“Se llamaba Jaime el hombre que me dio el espíritu y en mi décimo tercer aniversario me regaló su muerte”
Déjenme contarles que el 19 de marzo de 1999, Jaime Sabines nos dejaba la sed en los labios; para unos como yo, sembraría el afán por buscar expresar con palabras lo que tristemente se atisba entre penumbras.
Ese mismo 19 de marzo festejaba mi aniversario número trece sin la consciencia de tan trascendente suceso.
No supe llorar su muerte, ni la vi venir; no sabía que podía pasar, ni mi vida misma estaba al tanto de la suya; no sabía que quería escribir hasta que escuché esa voz como del más allá, que advertía a mi oído que, en medio de la gente, del llanto y del escenario a media luz de Bellas Artes, alguien de otro mundo cantaba poemas de otros mundos y los mostraba parecidos a este, pero en ellos se vivía con la intensidad del que sabe es su último día. Y así, poema tras poema, un mundo nuevo, una vida distinta: una muerte distinta.
Las palabras abrieron la piel que después de Sabines nunca va a cerrar. Sorprendentemente estoy tan viejo y Jaime, cada día más vivo… invariablemente hay una bella razón para conmemorar mucho más que mi nacimiento.
Primera biografía
De Ausencias (Don Juan de Amiel / Lima, Perú, 2018)
Se llamaba Jaime
el hombre que me dio
el espíritu
y nací un día de su muerte
al umbral
de alguna primavera
mi refugio es el aire
sus diferentes alas
tanto arriba
como a ras de suelo
conozco del amor
sus nombres y siluetas
mas sé
que nunca he de alcanzar
la entraña
mis pétalos abren
a la vista del mundo
mas no soy la verdad
llevo mariposas en los huesos
anido miedo
en el estómago
así he tenido que pelear
medir la fuerza de mi pecho
siempre con la cara al sol
no amanezco derrotado
ni me venzo ante la noche
más amarga
digo muerte
no para arrancar hojas del árbol
o el reloj avance
hacia mi última hora
digo muerte como renacer
Fotomanipulación de Alan Lomas para Parhelio

