idolatría estos pobres ignorantes no hallaban modo ni abrigo que les fuera favorable pues todo les era tan contrario que para mayor desengaño suyo se les ofreció un hombre por gobernador quien les prometió despertarlos en su seguedad (sic) y tinieblas en que se hallaban y librarlos de una continua guerra que les esperaba porque había visto en los gobernadores que habían tenido tan sin provecho del bien de sus hijos y todo perdido y todo acabado y daré la vida por vostros. Viendo esto esta plebe se animaron y lo coronaron por rey Despertador y los mexicanos le llamaron Oxitipan y el othomí le nombraron Xengogui nuestro consuelo y despertador el primero y el postrero que nuestra tierra pisara porque han sido tantos que no a abido (sic) quien nos ayude todo a (sic) sino en bano (sic) y así fue y así acabaron y a este pobre rey le siguió mal que fueron tan copiosas las lluvias que llovieron que nunca pudo dispertar en su ciega ignorancia muchas enfermedades ambres (sic) y otras epidemias que le siguieron que jamás pudo proseguir como les había prometido porque su codicia y maliciosa intención era ahogar a toda la plebe y bajando un día a hacerlo un toro se lo tragó a él y así acabó y despertó en la barriga del animal. Este falso rey en el tiempo de su gentilidad y gobierno y viéndose tan tristes y tan desconsolados de ver a tanta lástima en sus reyes procuraron la congregación.

Así era el padre Garibay, igualito que Sor Juana Inés de la Cruz, que a diario era molestada por sus vecinas para que jugara con ellas.